El CEO de la UFC se ha convertido en una de las figuras más poderosas del deporte mundial gracias a su circo de gladiadores del siglo XXI
Regala esta noticia Añádenos en Google (R. C.) 20/06/2026 a las 18:49h.En 1999, una película de David Fincher protagonizada por Brad Pitt desataba la polémica en el Festival de Venecia. 'El club de la lucha', basada ... en la novela del mismo título de Chuck Palahniuk, fue abucheada y destrozada por parte de la crítica especializada, que la consideró un espectáculo «bárbaro», «violento» e «inmoral», temiendo que glorificara la brutalidad. Tyler Durden, el personaje que interpretaba Pitt, organizaba peleas clandestinas en sótanos oscuros para que hombres alienados se sintieran vivos. Dana Frederick White Jr. empezó igual, en casinos de segunda y estados que prohibían las artes marciales mixtas (MMA) por considerarlas «peleas de gallos humanas». Pero el pasado domingo millones de espectadores siguieron la UFC Freedom 250, la velada organizada por el CEO de la Ultimate Fighting Championship (UFC), promotora reina de las MMA, por encargo de Donald Trump. La violencia ya no se esconde en el sótano. Ahora se exhibe a las puertas del Despacho Oval.
De botones de hotel a magnate
Nacido en el Manchester del estado de Connecticut en julio de 1969 en el seno de una familia de raíces irlandesas, padre ausente por alcohólico y madre trabajadora, el CEO de la UFC, empresa valorada en más de 12.000 millones de dólares, aprendió todo de un boxeador. Peón de obra primero, portero de un bar irlandés después, y empleado como botones en el hotel Boston Harbor tras dejar dos veces la universidad, sólo tenía 19 años cuando se acercó al expúgil Peter Welch, dueño de un gimnasio local, en busca de los conocimientos necesarios para adentrarse en esta disciplina. Y después de dar rienda suelta a su pasión, no tardó en fundar Dana White Enterprise, donde se estrenó como entrenador y empezó a gestionar la carrera de algunos peleadores amateurs.
Pero un encontronazo con la mafia de Boston, que trató de extorsionarle con amenazas por las clases que impartía en la ciudad, le llevó a poner rumbo a Las Vegas, el epicentro mundial de los deportes de combate, para empezar desde cero en 1995. Allí descubrió el Jiu-Jitsu Brasileño (JJB) y a algunas jóvenes promesas de las artes marciales mixtas, que empezaban a despegar. Tito Ortiz y Chuck Liddell, dos de las estrellas de la época, estuvieron pronto bajo su control.
La puerta de entrada a la UFC se abrió para White mientras negociaba un nuevo contrato para Ortiz. Entonces supo que la empresa matriz de la promotora se encontraba al borde de la quiebra como consecuencia de una agresiva campaña política en su contra -el senador estadounidense John McCain se refirió en los noventa a las MMA como 'peleas de gallos humanas'- y de la prohibición de sus eventos en la televisión por cable de pago. La empresa, endeudada hasta el cuello, necesitaba un comprador y no tardó en encontrarlo.
Una llamada a Lorenzo Fertitta, un amigo al que conoció en el intituto, y a su hermano Franck, a ejecutivos de casinos y exmiembros de la Comisión Atlética de Nevada bastó para obrar el milagro. «Creo que la UFC tiene problemas y que podemos comprarla por muy poco dinero», cuentan que les dijo. Y así fue porque en 2001, y por apenas dos millones de dólares, los Fertitta se hicieron con los derechos, la marca y el octógono de la plataforma y eligieron a White como presidente, otorgándole además un 9% de las acciones.
Nacido en el seno de una familia de origen irlandés, hizo de una empresa al borde de la quiebra un imperio de 12.000 millones de dólares
La maquinaria para construir un imperio estaba en marcha y en 2016, apenas quince años después de cerrar aquella operación, la UFC pasó a manos de WME-IMG, un conglomerado global líder en entretenimiento, deportes y moda, tras desembolsar 4.000 millones de dólares.
Con Dana White siempre al frente, las artes marciales mixtas se han convertido en una de las disciplinas deportivas que más ha crecido este siglo, siendo capaz de competir en número de espectadores con las grandes ligas estadounidenses, como la NFL o la NBA.
Una historia de amistad y política
Con la velada UFC Freedom 250, diseñada con la ambición de alcanzar los registros de la Super Bowl, el CEO ha mostrado una vez más su firme apoyo a Donald Trump. Su amistad se remonta a principios de la década de 2000, e incluso llegaron a competir en el sector de las MMA cuando el magnate neoyorquino invirtió en Affliction, una plataforma rival.
En un momento en el que el nivel de popularidad del presidente se debilita entre el sector demográfico con mayor probabilidad de seguir el evento -los hombres jóvenes, que le brindaron un considerable respaldo en sus campañas de 2020 y 2024-, el macroevento organizado por White siguió la estrategia política de Trump: apostar por el espectáculo, los códigos de masculinidad, la teatralidad y los momentos televisados de alto impacto.
Mientras tanto, el ejecutivo insiste en desmarcarse de la primera línea: ha declarado repetidamente que ya no tiene nada que ver con la política, pese a haber sido durante años uno de los aliados más visibles del mandatario republicano. «Yo defenderé a cualquier presidente de Estados Unidos; no odio a nadie por sus creencias», sostiene.
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