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"Cuanto mejor es la máquina, más falta hacen las capacidades humanas"

"Cuanto mejor es la máquina, más falta hacen las capacidades humanas"
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Nick Van Dam defiende que el avance imparable de la inteligencia artificial exige humanos que sean cada vez 'más humanos'. El valor de las habilidades que la tecnología no puede automatizar va en aumento. Leer
ENTREVISTA | NICK VAN DAM. Director IE Center for Corporate Learning and TALENt MANAGEMENT"Cuanto mejor es la máquina, más falta hacen las capacidades humanas"Actualizado 27 MAR. 2026 - 13:11Nick Van Dam, director del IE Center for Corporate Learning and Talent Management y profesor de IE University

Nick Van Dam defiende que el avance imparable de la inteligencia artificial exige humanos que sean cada vez 'más humanos'. El valor de las habilidades que la tecnología no puede automatizar va en aumento.

Nick Van Dam, director del IE Center for Corporate Learning and Talent Management y profesor de IE University, no puede ser calificado precisamente de "alarmista" en lo que a la irrupción de la inteligencia artificial se refiere. Pero tampoco es excesivamente complaciente... Para Van Dam, la nueva frontera no separará a quienes usan o no usan la IA, sino a quienes entienden qué parte de su valor profesional puede automatizarse y qué parte depende de capacidades radicalmente humanas.

El director del IE Center for Corporate Learning and Talent Management, que acaba de publicar su nuevo libro Leading with Human Skills-Thriving in the Age of AI -en el que explica cómo liderar en la era de la IA reforzando el juicio, la empatía, el aprendizaje y las capacidades humanas que la tecnología no sustituye-, asegura que las personas no destacarán porque la IA se frene o deje de avanzar, sino porque tendrán que reforzar aquello que las máquinas no pueden aportar por ellas solas. La IA seguirá avanzando, y eso provoca que las personas se verán obligadas a clarificar cuál será su aportación diferencial respecto de la que hagan las máquinas. Para Nick Van Dam, "a medida que las máquinas se vuelven mejores siendo máquinas, los humanos deben volverse mejores siendo humanos". El futuro del trabajo no se jugará en resistirse a la IA, sino en aprender a convivir con ella sin renunciar a aquello que hace insustituible a una persona.

El profesor de IE University no minimiza la potencia de esta nueva tecnología y se muestra convencido de que la IA está demostrando un rendimiento extraordinario en todo lo relacionado con el procesamiento de información, y cree que en ese terreno los humanos no competimos en igualdad de condiciones. Por eso le parece inútil sostener una discusión nostálgica sobre la superioridad humana en tareas que ya están siendo absorbidas por sistemas capaces de operar a más velocidad, con más escala y, muchas veces, con mejores resultados.

Otra idea de inteligencia

Para Van Dam, "la IA obliga a replantear la idea clásica de inteligencia. Los grandes modelos de lenguaje ya superan a los humanos en tareas ligadas al coeficiente intelectual, como el cálculo, el análisis o el reconocimiento de patrones. Eso rompe la idea de una ventaja humana natural en ese terreno y anticipa que la distancia seguirá aumentando".

De hecho, el experto insiste en que seguimos en una fase muy temprana del proceso: "Estamos justo al principio de la IA". Para explicarlo, recurre a analogías históricas, y recuerda el impacto de los primeros ordenadores personales, de Internet en la década de 1990 o del primer smartphone. Cada una de esas tecnologías parecía impresionante en su momento, pero hoy se percibe como una versión rudimentaria de lo que vino después. Sugiere que con la IA ocurre algo parecido. Hoy se subrayan sus fallos, sus alucinaciones y sus errores -que él no niega-, pero cree que quedarse en ese diagnóstico es no entender la trayectoria general. Las limitaciones actuales no anulan el hecho de que la tecnología mejora con rapidez y de que, en muchas tareas, la discusión ya no es si superará a los humanos, sino cuánto tardará en hacerlo de forma sistemática.

De ahí nace su afirmación de que "donde las máquinas son sobresalientes, nosotros como humanos no podemos ganar". Si esa competición está perdida, entonces la estrategia inteligente no es intentar parecerse más a la máquina, sino invertir de forma deliberada en aquello que la máquina no puede reproducir.

Van Dam menciona algunas de esas facultades: generar confianza, interpretar el contexto, navegar la ambigüedad, ejercer juicios éticos, movilizar a otros, inspirar y dotar de sentido a la acción: "Una máquina no puede movilizar e inspirar a otras personas, y tampoco es capaz de definir nuestro propósito, es decir, por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo y qué nos lleva a centrarnos en algo que es significativo para nosotros".

Van Dam recuerda que numerosas organizaciones están dedicando grandes recursos a infraestructura, plataformas, automatización y algoritmos, mientras descuidan la inversión en las capacidades humanas necesarias para trabajar bien con esa tecnología, y es ahí donde advierte un desequilibrio peligroso. Las compañías pueden acelerar la implantación de sistemas inteligentes, pero seguirán necesitando personas capaces de interpretar resultados, de hacer preguntas correctas, de comunicar decisiones, de gestionar tensiones y de liderar el cambio. Por eso advierte de que "una empresa nunca funcionará sólo con tecnología de la información. No desaparecerá la necesidad de criterio humano".

El profesor de IE University recuerda asimismo que los seres humanos siempre han trabajado con máquinas: con la máquina de vapor, con la cadena de montaje, con los grandes sistemas informáticos, con Internet y con el teléfono móvil... La inteligencia artificial en ese sentido no es una ruptura absoluta, sino un nuevo capítulo. Cambia el tipo de interacción.

Van Dam distingue varias formas de colaboración. En una primera, la IA asiste: ayuda a escribir, resumir o recopilar información. En una segunda, amplifica el trabajo humano: recibe instrucciones y devuelve productos complejos, como un informe o una solución de software. Y en una tercera, opera con mayor autonomía, como ocurre en algunos casos de atención al cliente o automatización de procesos.

Relevancia humana

Aunque la IA haga cada vez más tareas por sí sola, eso no elimina el papel de las personas: lo transforma. Los humanos ya no sólo ejecutan, sino que interpretan, deciden, explican y acompañan el cambio. Por eso habilidades como la empatía, la comunicación, el pensamiento crítico o la capacidad de leer el contexto siguen siendo esenciales. La tecnología puede automatizar procesos, pero no generar confianza, gestionar resistencias internas ni asumir responsabilidades éticas. Van Dam lo resume al hablar del desarrollo de negocio: la IA puede aportar datos, detectar oportunidades y acelerar análisis, pero no construir relaciones sólidas con clientes o socios. En ese terreno siguen contando la credibilidad, la influencia y el juicio humano. La IA no sustituye lo más humano del trabajo.

Ahora bien, que estas capacidades sigan siendo humanas no significa que vayan a fortalecerse por sí solas. Van Dam cree que trabajar con IA será una competencia básica para casi cualquier profesional. Igual que antes hubo que aprender a usar Office, ahora habrá que entender cómo funciona esta tecnología. No será un conocimiento para especialistas, sino una condición general de empleabilidad: quien no se adapte perderá opciones laborales.

Al mismo tiempo, subraya que ese aprendizaje técnico básico no bastará. Habrá que reforzar también las capacidades humanas que distinguen a una persona de un sistema automático. En ese contexto menciona las llamadas 5 íes que cita en su nuevo libro: instinto, intuición, imaginación, integridad e identidad. Le sirven para nombrar dimensiones que no pueden reducirse a procesamiento de datos. El instinto y la intuición ayudan a decidir con información incompleta; la imaginación permite concebir posibilidades que aún no existen; la integridad vincula decisiones y valores; y la identidad conecta la acción profesional con una trayectoria vital y un sentido de contribución. Van Dam no las presenta como una fórmula mágica, sino como un recordatorio de que la inteligencia humana no es sólo cognitiva ni puramente racional.

Inteligencia artificial y empleo

Y, finalmente, en su análisis del empleo, no niega que la IA vaya a destruir tareas, e incluso algunos puestos completos. De hecho, sostiene abiertamente que "las organizaciones avanzarán en la automatización de las tareas laborales que las máquinas puedan realizar mejor. Es un hecho".

Habrá funciones más expuestas -ciertos trabajos de traducción o de procesamiento de datos- y otras en las que la interacción humana seguirá siendo central. Pero la mayoría de los empleos se situarán en una zona intermedia: parte de sus tareas se automatizará y parte se reconfigurará.

La IA puede ofrecer más información, más escenarios y más simulaciones, pero no puede decidir por nosotros qué es aceptable, qué merece ser protegido o qué rumbo quiere tomar una sociedad. Van Dam insiste en que los usuarios deben comprender de dónde salen las respuestas de un modelo, quién lo entrena, qué sesgos incorpora y qué fiabilidad tienen sus fuentes. "No podemos dejar en manos de la máquina que tome esas decisiones por nosotros".

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Fuente original: Leer en Expansión
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