En el primer experimento, los perros fueron expuestos a dos tipos de situaciones de escucha. En una primera condición, los dueños presentaron a sus mascotas dos juguetes completamente nuevos y repitieron el nombre de cada objeto mientras interactuaban directamente con el animal. En una segunda condición, los canes permanecieron como observadores pasivos mientras sus dueños conversaban con otra persona sobre esos mismos juguetes, sin dirigirse de forma explícita al perro.
El trabajo, publicado en la revista Science, señala que cada animal escuchó el nombre de cada juguete nuevo durante un promedio de ocho minutos, distribuidos en distintas sesiones a lo largo del experimento.
Para evaluar el nivel de aprendizaje, los investigadores colocaron los juguetes en una habitación diferente a aquella en la que se habían realizado las sesiones de escucha. Posteriormente, los dueños pidieron a sus mascotas que recuperaran cada objeto pronunciando únicamente su nombre. En esta prueba, el 70% de los perros demostró haber aprendido la nueva etiqueta verbal, con una tasa de aciertos del 80% en el escenario de enseñanza directa y del 100% cuando el aprendizaje se produjo a partir de conversaciones indirectas.
Los perros aprenden igual o mejor que un niño de 18 meses
En la segunda fase del estudio, los científicos analizaron la relación entre la memoria y el lenguaje en estos perros. Para ello, diseñaron un experimento basado en el principio de separación temporal. En lugar de permitir que los animales vieran el objeto y escucharan su nombre al mismo tiempo, los investigadores hicieron que los perros observaran primero el juguete y, a continuación, lo ocultaron dentro de un cubo. Más tarde, cuando el objeto ya no estaba a la vista, los dueños pidieron a los perros que lo recuperaran mencionando su nombre.
La mayoría de los canes con habilidades excepcionales logró completar la tarea con éxito, lo que indica que fueron capaces de mantener una representación mental del objeto en su memoria y vincularla con la palabra pronunciada por sus dueños. Esto confirma, según los autores, que la comprensión del lenguaje en estos perros no depende únicamente de estímulos visuales inmediatos, sino que forma parte de un proceso cognitivo más complejo que les permite conectar etiquetas verbales con recuerdos visuales almacenados.
Recibe en tu correo lo más relevante sobre innovación e inteligencia artificial con el newsletter de WIRED en español.ArrowAl comparar estos resultados con el desarrollo humano, los investigadores destacan que estos perros con habilidades extraordinarias pueden aprender palabras a través de la escucha casual de forma similar, e incluso superior, a la de niños de aproximadamente un año y medio de edad. “Nuestros hallazgos muestran que los procesos sociocognitivos que permiten el aprendizaje del lenguaje escuchado no son exclusivamente humanos y pueden, bajo ciertas condiciones, favorecer la adquisición de etiquetas en una especie no humana”, afirman.
Aún se desconoce cómo se desarrolla en estos perros la capacidad inicial para aprender nombres de objetos, y la comunidad científica carece de pruebas que permitan afirmar que se trate de una adaptación evolutiva comparable a la del lenguaje en los humanos.
No obstante, como concluye Shany Dror, investigadora del Departamento de Etología de la ELTE y coautora del estudio, los resultados muestran que “los perros son capaces de aprender bajo condiciones muy diversas y lo hacen con gran flexibilidad. Esto revela hasta qué punto algunos de ellos pueden comprender nuestras interacciones humanas”.