Pedro Sánchez ha adelantado finalmente las elecciones y el punto de partida demoscópico es el mismo que hace un mes, y que el mes anterior, y que el anterior: el PP al frente de las encuestas, Vox y Aliança Catalana recogiendo los mejores frutos del descalabro de la legislatura, y el PSOE en niveles de hundimiento político.
La encuesta de Sigma Dos que publicamos hoy se elaboró del 22 de septiembre al 1 de octubre, por lo que recoge el efecto Maricarmen en su plenitud, aunque no su desenlace: la derrota del Gobierno en el Congreso con el rechazo a sus dos decretos de vivienda. Precisamente, el sopapo parlamentario que ha llevado a Sánchez a convocar las elecciones de forma anticipada.
Una convocatoria electoral siempre agita las encuestas, puede que incluso en el sentido que el PSOE lleva tres años esperando: que su electorado se anime. El nivel de consumo de sondeos este fin de semana en Moncloa habrá sido lisérgico, pero el problema que se habrán encontrado es que los márgenes son demasiado estrechos.
El PSOE ha perdido 1,5 millones de votos desde las últimas elecciones y su tendencia sigue siendo a la baja. En el Panel de Sigma Dos, Sánchez ha bajado 2,8 puntos en intención de voto desde mayo y se acerca a los 100 escaños. ¿Cuántos votos perdidos puede recuperar en la actual coyuntura de aquí al 29 de noviembre?
Los socialistas tienen una bolsa de indecisos del 6,9%, unos 540.000 votos, mientras que a la abstención se le marchan otros 60.000 (0,8%). Estos serían los más recuperables, pero ni aunque todos ellos decidieran volver a votar al PSOE sería suficiente.
Hay algo que se tiende a olvidar y es que Sánchez ya obró el milagro en 2023. Perdió las elecciones, pero el reparto de escaños, el buen resultado de Sumar y la falta de escrúpulos para meter a Junts en la ecuación le permitieron revalidar el Gobierno por un margen de solo cuatro diputados. Es decir, que para repetir una jugada parecida no puede perder ni un solo voto.
Y el gran problema para el PSOE es que se le ha ido mucha gente con pocas posibilidades de volver. La fuga de votantes socialistas hacia el centro y la derecha es una tendencia muy consolidada en las encuestas y alguien que ha hecho ese viaje, de votar al PSOE a afirmar que lo hará por PP o Vox, tiene difícil retorno. En el sondeo de hoy, los datos son que el PSOE cede 510.000 votos al PP y otros 367.000 a Vox.
Tampoco consigue Sánchez recuperar fuelle con los nuevos votantes, ya sean jóvenes, abstencionistas o inmigrantes nacionalizados. Los partidos favoritos de los nuevos votantes son Vox (13,9%) y el PP (12,1%), con el PSOE en un paupérrimo 6,6%.
El otro gran problema del Gobierno es la disgregación de Sumar. Rebautizada como Frente Amplio y aún sin candidato, tiene casi imposible reunir los tres millones de votos de 2023. Sumar y Podemos, juntos, siguen teniendo el 10% de los votos. Al nivel de la mejor IU de los viejos tiempos, pero totalmente insuficiente para sumar mayoría con el PSOE. En su caso, la subida de Vox le relega en todas las provincias a la cuarta plaza, en el mejor de los casos, fuera del reparto de escaños. Ahora mismo, Sumar/Podemos solo lograrían diputados en seis provincias, cuando en 2023 tuvieron representación en 19.
Está, por último, la difusa batalla por ser el partido más votado. Es más bien una teoría, según la cual un PSOE al alza en un contexto electoral favorable puede disputarle la victoria a un PP menguado por el avance de Vox. Hoy, con los populares siete puntos por encima de los socialistas, no se ve esa posibilidad en ningún rincón de los sondeos.
Se necesita mucha épica para este tipo de ascenso inesperado, la que busca Sánchez con la crisis de la vivienda y este adelanto electoral. Su intervención de este lunes en La Moncloa ha sido ya mitinera, pero más sobria que heroica. Al final, no es tan fácil convencer a millones de personas de que después de ocho años empeorando la vivienda necesitas otros ocho para mejorarla.