Disidentes y críticos con el régimen analizan la imputación de su expresidente y el rumbo que desean para la isla caribeña
Regala esta noticia Añádenos en Google La basura ocupa las calles de La Habana. (Efe) 26/05/2026 a las 10:36h.El reciente encausamiento del expresidente Raúl Castro por parte de la Fiscalía de Florida por el derribo de dos avionetas de exiliados en 1996 ha ... caído en Cuba como una bomba que divide aún más a su sociedad. Por un lado está la postura oficial: un rechazo frontal al proceso judicial trufado de la habitual retórica castrista sobre el imperialismo estadounidense y mezclado con el patriotismo que llama a prepararse para tomar las armas. Los medios de comunicación del régimen sacan pecho con manifestaciones multitudinarias que tratan de reflejar unidad nacional, pero los cubanos son especialistas en cribar las redes sociales para acceder a fuentes internacionales y en sus teléfonos móviles también se ha colado el discurso en español de Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos.
Boris González
«Creo que existe una posibilidad real de que el sistema negocie con una hoja de ruta estrecha y corta. Lo contrario sería una acción de fuerza»
La disidencia cubana coincide con el régimen en un punto: ambos consideran la decisión judicial de Miami y el discurso de Rubio como el primer paso hacia una intervención estadounidense en la isla. La diferencia estriba en que los activistas políticos no la denuncian sino que la aplauden. «El procesamiento de Raúl Castro eleva cualitativamente las presiones que el régimen comunista está recibiendo», sentencia desde La Habana el disidente contrarrevolucionario Boris González Arenas.
«Hasta ahora, Estados Unidos ha incidido sobre todo en el terreno económico –y en un bloqueo de combustible que ha profundizado la crisis energética del país– y ha evitado arremeter contra la familia Castro, como si le estuviese dejando abierta la posibilidad de salir por su propio pie o de impulsar acciones que satisfagan a Washington. Pero no lo ha hecho y ahora ya la están amenazando directamente», explica González, para quien la verdadera incógnita es qué respuesta dará el castrismo al órdago de Trump.
«Creo que existe una posibilidad real de que el régimen negocie con una hoja de ruta estrecha y corta. Lo contrario sería una acción de fuerza, que, claro está, es lo menos conveniente para todos si ponemos la humanidad y la vida por delante de nuestros instintos y justificados rencores», opina González. En cualquier caso, el activista tiene claro que «nada cambiará en Cuba mientras los Castro sigan moviendo los hilos» y que «ambas opciones son mejores que continuar como estamos».
Protestas por todo el país
En eso último le da la razón Yenisey Taboada, madre del joven preso político Duannis León Taboada, condenado a 14 años de cárcel por sedición: «Yo espero que las cosas se vayan encauzando para que Raúl Castro pague por lo que ha hecho. Él se lo ha buscado haciendo tanto daño. Pero estos temas políticos me superan, porque nuestra realidad ahora nos obliga a lidiar con 15 horas diarias de apagón, incluso 24 horas a veces. Estamos muriendo lentamente, así que para el pueblo cubano ahora la prioridad es vivir, tener derechos y estar en libertad. Ese es el fin que deseamos todos».
Es lo que Rubio les prometió el pasado miércoles. Y Taboada coincide en señalar que apoyaría una intervención estadounidense al estilo de la llevada a cabo en Venezuela para que se materialice ese sueño. No es la única. Diferentes activistas muestran vídeos de las manifestaciones que se extienden por localidades de toda la isla. Cuando la oscuridad engulle el país, el fuego de la basura ardiendo se convierte en la única fuente de iluminación y suena el repiqueteo de las cacerolas que componen la cacofonía del hartazgo cubano.
Yenisey Taboada
«Estamos muriendo lentamente, así que para el pueblo ahora la prioridad es vivir, tener derechos y estar en libertad. Ese es el fin que deseamos todos»
En esta coyuntura, el régimen también responde con violencia. Y esa represión es lo que teme una artista anticastrista que prefiere mantenerse en el anonimato. En el móvil guarda imágenes de lo que parece una manifestación en la localidad de Antilla, en Holguín, que acaba con disparos de la Policía. Además, está convencida de que los dirigentes cubanos no tendrán reparos en utilizar a la población como escudo humano. «A diferencia de lo que sucedió en Venezuela, esta guerra está ya muy anunciada, y por lo tanto es muy grande el riesgo de que mueran muchos soldados. Y en este caso los soldados somos la población civil cubana», señala, incidiendo en la posibilidad de una movilización masiva entre reservistas y milicianos, que suman unos 300.000 efectivos.
«En ese caso no seríamos daño colateral en un enfrentamiento, sino víctimas provocadas por el propio régimen, ya sea en acciones de falsa bandera para después culpar a los americanos, o en actos de represalia contra la disidencia, para eliminar a colaboradores enemigos. Y nada de esto es paranoia sino que están documentadas las amenazas a presos políticos y a opositores, igual que la cercanía de objetivos militares a población civil, incluidos escuelas y hospitales», analiza la artista, a la que sobre todo le preocupa el futuro de su hijo adolescente.
No todos comparten el entusiasmo ante un posible conflicto más allá de la retórica. Julio César García, artista visual y fotógrafo cubano de Matanzas, considera el rifirrafe entre Washington y La Habana «pantalla y humo». Incide en la indiferencia de los líderes estadounidenses en lo que se refiere al bienestar de la población cubana. «Ni Trump ni Marco Rubio saben cómo se vive en Cuba. Ni les importamos por mucho que se empeñe en hablar español», sentencia antes de trazar un paralelismo: «Probablemente Raúl Castro sea responsable de esos civiles muertos –por los que la Fiscalía ha abierto la causa contra él– y de otros, no lo sé. Como también Trump es responsable de cada muerto en las lanchas del Caribe, que, según él, son manejadas por terroristas narcotraficantes. Quizás para Raúl aquellos también lo eran».
García desconfía: «Creo que es solo una gota mas para seguir presionando al Gobierno cubano y a la familia Castro para que dimita. La realidad es que vivimos en circunstancias caóticas provocadas por las presiones de Estados Unidos y por la mala gestión del Gobierno totalitario cubano. En el medio está mi pueblo, mis padres, mis hijos, mis amigos y yo. Ni a unos ni a otros les importamos».
Distracción o pretexto
El fotógrafo también se fija en la convulsa historia del país caribeño para buscar respuestas a la situación actual. «En 1898 los yanquis ya se metieron de libertadores en Cuba, y en 1901 firmaron la enmienda Platt después de desarmar a los mambises cubanos que sí ganaron la guerra y que habían perdido a lo mejor de sus hombres y mujeres. El 20 de mayo de 1902 comenzó una república que gobernaban los yanquis con bases militares e intervenciones. Eso es lo que celebró en su discurso Marco Rubio», señala en tono especialmente crítico.
«Ahora quieren lo mismo: el pueblo ha tenido que soportar de todo y quieren venir otra vez de libertadores para darnos una oportunidad más. Es el pueblo cubano en todo caso quien debe pedir cuentas al Gobierno de Cuba. Y lo hace. Ningún cambio viene de la nada, y los españoles lo saben bien, que tuvieron a Franco por muchos años. Lo de Raúl es una distracción o un pretexto para meterse nuevamente en la isla», apostilla.
Lo que García considera una excusa González cree que es razón legítima. «Después de ver el 3 de enero –con la captura de Nicolás Maduro en Caracas– y los bombardeos sobre Irán, me parece que la de Estados Unidos es una amenaza más que creíble. Lo que no sé es si esto marca el punto álgido de la presión que quiere ejercer sobre Cuba», comenta.
Precisamente, el precedente de Venezuela también es lo que resta optimismo a la artista disidente. «¿Está Trump empezando a asegurar propiedades? ¿O está interesado en negociar con la dictadura?», se pregunta ante los rumores de que la Casa Blanca podría negociar con el nieto de Castro, Raúl G. Rodríguez, o incluso con alguno de los actuales cabecillas políticos del régimen comunista, como hizo en Venezuela con Delcy Rodríguez. «El deseo de los cubanos es que no haya ningún tipo de acuerdo con el Gobierno, porque sabemos muy bien que lo único que sale de sus líderes es robo y opresión», dispara. Y no dudaría en hacerlo de forma literal, porque no oculta que para ella la mejor suerte que pueden correr los Castro es una: la muerte.
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