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De la diplomacia a la embajada mundial de los clubes de playa: así es la dueña de Nikki Beach

De la diplomacia a la embajada mundial de los clubes de playa: así es la dueña de Nikki Beach
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Lucía Penrod trabajó como diplomática recién llegada a Miami hasta que la táctica de Jack Penrod la convenció para unirse a él. Juntos crearon Nikki Beach, bandera de los clubes de playa. Tras la muerte de él, esta nicaragüense la ondea en solitario. Leer
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  • NEREA SERRANO
Actualizado 28 MAR. 2026 - 00:01Lucía Penrod fundó junto a su marido el grupo Nikki Beach en 1998 en Miami.EXPANSION

Lucía Penrod trabajó como diplomática recién llegada a Miami hasta que la táctica de Jack Penrod la convenció para unirse a él. Juntos crearon Nikki Beach, bandera de los clubes de playa. Tras la muerte de él, esta nicaragüense la ondea en solitario.

Lucia Penrod no quiere decir su edad, pero "no por vanidad, sino por si, al saberla, alguien piensa que voy a vender la empresa". Así se excusa esta nicaragüense durante una videollamada que atiende desde Miami, la ciudad a la que se mudó en 1979 cuando aún era muy joven y ni imaginaba el imperio de los clubes de playa que iba a fundar casi veinte años después.

Su primera etapa en Estados Unidos la pasó trabajando en el cuerpo diplomático para los consulados de Corea del Sur y de Venezuela hasta que el empresario Jack Penrod le hizo una oferta para supervisar el Jockey Club de Miami que no podía rechazar.

El resto de su vida también es de película. Tras promover el Penrod's Beach Club de Ocean Drive y ser su directora de Márketing y Relaciones Públicas, Lucía y Jack se casaron en 1995 y tres años después asumieron una alianza aún mayor: fundar Nikki Beach Hospitality Group, una marca de clubes de playa, resorts, residencias y restaurantes con más de una veintena de espacios, cuatro de ellos en España (dos en Marbella, uno en Mallorca y otro en Ibiza).

En abril reabrirán sus espacios en España: dos en Marbella (en la imagen Nikki Beach Marbella), uno en Mallorca y otro en Ibiza.

El matrimonio levantó un fructífero negocio que, tras la enfermedad de Jack y su posterior fallecimiento, ha quedado en sus manos.

¿Es difícil liderar en solitario?Soy la CEO desde 2018 y cuando le diagnosticaron su enfermedad yo tomé las riendas. Los tres primeros años me entrenó, me animó y me dio la seguridad de que lo podía hacer. He descubierto que si te equivocas, no pasa nada, la vida no es perfecta, y que todos los días tenemos oportunidades; si algo no funciona, mejor dejarlo ir, porque te va a salir otra cosa.¿Ha sentido la responsabilidad de mantener su legado?No creamos Nikki Beach para que el mundo nos recordara durante generaciones. Nuestro negocio no es una responsabilidad, sino una alegría. Jack empezó de cero trabajando en un McDonald's y perdió a dos hijas. Él me enseñó que nadie sale vivo de esta vida, así que creamos un negocio cuyo objetivo no es sólo producir, sino dar de vuelta y que le gente te recuerde por eso.¿Cómo recuerda usted a su compañero de vida y de negocio?ra una persona muy sencilla que no se aferraba a cosas materiales; me fascinó. Además, mi marido nunca vio la vida con dificultad, sino como una aventura y me enseñó a ser menos cautelosa.Es un negocio hay que ser más aventurero o más cauteloso?Aunque yo le decía a Jack que era un Indiana Jones, a la hora de hacer inversiones era muy prudente. Yo tampoco voy a tomar riesgos.Ya arriesgó mucho mezclando vida personal y laboral. ¿Cuántas veces esa bicefalia acabó en cefalea?Él estaba centrado en la expansión y las operaciones y yo en la parte de márketing y comunicación, así que no nos pisábamos el uno al otro. Claro que de vez en cuando discutíamos en casa, pero él tenía fe en mí.Y usted la tuvo en él cuando dejó su carrera como diplomática para empezar a trabajar juntos en el club.Yo en ese momento quería ser wedding planner y también organizar eventos montando mi propia empresa, pero cuando Jack me preguntó que cuánto pensaba que iba a ganar el primer año como emprendedora y me lanzó su oferta, no me pude negar.Finalmente emprendió pero cambió las excentricidades de algunas novias por las del público que va de fiesta, ¿no?Nuestro concepto es una fiesta durante el día, no es un night club diurno como otros negocios. En estos últimos, los trabajadores tienen presión por vender botellas, pero yo no quiero que mi personal empuje para consumir más. Nikki no es un lugar donde vienes a picarte [beber en exceso], como dicen en mi tierra, sino a ponerte alegre y a celebrar.¿Se borra la sonrisa cuando tiene que encontrar personal?Aquí hay gente que lleva más de 20 años trabajando con nosotros y les considero como mi familia; no me ven como la jefa con la que no puedes hablar.¿Y cuándo habla con ellos qué detecta?Este es un trabajo en el que te tiene que gustar la gente, hacerles felices y sentirte orgulloso de serviles. Yo te puedo enseñar una tarea, pero esas ganas de vivir y esa chispa la tienes o no la tienes.¿Hacia dónde tiene dirigida la mecha el grupo?Jack decía que había que escuchar al cliente y darle siempre más de lo que está pidiendo. Además de los clubes Nikki Beach, tenemos la marca Lucía [abrieron en el hotel Don Carlos de Marbella] y creceremos con más hoteles. También llegaremos a la nieve con Nikki in the mountains.¿La guerra en Oriente Próximo puede deshacer sus planes?Hay que prepararse para cortar ciertos costes sin sacrificar el servicio y recordad que cuando dejaron de venir los rusos se suplieron con otras nacionalidades. Hay que tener un plan B y no quitarle la atención al negocio.¿No le tienta prestarle menos atención y ahorrarse estos quebraderos de cabeza? Además, tiene dos hijos gemelos de 24 años.Mi trabajo no es sentarme en un despacho a ver números, sino crear. El día que no quiera levantarme de la cama para ir a trabajar, tomaré otra decisión.¿Vendería entonces?No soy reticente a eso, pero tendría que ser a un comprador que entendiera nuestro modelo de negocio. Además, mi mayor recompensa es el orgullo que siento al ver la reacción de alguien cuando habla de su experiencia en Nikki Beach. En nuestros espacios no impera ni la política ni la religión, todas las ideologías y confesiones se juntan en armonía.Toda una reminiscencia a sus orígenes profesionales.Por la vía diplomática se pueden lograr muchos objetivos. Como decimos en Nicaragua, más se gana con azúcar que con vinagre.La Gloria apoya el nuevo CarabanchelElsa Schiaparelli, la diseñadora que convirtió el surrealismo de Dalí en modaJets privados para volar haciendo yoga o un viaje gastronómico Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
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