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La cronofobia es el miedo irracional al paso del tiempo. AdobeStock. Vivir | Salud ¿Cuánto te angustia el paso del tiempo? Se llama cronofobia, pero hay formas de mantenerla a rayaEl miedo al tiempo es una fuente de ansiedad para muchas personas. Y no solo para las más mayores
Martes, 3 de marzo 2026, 00:22
... su naturaleza escurridiza. La misma que, a veces, nos angustia cuando pensamos en la muerte; la nuestra o la de las personas que nos rodean. Pero cuando el agobio es recurrente y obsesivo, hablamos de una cosa muy diferente. Según la 'fobiapedia' –sí, la enciclopedia online de las fobias existe e incluye más de 4.986 artículos diferentes– la cronofobia es, simple y llanamente, el miedo al tiempo. O, mejor dicho, al paso del tiempo o la falta de él.Nadie llega a la consulta de un psicólogo diciendo que padece cronofobia. Para empezar, porque no es un término excesivamente conocido o empleado ni responde, en realidad, a una clasificación oficial. Por eso, no suele ser un motivo de consulta, pero sí subyace a muchos cuadros de ansiedad. «Una fobia es un miedo irracional intenso, en este caso al paso del tiempo», explica Adriana Daza, psicóloga en el gabinete Linares Nevado.
Eso puede traducirse en manifestaciones muy diferentes. Desde la ansiedad por mirar atrás y comprobar que los días, los meses y los años ha pasado más rápido de lo que jamás habrías pensado. O, aplicado a lo cotidiano, que el fin de curso está a la vuelta de la esquina, que el verano ya asoma, que después vendrá el otoño, la Navidad y vuelta a empezar. Pero también tiene que ver con mirar hacia adelante y pensar en el tiempo, siempre limitado, que tenemos por delante. Y que eso se convierta, claro, en un pensamiento obsesivo que cause angustia, ansiedad y sufrimiento. Hasta el punto de evitar cualquier conversación o pensamiento relacionado con el paso del tiempo, el envejecimiento o la muerte.
«Es más común cuando cumplimos cierta edad y quizá, ha fallecido tu pareja o alguna amistad. Te das cuenta de que, a tu alrededor, todo empiezan a ser despedidas», cuenta la psicóloga. Pero no es algo que afecte, exclusivamente, a esa franja de edad. Puede ocurrir también en la adolescencia. O, incluso, en la infancia. «A los adolescentes les ocurre que, mientras ellos están aburridos en casa, ven cómo los demás no paran de hacer cosas en redes sociales y existe cierta obsesión por querer estar en todas partes y no perderse nada», analiza la psicóloga.
Fanjul lo corrobora con su propia historia. «Yo soy un cronofóbico raro, que empecé a sentirme así muy pronto y sin ponerle nombre, claro. Tenía unos 14 años cuando empecé a ser súper consciente. Mi padre ya había fallecido y mi madre empezaba a mostras algunos signos de envejecimiento. Mis amigos me tomaban por loco, claro», recuerda. Ahora, con 45, el miedo al tiempo no ha cedido. Más bien al contrario. «La mediana edad es un momento muy proclive a la cronofobia, cuando la gente empieza a notarla de manera natural. Es el momento en el que te das cuenta de que, con suerte, has vivido la mitad de tu vida y con peor suerte, te queda poco. Tienes que dar la vuelta al jamón y empezar a cortar por el otro lado», describe gráficamente.
Amenazas latentes
Hay, por supuesto, perfiles más propensos a padecerla. Por ejemplo, la población carcelaria. Pero también las personas de avanzada edad. O quienes padecen una enfermedad terminal. Todos ellos por razones obvias. Pero hay quien sufre sin una razón aparentemente poderosa. Las causas son también variadas. Pueden tener que ver con traumas (la pérdida de un ser querido o una enfermedad grave que te hace más consciente de tu propia mortalidad), pero también la presión social y cultural por permanecer eternamente joven. Además, la cronofobia se agrava en fechas señaladas. Véase la Navidad, los cumpleaños, los aniversarios y, por supuesto, las muertes, pero también los nacimientos. Cualquier recordatorio de que el tiempo pasa inexorablemente.
Pero Fanjul no ha querido quedarse solo en la experiencia personal, sino extrapolarla, además, a nuestro tiempo y sus desafíos singulares. «Vivimos un momento en el que el futuro no se vislumbra y la incertidumbre es grande. El concepto de progreso, de que las cosas van a ir a mejor, parece haberse desactivado. La juventud lo tiene muy crudo o, al menos, así lo percibe. Hay un montón de amenazas existenciales latentes: el cambio climático, la amenaza nuclear, la crisis de las democracias, las guerras, los autoritarismos… Por primera vez, la mirada hacia el futuro es trágica y, por eso reaccionamos mirando al pasado», explica el escritor.
Y en ese contexto aparece otro elemento poderoso: la nostalgia. Y no hablamos de la cultural, que siempre tiene un punto entrañable. Si no, más bien, de la política. «La derecha siente una nostalgia de tiempos más estables y conservadores, de jerarquías más rígidas, de la vuelta a la religión, que es comprensible porque el mundo parece desbocado. Y en la izquierda hay una nostalgia del estado del bienestar fuerte, del movimiento obrero, del sindicalismo... La preocupación por el futuro nos lleva a una mirada nostálgica hacia el pasado», concluye.
El presente como antídoto
«La clave está en centrarse en el aquí y el ahora y en estrategias que nos ayuden a gestionar la ansiedad», explica la psicóloga Adriana Daza, que menciona, en primer lugar, el 'mindfulness' y los ejercicios de meditación como una de las estrategias más eficaces para aplacar la ansiedad. Pero no solo. Es importante, también, organizarse, establecer horarios y gestionar el tiempo de una manera razonable para no sentirse abrumado por él. Y verbalizar tu miedo. «Si te angustia, es necesario hablar del paso del tiempo y de la muerte. También es recomendable exponerse gradualmente a tu fobia. En este caso, haciendo planes a largo plazo, por ejemplo». O, incluso, escribir sobre ello. «Es una forma de dejar tu angustia en el papel en lugar de darle vueltas en la cabeza como una centrifugadora», razona la psicóloga.
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