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Las empresas del sector en España aspiran a duplicar su facturación hasta el año 2030.
Durante años, los sucesivos gobiernos buscaron, sin conseguirlo, aumentar el peso de la industria en el conjunto del PIB. Incluso llegaron a marcar un objetivo del 20%, pero la falta de una política industrial digna de tal nombre y las deslocalizaciones han ido alejando esa meta. En la actualidad, el sector industrial representa menos del 12% de la producción total de la economía española. Pero ese porcentaje podría dispararse por mor del rearme impulsado por las autoridades europeas como respuesta a la amenaza sistémica de Rusia y el final de la garantía de seguridad que daba Estados Unidos al viejo continente.
Aunque el Gobierno de Pedro Sánchez insiste en que podrá alcanzar las capacidades estratégicas exigidas por la OTAN con una inversión del 2,1% del PIB en lugar del 5% acordado en la última cumbre de la Alianza en La Haya, las compañías españolas de la Defensa aspiran a duplicar su facturación en 2030 gracias al aumento exponencial de los pedidos de los distintos gobiernos de la Unión Europea y a los fondos multimillonarios prometidos por Bruselas para los proyectos conjuntos. La industria nacional no sólo deberá mejorar su capacidad de producción a medio plazo para atender a esa mayor demanda, sino también modificar su política de alianzas, habida cuenta de que gran parte de la financiación comunitaria para nuevos proyectos a través del Fondo Europeo de Defensa estará vinculada a la cooperación de empresas de al menos tres Estados miembros o asociados con la Unión, como Noruega.
El carácter atomizado de este sector en España es otro de los hándicaps a superar dada la propensión de algunos gobiernos europeos a promover los conocidos como "campeones nacionales" o a centralizar los contratos en las compañías de mayor tamaño y en cuyo accionariado tengan presencia los respectivos Estados. La industria nacional, formada en un 80% por pymes, reclama como alternativa el modelo de las "empresas tractoras" que lideren la colaboración entre todos los actores interesados para evitar que se llegue a un escenario de ganadores y perdedores con el rearme comunitario. Lo cual permitiría también maximizar la creación de empleo en el sector: las previsiones apuntan a elevar la ocupación en unos 15.000 profesionales especializados desde los casi 70.000 trabajadores actuales. Del éxito de la apuesta por la Defensa va a depender tanto la autonomía estratégica como el peso geopolítico de nuestro país a largo plazo.
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