“No tengan miedo, no necesitamos ser hombres para ocupar estos puestos”, dice Dalia Aragón, quien, a sus 36 años, se cansó de que esos espacios fueran solo para hombres. Se atrevió a postularse para ser parte de los Sacha Runa, Personas de la Selva, un grupo de defensores kichwa de la Amazonía de Ecuador. Ahora es la única warmi de esta agrupación, pero invita a que más mujeres se unan para que conozcan la biodiversidad de su territorio y puedan defenderlo de los intereses extractivistas que lo acechan.
María de Jesús no experimentó estas barreras. Las lideresas que vinieron antes que ella rompieron los techos de cristal e incentivaron la formación en derechos, especialmente de las mujeres. El mayor reto para la joven lideresa murui bue, de la Amazonía peruana, es que los y las jóvenes no abandonen la comunidad y se involucren en la protección de algo que es suyo.
cortesía ©️Emilia Ulloa/WCS.María de Jesús no experimentó estas barreras. Las lideresas que vinieron antes que ella rompieron los techos de cristal e incentivaron la formación en derechos, especialmente de las mujeres. El mayor reto para la joven lideresa murui bue, de la Amazonía peruana, es que los y las jóvenes no abandonen la comunidad y se involucren en la protección de algo que es suyo. “Con tantos conflictos que tenemos, son las personas mayores las que salen a defender, los jóvenes muy poco, es una problemática social que tenemos”, asegura.
María de Jesús, centro, hace fila para recibir tabaco ritual shuar en un encuentro de guardias indígenas en Ecuador.
Cortesía Daris Payaguaje/Alianza CeiboDetrás de Aragón, los mapas del territorio que protegen los Sacha Runa.
Cortesía ©️Emilia Ulloa/WCS, Vía MONGABAYCuando Dalia Aragón dijo en una asamblea comunitaria que quería ser parte de los Sacha Runa, inicialmente hubo rechazo. Este es el grupo de defensores del Pueblo Kichwa del Curaray (PAKIC), en el centro de la Amazonía ecuatoriana. Las mujeres de su comunidad la alentaron y otros miembros también apoyaron su postulación. “Me conocen y saben que soy una mujer fuerte y activa que está dispuesta a cualquier trabajo en territorio”, dice.
Así se convirtió en la primera mujer de este grupo de 15 personas. “Mi papel más importante es demostrar que las mujeres también somos aptas para eso”, asegura Aragón, quien además tiene cuatro hijos.
Los recorridos para vigilar el territorio y reportar amenazas de deforestación, caza y minería ilegal son demandantes. Caminan por varios días bajo sol o lluvia y conducen el peke peke –como es conocido un motor bastante ruidoso usado en las canoas– durante horas por el serpenteante río Curaray. Lo más duro llega cuando hay desperfectos en el motor. En esos casos, reman y palanquean la canoa a través de las constantes palizadas que arrastra el río y en ocasiones con el nivel del agua dificultosamente bajo.
Dalia Aragón durante un recorrido por la cuenca del Curaray.
Cortesía Dalia Aragón, vía MONGABAYAragón habla frente a los Sacha Runa durante una capacitación.
Cortesía©️Emilia Ulloa/WCS, vía MONGABAYLa defensora confirmó que las mujeres son capaces de todo, como le decía su padre desde que era una niña. “A mis 36 años reaccioné para decir que cortemos con todo esto, porque los hombres de hoy en día son machistas”, asegura. Su objetivo ahora es que más mujeres se unan a los Sacha Runa y descubran que pueden desempeñar roles fuera del hogar y asumir posiciones de liderazgo.
La defensora también se unió al grupo para asegurarse de que las siguientes generaciones reciban la herencia que sus ancestros dejaron: cerca de 200 000 hectáreas en una zona rica en biodiversidad que limita al norte con el Parque Nacional Yasuní. Los Sacha Runa ya han detenido dos intentos de minería ilegal y ahora se están capacitando para también documentar su biodiversidad y tener argumentos fuertes para detener el anuncio gubernamental de licitar sus tierras a empresas petroleras. “El territorio es la vida, para mí, para mis hijos y es nuestro futuro”, dice como reflexión final.
Perú: María de Jesús vigila el bosque que otros quieren fragmentar
María de Jesús, joven lideresa murui bue, toma yoko, un extracto vegetal que energiza.
Cortesía Daris Payaguaje/Alianza Ceibo, vía MONGABAYMaría de Jesús tenía 12 años cuando comenzó a caminar por las trochas del Centro Arenal, una comunidad nativa murui bue en la Amazonía peruana. Cargaba su taper de comida hasta los puntos de monitoreo y escuchaba las historias que los líderes contaban sobre el territorio. Hoy, con 20 años, forma parte del equipo de monitores ambientales que se conformó para proteger su comunidad de invasiones, deforestación y un proyecto de carretera binacional que busca atravesar su territorio y llegar a Colombia.
proyecto Bellavista-El Estrecho en 2015, tras un recorrido territorial. Hasta ahora no han conseguido que se realice una consulta plena.Unas 40 personas conforman el equipo de monitores ambientales. Participan hombres, mujeres, jóvenes y niños. “No hay discriminación por edad ni género, somos un colectivo para defender”, asegura. Pero los espacios de participación no siempre estuvieron abiertos para las mujeres.
María de Jesús junto a su tío abuelo Arturo Garay Sánchez, quien enseñó a la comunidad la lengua murui bue
Cortesía María de Jesús, vía MONGABAYDe Jesús era una bebé cuando el Centro Arenal eligió por primera vez a una mujer como jefa comunal. “Fue asombroso en sus tiempos porque todo lo hacían los hombres”, relata. A partir de este precedente, los miembros de la comunidad se han ido formando en derechos.
El camino de María hacia el liderazgo también fue abierto por su madre, quien llevaba a sus hijos a las asambleas. “Nosotros vivimos en territorio y debemos saber de eso”, dice hoy la joven lideresa, quien ha representado a su comunidad en encuentros nacionales e internacionales de pueblos indígenas.
El equipo hace monitoreos territoriales cada mes. A través del Sistema de Alerta Temprana, implementado por la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), emiten informes sobre invasiones, deforestación y otras amenazas. AIDESEP hace denuncias ante las autoridades competentes, pero la comunidad no ha visto acciones concretas. “Los fiscales entran al territorio, ven la deforestación a gran escala y al final no hacen nada por supuesta falta de pruebas”, reclama De Jesús.
María de Jesús, de blanco, durante un descanso de un monitoreo territorial
Cortesía María de Jesús, vía MONGABAYEscobar en la COP16 de Biodiversidad, en Cali, Colombia
Cortesía Ribaldo Piaguaje/Alianza Ceibo y Amazon Frontlines, vía MONGABAYBrigitte Escobar Piaguaje fue secretaria del pueblo Zio Bain, en el sur de la Amazonía colombiana, cuando tenía 17 años. Desde ese cargo empezó a participar de los encuentros que organizaba la guardia indígena Zio Bain Bos´ëcua Cuiracuayija, que significa Jóvenes Cuidadores del Territorio. “Hay un mensaje claro de defensa del territorio y cómo eso protege la vida misma y la identidad cultural”, dice sobre qué le motivó a unirse a la agrupación.
La guardia se conformó en 2013, cuando la empresa petrolera Amerisur de Colombia intentó entrar a las comunidades. Además, este pueblo indígena enfrenta uno de los contextos más difíciles de Colombia: deforestación para la ganadería extensiva y cultivos de coca, invasiones campesinas, presencia y contaminación de petroleras en los límites del pueblo y restricciones de movilidad impuestas por actores armados.
medidas cautelares a favor de dos resguardos del pueblo Zio Bain por la violencia y el desplazamiento ocasionado por los actores armados, según denuncian, tanto regulares como irregulares.La joven defensora, al fondo a la derecha, en un patrullaje fluvial
Cortesía Tom Laffay, vía MONGABAY“Cuando recorremos el territorio, se impulsan los procesos jurídicos”, dice Escobar Piaguaje. Explica que ante el intento de Amerisur Colombia obtuvieron también en 2018 una decisión judicial para que se restituyan las tierras ancestrales y se notifique a la empresa la negativa para operar en comunidades Zio Bain. Como parte de la restitución, cada tanto llegan autoridades del Juzgado, Procuraduría, Contraloría o Defensoría. “Recorremos el territorio en su compañía y mostramos cuáles han sido las afectaciones”, agrega.
Las mujeres sí pueden ser parte de este grupo, pero Escobar Piaguaje reconoce que todavía hay pocas. El mayor obstáculo es que todavía no se toma conciencia de que las mujeres indígenas cumplen con una responsabilidad comunitaria y familiar muy grande. “Quienes participamos de la guardia somos cuidadores visibles, pero las mujeres en casa nos cuidan y permiten que participemos”, señala.
Brigitte Escobar, en la esquina izquierda, en el Encuentro de Pensamiento Zio Bain Cuiracua
Cortesía Matrixx Restrepo, vía MONGABAYMongabay LATAM.