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El mercado de Estados Unidos entra en números rojos en lo que va de año.
El S&P 500 sufrió ayer por el culebrón arancelario de Donald Trump y las dudas sobre la inteligencia artificial (IA), con lo que el principal índice de la Bolsa estadounidense ya presenta un retorno negativo desde comienzos de 2026: ha caído un 0,33% en el año, situándose a media sesión de ayer en los 6.837 puntos. El Nasdaq 100 se deja un 2%.
Frente a estos casi dos meses perdidos para el inversor en Wall Street, los parqués de otras jurisdicciones arrojan jugosas rentabilidades: un 9,6% para el Nikkei 225 japonés, un 7.3% para el Ftse 100 británico, un 5,2% para el Euro Stoxx 600 y un 4,5% para el Ibex español, por ejemplo.
Los analistas dan cuatro razones para esta goleada a Wall Street, que ya comenzó en 2026.
La primera es el efecto Trump, con incertidumbre continua sobre aranceles, conflictos geopolíticos (de Groenlandia a Irán, pasando por Venezuela) o política económica.
El segundo motivo de cautela en Wall Street es el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Por un lado, hay dudas sobre la rentabilidad de las grandes inversiones de las tecnológicas (que pesan un 30% en el S&P 500), y por otro sobre el impacto de su aplicación en múltiples sectores como el software, el capital riesgo o los medios.
En tercer lugar, en parte ligado a la IA, algunos inversores están preocupados por la debilidad del mercado laboral en Estados Unidos, donde apenas se crea trabajo pese al crecimiento económico por el aumento de la productividad en muchos sectores, algo que puede acelerar la tecnología.
Y por último, hay dudas sobre la estrategia que seguirá Kevin Warsh cuando a suma la presidencia de la Fed en mayo. Por un lado, aboga por bajar tipos (precisamente para crear empleo en una era de máxima productividad) pero por otro quiere reducir el balance de la Fed, lo que presionaría al alza la rentabilidad de la deuda americana.
Frente al año pasado, el dólar ha frenado su depreciación, lo que implica que son los propios inversores estadounidenses quienes ven con recelo su Bolsa. Según Goldman Sachs, la exposición de los fondos activos a las cotizadas de Wall Street está en mínimos de los últimos seis meses.
Por contra, Bolsas europeas o la de Japón ofrecen un perfil más defensivo en sus valores y hay planes de estímulo fiscal en Berlín o Tokio que pueden impulsar las economías. Los flujos de dinero a los fondos fuera de Estados Unidos se benefician de ello.
Históricamente, los periodos de pérdida relativa de la Bolsa estadounidense han sido cortos. Esta vez, puede depender de las elecciones legislativas en noviembre: si Trump mantiene el histrionismo populista de cara a esos comicios, puede seguir la rotación del dinero a otros países. Si busca políticas ortodoxas para relanzar la economía, Wall Street podría recuperar terreno.
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