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De la DANA a los seguros: el gran poder invisible de los satélites

De la DANA a los seguros: el gran poder invisible de los satélites
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Miles de ojos vigilan desde el espacio todo lo que ocurre en la Tierra, ayudando a prevenir catástrofes, monitorizar cambios climáticos e incluso anticiparse a los cambios de tendencia en los mercados. Leer
CompañíasDe la DANA a los seguros: el gran poder invisible de los satélitesActualizado 2 JUL. 2026 - 01:14EXPANSION

Miles de ojos vigilan desde el espacio todo lo que ocurre en la Tierra, ayudando a prevenir catástrofes, monitorizar cambios climáticos e incluso anticiparse a los cambios de tendencia en los mercados.

Pocas horas después de que dos devastadores terremotos consecutivos golpearan Venezuela, la Unión Europea activó de forma urgente el modo de mapeo rápido de su servicio espacial Copernicus. Los satélites capturaron imágenes de muy alta resolución espacial (ópticas y de radar) para compararlas con mapas previos a la catástrofe y poder identificar edificios colapsados, puentes caídos e infraestructura crítica obstruida sin arriesgar al personal en zonas inestables.

Esa misma semana, el Servicio de Gestión de Emergencias de Copernicus activó también protocolos de mapeo rápido para rastrear los incendios en Aragón y Huelva. Estas activaciones permitieron delimitar áreas quemadas y evaluar daños en tiempo real ante las condiciones climáticas extremas registradas por los satélites europeos Sentinel.

Más allá del uso de información geoespacial para ayudar en catástrofes e incendios, el empleo de satélites como motor de decisión en diferentes sectores económicos está creciendo a un ritmo sin precedentes. El espacio ha dejado de ser un destino alejado para convertirse en una plataforma de servicios. Los satélites son la nueva infraestructura invisible que sostiene sectores tan distintos como la agricultura, los seguros, la defensa, las finanzas o la gestión de catástrofes.

De hecho, ya hay compañías que empiezan a utilizar la información capturada desde el espacio para tomar decisiones estratégicas. Algunos fondos de inversión llevan años usando imágenes satelitales como datos alternativos para anticipar movimientos de mercado antes de que las cifras oficiales se publiquen. Desde contar coches en aparcamientos para predecir ventas, a rastrear petroleros para anticipar el precio del crudo. Empresas como la española QNT42 han llevado la idea más lejos con su "inteligencia física", que traduce imágenes de satélites de la NASA en señales para los mercados de materias primas. Las aseguradoras, por su parte, usan estas mismas imágenes para tasar daños tras una catástrofe en horas en lugar de semanas.

New Space

Durante décadas, poner un satélite en órbita fue un asunto de Estado para el que se necesitaban presupuestos astronómicos. El Sentinel-2, el satélite de observación terrestre que la Agencia Espacial Europea lanzó en 2015 como parte del programa Copernicus, pesaba 1.200 kilos y costó alrededor de 400 millones de euros.

Pero estas cifras han cambiado de forma radical. "El New Space consiste en aplicar tecnología tanto en el proceso de fabricación como en los componentes de los satélites, utilizando la miniaturización y cadenas de montaje automatizadas. Eso abarata mucho los costes, permitiendo la producción a escala, lo que hace que un satélite sea mucho más barato ahora que hace unos años", explica Carlos Fernández de la Peña, consejero delegado de Telespazio Ibérica, cuya empresa acaba de adjudicarse el contrato para operar la primera constelación satelital de una comunidad autónoma española.

El proyecto, encargado por el Gobierno de Canarias, consta de tres satélites y su precio total, incluyendo lanzamiento y mantenimiento, es de 20 millones de euros. "Presupuestariamente, son unas rotondas. Los ascensores de María de Molina costaron 25 millones", afirma el directivo.

Este abaratamiento ha permitido a Canarias poner en órbita sus propios satélites para la prevención y el control de incendios. "Poner en marcha esta constelación específica tiene sentido económico porque es poco dinero y responde a un problema muy concreto de estas islas", añade el directivo.

Telespazio Ibérica también fue la empresa encargada de analizar las imágenes enviadas por los satélites del programa Copernicus de la Unión Europea para cartografiar zonas como l'Horta Sud y Paiporta, aportando información crítica para los equipos de rescate tras la DANA de Valencia.

Para evitar catástrofes similares, en marzo de este año el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el lanzamiento de la convocatoria para desarrollar tres satélites para la Constelación Atlántica a través de la Agencia Espacial Europea, con una inversión de 325 millones de euros. Estos tres satélites tendrán como objetivo enviar datos en tiempo real y reforzarán la capacidad de respuesta ante desastres naturales.

La bajada del precio de los satélites, junto al desplome del coste de los lanzamientos, con cohetes reutilizables e incluso viajes compartidos, ha permitido que los satélites LEO (órbita baja terrestre por sus siglas en inglés) estén inundando el cielo de la Tierra. Estos equipos orbitan a altitudes muy bajas, por lo que la señal tarda menos, hay menos latencia y pueden capturar imágenes de todo el planeta varias veces al día.

De hecho, el número de satélites operativos en órbita baja se ha más que triplicado en los últimos años, de 3.371 en 2020 a más de 13.000 satélites activos, lo que representa cerca del 90% de toda la flota operativa en el espacio.

Observación terrestre

Todos estos pequeños objetos que orbitan por encima de nuestras cabezas casi de manera invisible se están convirtiendo en los ojos de miles de empresas e instituciones que utilizan el control geoespacial para mejorar sus operaciones.

Por un lado, compañías como Starlink de Elon Musk o la española Sateliot utilizan estos satélites LEO para las telecomunicaciones, aprovechando una menor latencia que permite ofrecer banda ancha o conectividad casi en tiempo real.

Por otro lado, el espacio comienza a convertirse en un centro de observación terrestre decisivo. Compañías como Planet Labs, los Sentinel de Copernicus o Airbus operan en LEO porque cuanto más cerca está el satélite de la superficie, mejor resolución de imagen se consigue.

Según la Agencia de la Unión Europea para el Programa Espacial (EUSPA), la economía tras estos satélites que fotografían, rastrean, miden y analizan la superficie del planeta está en pleno auge. El mercado de observación de la Tierra sigue experimentando un crecimiento en los ingresos por datos y servicios, impulsado por la necesidad de eficiencia operativa en sectores como la agricultura, la energía y las materias primas, el clima y las infraestructuras. Se prevé que el mercado global de servicios derivados de la observación terrestre, que abarca tanto los ingresos por datos como los de servicios de valor añadido, crezca de 3.500 millones de euros en 2024 a 7.900 millones en 2034.

Asimismo, en este ámbito Europa tiene una posición de fortaleza. Según EUSPA, las empresas europeas controlan el 42% del mercado global de observación terrestre, prácticamente empatadas con las estadounidenses, que tienen el 41%. China, con toda su ambición espacial, apenas llega al 6%.

Más allá de su uso en la prevención de catástrofes, finanzas y seguros, el satélite de observación terrestre se ha convertido en una herramienta de gestión fundamental para la agricultura y ganadería, ayudando en el control de plagas, el seguimiento de las cabezas de ganado o de la biodiversidad. Según EUSPA, la agricultura concentra el 21% de los ingresos del mercado de observación terrestre, el sector más grande de todos.

Inteligencia artificial

Solo el catálogo de imágenes del programa Copernicus acumulado hasta hoy equivale, en tamaño, a toda la historia del cine en formato DVD.

Ahí es donde la inteligencia artificial se ha convertido en la pieza que faltaba. Las herramientas de procesado automático han revolucionado la capacidad de extraer valor de los datos geoespaciales. "En poco tiempo, la supervisión la hará el humano y el procesado grande, una IA; ahora es al revés", describe Fernández de la Peña.

Google y Microsoft llevan años construyendo plataformas de análisis geoespacial basadas en sus modelos de IA más avanzados. Google Earth AI es un conjunto de potentes modelos y conjuntos de datos geoespaciales que transforman ingentes volúmenes de datos planetarios complejos en información estratégica con la que tomar decisiones. "Un ejemplo muy potente es nuestra colaboración con la Oficina Regional para África de la Organización Mundial de la Salud. Están utilizando los modelos de población y medio ambiente de Earth AI, junto con sus propios conjuntos de datos, para predecir brotes de cólera en la República Democrática del Congo. Esto permite a los expertos en salud pública gestionar mejor las iniciativas de agua, saneamiento y vacunación para salvar vidas", explican desde Google.

Por su parte, Microsoft Planetary Computer es una plataforma en la nube diseñada para tratar, catalogar, almacenar y procesar volúmenes enormes de imágenes satelitales y otros datos geoespaciales, aplicando modelos avanzados de IA para obtener información procesable. Esto facilita, por ejemplo, monitorizar ecosistemas, modelizar cambios climáticos o mejorar la planificación urbana a partir de múltiples fuentes de datos como pueden ser satélites, drones o sensores.

Pero la siguiente frontera no está en aplicar IA en las imágenes que llegan a la tierra. La tendencia que ya dibuja el horizonte son los satélites con IA a bordo capaces de detectar un incendio forestal, una inundación o un movimiento de tierra sin necesidad de bajar los datos a una estación terrestre para su análisis.

Leonardo, la matriz italiana de Telespazio, trabaja ya en una constelación donde una parte importante del procesado ocurre a bordo. Y Elon Musk ha anunciado su intención de lanzar centros de datos al espacio para tomar decisiones desde allí.

Elon Musk, el rey del espacio

La carrera espacial también se ha convertido en un nuevo área de competición entre grandes compañías, especialmente en el sector de las comunicaciones. SpaceX, la compañía de Elon Musk, opera Starlink con más de 7.000 satélites en órbita baja y varios millones de usuarios en todo el mundo. Amazon, con su constelación LEO lleva años preparando su propia ofensiva satelital.

Ambas apuntan al mismo objetivo: ser la infraestructura de telecomunicaciones del planeta, especialmente en los millones de dispositivos que hoy no tienen cobertura terrestre fiable. Europa busca competir en este ámbito con RIS2, la constelación de 290 satélites multiórbita que la UE está construyendo para dar comunicaciones seguras y soberanas a gobiernos e instituciones, pero que lleva años de retraso frente al proyecto de Elon Musk.

En España, Jaume Sanpera, CEO de Sateliot, tiene claro que es imposible competir frente a estos gigantes, y asegura que "hay que ir a nichos de mercado. Nosotros nos hemos posicionado en IoT, donde Starlink no da servicio. No se puede hacer frente a una empresa como SpaceX".

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Fuente original: Leer en Expansión
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