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David de Miranda, por la Puerta del Príncipe

David de Miranda, por la Puerta del Príncipe
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Fiel a su estilo y su ley de quietud y ajuste, el torero de Trigueros firma una tarde redonda. Espléndida y variada corrida de El Parralejo con un tercero de calidades extraordinarias

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El torero David de Miranda en la duodécima del abono taurino. EP David de Miranda, por la Puerta del Príncipe

Fiel a su estilo y su ley de quietud y ajuste, el torero de Trigueros firma una tarde redonda. Espléndida y variada corrida de El Parralejo con un tercero de calidades extraordinarias

Barquerito

Miércoles, 22 de abril 2026, 22:27

... y tercero fueran de particular buena nota en el caballo -el tercero, el toro de la corrida, derribó en una primera vara y metió los riñones en una segunda-, sino porque, con la salvedad de un quinto que se apagó pronto, y con sus distintas versiones, el conjunto tuvo presencia y potencia, entrega, nobleza y prontitud. Todos galoparon de salida y en banderillas. Enteros aguantaron hasta la hora de doblar. A dos de ellos, los dos primeros, los levantaron los puntilleros. Levantarse fue en ambos casos señal de bravura. Desde el temperamental primero hasta el casi pastueño sexto -un cromo, salpicado, capirote y botinero, buena alzada, notable elasticidad-, un abanico y muestrario de ganadería larga servido como argumento de base de un espectáculo sin tiempos muertos porque no consintieron los toros.

Con ese toro, y con el cromo que cerró la corrida, vivió David de Miranda una tarde dichosa. Con armas muy sencillas. O no tan sencillas: quietud, verticalidad, soltura, sentido del temple para armonizar casi todas las embestidas de uno y otro, y el ajuste indispensable para encarecer esos cuatro ingredientes. La elección de terrenos y el sentido de la medida, la de las tandas, todas bien rematadas y la de los tiempos de las faenas, de son creciente una y otra. El trazo despacioso, la manera de enroscarse, el acierto al abundar en su mejor corte plástico -el toreo a pies juntos, que es sello propio- y la gracia obligada en los cites frontales una vez que los dos toros quedaron cautivos del engaño. Más abundante el toreo con la diestra que con la izquierda. A los dos toros los toreó por delantales, pero en su turno, en el segundo de corrida, quitó por gaoneras muy apretadas. La apertura de las dos faenas fue distinguida: cambiados por bajo, rodilla vencida, en el gran tercero, estatuarios en el sexto. Y los finales, rampantes. Los naturales frontales en uno, ajustadísimas mondeñinas en el sexto. Dos estocadas de ley. Y el apoyo bien sentido de los paisanos de Huelva. Tres orejas, puerta del Príncipe.

El toro tan temperamental que partió plaza -venciéndose ligeramente por la mano derecha- fue puro carbón, hizo sufrir a Diego Urdiales, que no perdió ni la compostura ni los nervios, pero no pudo hacer fortuna con él. Con el cuarto, de espectacular pinta melocotón, sí pudo despacharse a gusto, soltarse y templarse, dibujar con rara perfección y llegar a enroscárselo sin perderle pasos ni una sola vez. Tanto la apertura como el remate de faena a dos manos fueron canónicas. Dos estocadas. Sonó un aviso cuando doblaba el cuarto. Estuvo frío el ambiente, que acababa de explotar con los acontecimientos recién vividos.

Emilio de Justo se quedó corto con el segundo, toro de buen son, en faena estudiada, templada pero declinante. Cuando el quinto se paró, optó por la brevedad. La fiesta no iba por él. Es probable que lo acusara.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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