A los inversionistas les encantó la idea y RealT se lanzó a lo grande en Detroit, adquiriendo unos 500 edificios. También compró unos 200 inmuebles en más de 40 ciudades de América, lo que elevó el valor combinado de su cartera a unos 150 millones de dólares. Los residentes de EE UU no están autorizados a invertir por motivos regulatorios, pero al menos 16,000 personas de 150 países han comprado tokens de RealT. Aunque es difícil obtener cifras fiables, RealT se autodenominó en su día la “mayor plataforma de ‘tokenización’ inmobiliaria del mundo, según todas las métricas”.
una industria de 30 mil millones de dólares, según Deutsche Bank. Aun así, en Detroit, la promesa de invertir unos pocos dólares para convertirse en propietario, a menudo desde el otro lado del mundo, ha chocado con la incómoda realidad física de las viviendas y las personas que las habitan.Rémy y Jean-Marc han dicho que se labraron su carrera inmobiliaria traspasando propiedades en Quebec y partes de Estados Unidos. Entonces, a principios de 2010, descubrieron el bitcoin. Casi de inmediato, pusieron en marcha su propia operación de minería de bitcoins, a la que siguieron otras empresas y una organización sin fines de lucro. Los hermanos también se vieron envueltos en problemas relacionados con el bitcoin: cayeron en una estafa piramidal y llegaron a un acuerdo con un cliente que acusó a su empresa de retener un pago criptográfico que ahora vale millones.
ArrowArrowEn el quinto piso del Centro Municipal Coleman A. Young, en medio de un laberinto de baldosas color crema y alfombras desgastadas, encontré a Conrad Mallett, quien supervisa todos los litigios civiles de la ciudad. Las paredes de su oficina están adornadas con retratos de Muhammad Ali y figuras prominentes del movimiento por los derechos civiles de la población negra. Ex vicealcalde de Detroit y presidente del Tribunal Supremo de Michigan, Mallett se enteró del reportaje de Outlier Media sobre RealT la primavera pasada. Inició una investigación. Los inspectores de edificios evaluaron las propiedades y catalogaron las infracciones del código. “Resulta que había miles”, me dijo Mallett. “Concluimos que, en la gran mayoría de los casos, la gente habitaba viviendas en condiciones precarias”.
La adjunta de Mallet, Tamara York Cook, envió inspectores de edificios para que fueran casa por casa y pegaran su tarjeta de visita en las puertas principales. Pronto, su teléfono empezó a sonar. "La mayoría de la gente está bastante ansiosa por contar su historia", asegura.
WIRED. Adaptado por Andrea Baranenko.