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¿Crees que tus opiniones son tuyas? La ciencia explica cómo pesa el grupo en tus elecciones

¿Crees que tus opiniones son tuyas? La ciencia explica cómo pesa el grupo en tus elecciones
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En la era de los algoritmos y la polarización, nuestra voluntad flaquea frente a la presión social

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En la era de los algoritmos y la polarización, nuestra voluntad flaquea frente a la presión social

Yolanda Veiga

Domingo, 26 de abril 2026, 20:17

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Cuántas de las cosas que decides en tu día a día son elecciones personales? ¿Hasta qué punto tus creencias son tuyas y no las de ... otros? «Tendemos a sobreestimar nuestra independencia, creernos menos influenciables de lo que somos en realidad». El jarro de agua fría nos lo echa por encima Javier Pérez-Yarza, terapeuta en psicología general sanitaria. Remite a modo de ejemplo a los experimentos del investigador polacoestadounidense Solomon Asch,«que mostraron que personas normales niegan hasta lo evidente para ajustarse al grupo. Incluso sabiendo que el grupo se equivoca, muchos prefieren adherirse. Por una necesidad de aceptación, por la creencia de que el grupo sabe más o por evitar el conflicto o el ridículo. El grupo arrastra más de lo que creemos y, además, lo hace de forma invisible».

Las líneas que se le cruzaron al único participante real

Solomon Asch (1907-1996) analizó nuestra conformidad social en un experimento con un participante y un montón de cómplices del investigador. Este les mostró unas tarjetas con líneas y debían elegir qué línea se parecía más a otra. Aunque la respuesta era obvia, los falsos participantes empezaron a dar respuestas erróneas a propósito y el participante real, pese a que se veía claramente que esa no era la respuesta correcta, eligió la mala siguiendo al grupo.

Javier Urra: «El lector creerá que no es fácil de manipular ni de inducir, que él diría lo que ve aunque fuera en contra de la opinión de todos. Pero no es verdad. La presión de grupo es innegable. Estamos muy condicionados por los demás. Pensemos en reuniones de familia, cenas de Navidad... en las que nos plegamos por el bien del grupo».

Los que más presionan

  • Amigos: «Tenemos una alta necesidad de pertenencia. El grupo de amigos influye en nuestro ocio, en el consumo, incluso en las conductas de riesgo. Por ejemplo, aceptamos planes que no nos apetecen, bebemos lo que bebe la mayoría, decimos que nos gusta aquella persona solo porque le gusta al resto de los amigos...», explica Javier Pérez-Yarza.

  • El trabajo: «Es un contexto de normas implícitas, muy fuertes, cultura organizacional... Un buen ejemplo es criticar al jefe para encajar».

  • La familia: «La influencia es más profunda, aunque menos visible. Valores, creencias, roles... Por ejemplo, tenemos muchos hábitos 'heredados' que reproducimos».

  • Redes sociales: «Ejercen una presión normativa masiva (likes, tendencias) por el ejercicio de comparación social constante».

Salía humo, sí, pero como nadie se movía...

John Darley y Bibb Latané, psicólogos investigadores de las universidades de Nueva York y Columbia respectivamente, realizaron en 1968 un experimento que puso a prueba la influencia social en situaciones de emergencia. Un participante real estaba en una habitación sin saber que los demás eran actores. Se les mandó rellenar un cuestionario y, de repente, comenzó a salir humo por el conducto de ventilación. El sujeto 'víctima' del experimento miró preocupado hacia el humo, pero al ver que los demás no se inmutaban (eran actores y sabían que no había peligro real), siguió rellenando el cuestionario como si nada sucediese. Hicieron varias veces el experimento y solo en una ocasión el participante dio la voz de alarma pese a la pasividad del resto.

Javier Urra: «Los investigadores concluyeron que, en grupo, las personas tienden a convencerse de que no hay peligro si los demás no reaccionan. Nuestra individualidad parece sucumbir ante la presión de los otros, aunque sean desconocidos».

¿Se mueve o no se mueve?

En 1935, Muzafer Sherif, psicólogo turco, estudió cómo las percepciones individuales se ven influenciadas por las del colectivo. Mostró a un grupo un punto luminoso que, por un efecto óptico, parecía moverse aunque estaba quieto. Inicialmente se les pidió a cada uno calcular a qué distancia se movía. Luego les pidió que, como grupo, estimaran en consenso el grado de movimiento. Posteriormente se volvió a preguntar uno a uno a qué distancia creían que se había movido y esta segunda vez los participantes respondieron con una cifra más cercana a la que había estimado el grupo que a la que habían calculado ellos al inicio».

Javier Urra: «El experimento demostró que la influencia del grupo no se imponía por coarción, sino que ajustaban su percepción según lo que consideraban 'normal' en el grupo».

A la vista de estas pruebas podríamos pensar que el grupo es un ente abominable. Pero tampoco es eso. «Que el grupo decida por nosotros simplifica la vida, aporta seguridad y validación, apoyo emocional, nos ayuda a aprender normas sociales y en un contexto nuevo puede ser muy útil seguir lo que hace», pone en valor Pérez-Yarza. Pero todo esto se vuelve en contra cuando «tomamos decisiones poco reflexivas que a veces son aceptables pero no las más acertadas, llegando incluso a absurdos y decisiones erróneas que nadie cuestiona. Por otro lado, también favorece conductas de riesgo (efecto 'todos lo hacen') y reduce el pensamiento crítico».

Los temas en los que es mejor no destacar

Se pregunta (y se responde) el psicólogo Javier Pérez Yarza por qué callamos. «A veces es por miedo a ser excluido, otras por el deseo de mantener la armonía, otras por la percepción de estar en minoría...». Así, «se prioriza la cohesión sobre la verdad, se evita el conflicto interno y se toman decisiones pobres, llegando hasta a erróneas, pero consensuadas». Es relativamente habitual reservarnos nuestra opinión en temas como «ideología política, religión, cuestiones morales, opiniones muy polarizadas o contextos donde hay riesgo de rechazo y en asuntos tan conflictivos por íntimos como la sexualidad».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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