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Cuál es la razón de que nos dé sueño después de almorzar (y por qué tomarse un café no es la mejor forma de espabilarse)

Cuál es la razón de que nos dé sueño después de almorzar (y por qué tomarse un café no es la mejor forma de espabilarse)
Artículo Completo 1,575 palabras
El bajón vespertino se debe a la convergencia de varios factores biológicos distintos, y no es exactamente por comer pesado.
Cuál es la razón de que nos dé sueño después de almorzar (y por qué tomarse un café no es la mejor forma de espabilarse)

Fuente de la imagen, Getty Images

Información del artículo
    • Autor, Michelle Spear*
    • Título del autor, The Conversation
  • Fecha de publicación 15 minutos
  • Acabas de terminar de almorzar y estás de vuelta en tu escritorio, listo para retomar el trabajo pendiente.

    Sin embargo, al llegar las 3 de la tarde, notas que se te cierran los ojos.

    Al poco tiempo, lo único en lo que puedes pensar es en lo mucho que te gustaría dormir una siesta.

    El "bajón de la tarde" (a veces llamado también el "bajón de las 3 pm") es una experiencia común.

    Se trata de esa caída evidente en los niveles de energía que suele ocurrir a media tarde.

    Aunque resulta tentador atribuir estas ganas repentinas de dormir a lo que se ha ingerido en el almuerzo, la comida no es la única culpable.

    En realidad, este bajón vespertino se debe a la convergencia de varios factores biológicos distintos.

    Y parte de la explicación se remonta a mucho antes del almuerzo.

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    Presión de sueño

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    Desde el momento en que despertamos, nuestra necesidad de dormir aumenta gradualmente.

    La adenosina —un compuesto orgánico que regula el sueño y la vigilia— se acumula en el cerebro mientras estamos despiertos, y contribuye a esa necesidad progresiva de dormir conocida como "presión de sueño".

    Sin embargo, la razón por la que no nos sentimos cada vez más somnolientos desde el desayuno en adelante es que existe otro sistema que actúa simultáneamente.

    Nuestro reloj circadiano, que controla el ciclo de sueño-vigilia del organismo, genera una señal variable de alerta a lo largo del día.

    Durante la mañana, ese sistema ayuda a contrarrestar la creciente presión de sueño.

    Pero a primera hora de la tarde, entramos en un período natural de mayor propensión al sueño.

    Como la presión de sueño ha seguido acumulándose, se crea una ventana temporal en la que es más fácil sentir cansancio.

    El almuerzo puede añadir un factor adicional.

    Comer altera las señales entre el intestino, el metabolismo y el cerebro, ya que este último recibe información sobre la distensión estomacal, los nutrientes y las hormonas intestinales.

    El tamaño y la composición de la comida también pueden influir en nuestro rendimiento posterior.

    Se ha asociado el consumo de almuerzos copiosos con una menor capacidad de atención y una mayor somnolencia tras la ingesta, aunque no está claro si algún grupo de alimentos en particular —como las grasas, los carbohidratos o el azúcar— sea el responsable específico.

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    Pie de foto,

    Así pues, un almuerzo muy abundante puede agudizar el bajón, pero no existen pruebas concluyentes de que un macronutriente concreto sea el culpable universal.

    Todavía se está investigando exactamente cómo influye la alimentación en este bajón de media tarde, pero un candidato interesante es el sistema de orexina del cerebro.

    Las neuronas productoras de orexina en el hipotálamo (una región que regula funciones corporales básicas) ayudan a mantener el estado de vigilia y son sensibles a señales metabólicas, incluida la glucosa.

    Por lo tanto, la ingesta de alimentos puede influir en algunos de los circuitos neuronales responsables de mantenernos despiertos.

    Investigaciones recientes sugieren que esta somnolencia posterior a las comidas podría ser también neurológicamente distinta de la simple falta de sueño.

    En un estudio que medía la actividad cerebral y el nivel de alerta antes y después de comer, la somnolencia tras la ingesta se asoció con un cambio en la actividad de la corteza cerebral —la capa externa del cerebro que interviene en la atención, la percepción y los procesos cognitivos complejos—.

    Este cambio desplazó la actividad cerebral hacia la inhibición y tiempos de reacción más lentos.

    Por el contrario, la privación de sueño se asoció con una mayor excitabilidad cortical, lo que significa que las neuronas de la corteza cerebral se activaban con mayor facilidad.

    Por tanto, podemos experimentar sensaciones notablemente similares a las de la privación de sueño —cansancio, pensamiento más lento y ganas de dejar de concentrarse—, aunque el cerebro haya llegado a ese estado por vías diferentes.

    Qué hacer y qué no hacer

    Aunque muchas personas optan por prepararse una taza de café o té, esta no es una buena estrategia para superar el bajón de energía.

    La cafeína no aporta más energía al cerebro; actúa principalmente bloqueando los receptores de adenosina.

    Si bien puede bloquear temporalmente las señales que inducen el sueño, la adenosina sigue acumulándose.

    Por eso, la cafeína puede mejorar el estado de alerta, pero no sustituye al sueño.

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    Pie de foto,

    El momento de consumo también importa.

    Una dosis de cafeína a última hora de la tarde puede resolver un problema inmediato, pero si queda suficiente cantidad en el organismo a la hora de acostarse, es posible que te cueste conciliar el sueño.

    Eso puede provocar aún más fatiga al día siguiente.

    Una forma mejor de combatir el bajón vespertino es aprovechar la luz natural.

    La luz es una señal poderosa para los sistemas que regulan el estado de alerta.

    Una revisión sistemática de 2024, que analizó 62 estudios experimentales, concluyó que la luz diurna era el factor que mejor mejoraba —de forma constante— tanto la percepción de alerta como la memoria de trabajo, aunque sus efectos sobre la atención sostenida fueron menos uniformes.

    Este efecto no se limita únicamente a la luz natural.

    Un estudio reveló que el uso de una lámpara que simulaba las longitudes de onda de la luz azul de la luz diurna natural mejoraba los tiempos de reacción, reducía los lapsos de atención y la somnolencia, y aumentaba la motivación en trabajadores de oficina.

    Para quienes pasan la tarde en interiores, recibir algo de luz diurna (o simulada) puede ayudar a despejarse.

    La siesta

    Pero si el café y la luz intensa no bastan, existe otra opción: dejar de luchar contra la presión del sueño.

    Una breve siesta vespertina puede aliviar ese bajón.

    Unos 10 o 20 minutos suelen bastar para reducir la somnolencia y mejorar el estado de alerta, manteniéndonos principalmente en fases de sueño ligero y reduciendo así la probabilidad de despertar con esa sensación de aturdimiento conocida como inercia del sueño.

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    Pie de foto,

    Programa una alarma e intenta dormir la siesta a primera hora de la tarde en lugar de hacerlo al final del día, cuando el sueño podría interferir con el descanso nocturno.

    Mediante prueba y error podrás determinar cuál es la duración óptima para ti.

    Las siestas más largas, de unos 60 minutos, pueden ofrecer beneficios adicionales —incluso para la memoria—, pero aumentan la probabilidad de despertar desde una fase de sueño más profundo sintiéndose peor temporalmente.

    Quizás la respuesta más útil ante el bajón de energía de la tarde no sea interpretarlo como una señal de pereza o de falta de motivación.

    El rendimiento cognitivo humano no está diseñado para mantenerse perfectamente constante a lo largo de la jornada laboral; la atención, el estado de alerta y el tiempo de reacción fluctúan en función tanto de factores biológicos como de la carga de trabajo.

    Simplemente hemos configurado jornadas laborales que, a menudo, asumen lo contrario.

    *Michelle Spear es profesora de Anatomía en la Universidad de Bristol, Reino Unido. Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí si quieres leer la versión original.

Fuente original: Leer en BBC Mundo
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