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David Gilbert, el guardian entre el cemento

David Gilbert, el guardian entre el cemento
Artículo Completo 702 palabras
A veces pasa: desde que la leí en 2013, yo me pasé recomendando/rogando a todo editor con el que me cruzaba la traducción de la novela '& Sons' de David Gilbert sin conseguir que nadie apuntase su título o me llevase el apunte. Ahora, a partir del estreno de su adaptación cinematográfica como 'Sus hijos' (dirigida, sorpresa, por el argentino Pablo Trapero) me entero de que la novela en cuestión fue editada hace casi diez años por Tusquets. Y que -no es disculpa ni me excusa- tal vez escapó a mi radar porque el título escogido en español hiciese pensar más en un clásico 'british' producido por los Ealing Studios o un ensayo sobre las idas y vueltas del, sí, extra/vagante Geoff Dyer .Narrativa 'El extravagante señor Dyer' Autor David Gilbert Traducción Susana Olivares Editorial Tusquets Año 2017 Páginas 504 Precio 22 euros Valoración *****Pero no: Gilbert (circunstancialmente nacido en París en 1967) es neoyorquino hasta la médula y así lo demuestra en 'El extravagante señor Dyer'. Y si Gilbert ya había escrito el mejor relato de John Cheever jamás escrito por Cheever ('Cool Moss', en su debutante colección de relatos 'Remote Feed', de 1998) y la mejor novela de Joseph Heller jamás escrita por Joseph Heller ('Los normales', 2004); entonces 'El extravagante señor Dyer' es la mejor novela de John Irving jamás escrita por John Irving bajo la luminosa sombra protectora y esquiva de J. D. Salinger . Y -nada es perfecto y mucho es injusto- en su momento fue lanzada con modales de gran acontecimiento editorial (como una suerte de respuesta wesandersoniana a 'Las correcciones' de Jonathan Franzen ) pero, me parece, no consiguió consagrarse más allá del fenómeno de culto. Porque esto va de saga de familia disfuncionalmente funcional; de desaparecido patriarca autor de novela legendaria (el A. N. Dyer del título y firmante de algo que se titula 'Ampersand' pero bien podría titularse 'El guardián entre el cemento' y leerse como una versión de campus de 'El señor de las moscas' ); de alta sociedad en los altos rascacielos de Manhattan (me entero de que la película traslada todo a la campiña norteamericana); de amores cruzados y desamores tachados; de cartas extraviadas a recuperar; de graciosos y dramáticos juegos de palabras; del pormenorizado registro de una semana tan fatal como epifánica (trufada por 'flashbacks'); de un par de funerales, y todo recontado por un narrador omnisciente que cruza al alucinado Nick Carraway de 'El gran Gatsby' con el alucinante Charles Kinbote de 'Pálido fuego': un tal Philip Topping, hijo del mejor del más antiguo amigo del ermitaño Dyer. Vuelta de tuercaY -y tal vez esto haya sido lo que haya desconcertado a más de uno convencido de que estaba leyendo algo de Tom Wolfe pero, de pronto, nada más lejano- cerca del cierre un tan bestial como inspirado 'twist'/vuelta de tuerca a propósito de Andy, el joven y tardío hijo del escritor misántropo, que nos revela y nos encandila haciéndonos comprender que, en verdad, también estuvimos leyendo algo mucho más cercano a Kurt Vonnegut o a Thomas Pynchon o a Stephen Millhauser.En una entrevista, Gilbert casi confesó que «yo siempre quise ser escritor antes de ser lector». Y se nota con muy buena nota. Y está muy bien que así haya sido, que así sea.En cualquier caso, una obra maestra que ya no seguiré recomendando a más editores pero -ahora y aquí, tanto tiempo después, muy a la Gilbert, búsquenlo y, por favor, encuéntrenlo- recomiendo a todos ustedes.

A veces pasa: desde que la leí en 2013, yo me pasé recomendando/rogando a todo editor con el que me cruzaba la traducción de la novela '& Sons' de David Gilbert sin conseguir que nadie apuntase su título o me llevase el apunte.

Ahora, a partir del estreno de su adaptación cinematográfica como 'Sus hijos' (dirigida, sorpresa, por el argentino Pablo Trapero) me entero de que la novela en cuestión fue editada hace casi diez años por Tusquets.

Y que -no es disculpa ni me excusa- tal vez escapó a mi radar porque el título escogido en español hiciese pensar más en un clásico 'british' producido por los Ealing Studios o un ensayo sobre las idas y vueltas del, sí, extra/vagante Geoff Dyer.

Pero no: Gilbert (circunstancialmente nacido en París en 1967) es neoyorquino hasta la médula y así lo demuestra en 'El extravagante señor Dyer'. Y si Gilbert ya había escrito el mejor relato de John Cheever jamás escrito por Cheever ('Cool Moss', en su debutante colección de relatos 'Remote Feed', de 1998) y la mejor novela de Joseph Heller jamás escrita por Joseph Heller ('Los normales', 2004); entonces 'El extravagante señor Dyer' es la mejor novela de John Irving jamás escrita por John Irving bajo la luminosa sombra protectora y esquiva de J. D. Salinger.

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Y -nada es perfecto y mucho es injusto- en su momento fue lanzada con modales de gran acontecimiento editorial (como una suerte de respuesta wesandersoniana a 'Las correcciones' de Jonathan Franzen) pero, me parece, no consiguió consagrarse más allá del fenómeno de culto.

Porque esto va de saga de familia disfuncionalmente funcional; de desaparecido patriarca autor de novela legendaria (el A. N. Dyer del título y firmante de algo que se titula 'Ampersand' pero bien podría titularse 'El guardián entre el cemento' y leerse como una versión de campus de 'El señor de las moscas'); de alta sociedad en los altos rascacielos de Manhattan (me entero de que la película traslada todo a la campiña norteamericana); de amores cruzados y desamores tachados; de cartas extraviadas a recuperar; de graciosos y dramáticos juegos de palabras; del pormenorizado registro de una semana tan fatal como epifánica (trufada por 'flashbacks'); de un par de funerales, y todo recontado por un narrador omnisciente que cruza al alucinado Nick Carraway de 'El gran Gatsby' con el alucinante Charles Kinbote de 'Pálido fuego': un tal Philip Topping, hijo del mejor del más antiguo amigo del ermitaño Dyer.

Y -y tal vez esto haya sido lo que haya desconcertado a más de uno convencido de que estaba leyendo algo de Tom Wolfe pero, de pronto, nada más lejano- cerca del cierre un tan bestial como inspirado 'twist'/vuelta de tuerca a propósito de Andy, el joven y tardío hijo del escritor misántropo, que nos revela y nos encandila haciéndonos comprender que, en verdad, también estuvimos leyendo algo mucho más cercano a Kurt Vonnegut o a Thomas Pynchon o a Stephen Millhauser.

En una entrevista, Gilbert casi confesó que «yo siempre quise ser escritor antes de ser lector».

Y está muy bien que así haya sido, que así sea.

En cualquier caso, una obra maestra que ya no seguiré recomendando a más editores pero -ahora y aquí, tanto tiempo después, muy a la Gilbert, búsquenlo y, por favor, encuéntrenlo- recomiendo a todos ustedes.

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