Miércoles, 14 de enero de 2026 Mié 14/01/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Cuando el verdugo es 'antiimperialista': el silencio incómodo de la izquierda española en Irán

Cuando el verdugo es 'antiimperialista': el silencio incómodo de la izquierda española en Irán
Artículo Completo 929 palabras
La solidaridad con quienes protestan en Teherán no exige comprar el relato de ningún halcón de Washington. Exige aplicar el mismo rasero moral a Irán que al resto de causas de la izquierda.

El Líder Supremo de la dictadura islamista iraní, Alí Jamenei, frente a sus acólitos.

Editorial EL RUGIDO DE EL ESPAÑOL Cuando el verdugo es 'antiimperialista': el silencio incómodo de la izquierda española en Irán Publicada 14 enero 2026 02:27h

Las protestas en Irán han mostrado lo peor del régimen dictatorial de los ayatolás: represión masiva, miles de muertos y detenidos, y la violencia contra las mujeres que desafían la imposición del velo y el código moral islamista.

Frente a este escenario, la reacción de una parte no precisamente minoritaria de la izquierda española ha sido correcta en el plano formal, pero llamativamente discreta si se compara con la vehemencia desplegada en otros conflictos, como los de Gaza o Venezuela.

Es cierto que el Gobierno de Pedro Sánchez ha condenado la represión, que ha exigido el fin de las detenciones arbitrarias y que ha reconocido públicamente el coraje de las mujeres iraníes.

Su reacción, en cualquier caso, ha estado muy lejos de la vehemencia teatral con la que ha actuado frente a Benjamin Netanyahu o Donald Trump.

Sumar y Podemos han hablado de "régimen totalitario" y han expresado su apoyo a las protestas, pero han subrayado los "intereses geopolíticos" de Estados Unidos e Israel y rechazado tajantemente cualquier intervención externa.

Una postura muy similar a la defendida en Venezuela o Ucrania y que, en la práctica, deja a los ciudadanos a merced de la brutalidad de los regímenes criminales de Putin y del chavismo.

El cambio operado en la izquierda española es por tanto significativo.

En 2022, tras el asesinato de Mahsa Amini, hubo demostraciones de solidaridad: concentraciones frente a la embajada iraní, actos bajo el lema Mujer, vida, libertad y una cascada de gestos simbólicos de actrices, políticas y empresarias españolas cortándose el pelo en vídeos virales.

Sin embargo, esa intensidad se ha evaporado en la nueva oleada de protestas. ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué los iraníes son ahora abandonados a merced de los ayatolás?

Esta asimetría alimenta una acusación difícil de rebatir: la de doble rasero.

La izquierda española ha hecho de la causa palestina una bandera identitaria. Ha impulsado manifestaciones y sabotajes masivos, ha denunciado los bombardeos sobre Gaza y ha situado el reconocimiento del inexistente "Estado palestino" en el centro de su discurso internacional.

Respecto a Venezuela, una parte de esa misma izquierda ha relativizado durante años la deriva autoritaria de Nicolás Maduro, priorizando la denuncia de las sanciones de Estados Unidos frente al relato de la oposición democrática venezolana.

En ambos casos, la intensidad política y emocional ha sido máxima.

En Irán, la respuesta es hoy, sin embargo, mucho más fría.

Existen razones ideológicas que explican esta incomodidad. Una parte de la izquierda sigue leyendo el mundo en clave de bloques. Contra el "imperialismo" de Washington, todo régimen que se le oponga merece una indulgencia retórica que nunca se concede a aliados occidentales.

Ese sectarismo conduce a un internacionalismo selectivo. Se denuncian con furia los crímenes de Israel o de gobiernos de derechas perfectamente democráticos, mientras se rebaja el tono cuando el verdugo se declara antiestadounidense, aunque su régimen sea abiertamente criminal.

A ello se suma el temor a alimentar narrativas islamófobas. Durante años, la izquierda ha defendido el derecho de las mujeres musulmanas en Europa a usar el velo. Es decir, a vestir el símbolo de su sumisión a la autoridad de los hombres que la rodean.

Y esa batalla ha derivado en una ceguera incómoda.

Porque en Irán, el hiyab es, también, una imposición legal sostenida por la violencia del Estado. Las imágenes de mujeres quemando el velo y arriesgando la vida por quitárselo chocan frontalmente con ciertos discursos europeos que han tendido a idealizarlo como emblema cultural. Uno de esos lujos intelectuales que sólo puede permitirse un occidental que no tenga nada que perder defendiendo la sumisión de las mujeres musulmanas.

Sobre todo, opera una jerarquía emocional de las causas. Palestina y América Latina están profundamente arraigadas en el imaginario de la izquierda española; Irán, mucho menos. No existen las mismas redes históricas de solidaridad ni el mismo reflejo automático de movilización.

La consecuencia es un interés intermitente, dependiente del ciclo informativo, que se desplaza rápidamente hacia otros escenarios, de una importancia objetiva mucho menor, pero menos incómodos para la izquierda.

La solidaridad con quienes se juegan la vida en Teherán no exige comprar el relato de ningún halcón de Washington. Exige algo más sencillo: aplicar el mismo rasero moral a Irán que a Gaza, a Maduro que a Netanyahu, a Putin que a cualquier dictador del mundo árabe.

Mientras la izquierda continúe filtrando su empatía a través de la geopolítica, los iraníes seguirán pagándolo dos veces: bajo la bota del régimen y bajo la indiferencia selectiva de quienes dicen hablar en nombre de su libertad.

NEWSLETTER - OPINIÓN

Todos los domingos en tu correo la carta del director y otros artículos Apuntarme De conformidad con el RGPD y la LOPDGDD, EL LEÓN DE EL ESPAÑOL PUBLICACIONES, S.A. tratará los datos facilitados con la finalidad de remitirle noticias de actualidad.
    Fuente original: Leer en El Español
    Compartir