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Internacional

De Leningrado a San Petersburgo, el cambio de nombre que simboliza el ocaso de la URSS hace 35 años

De Leningrado a San Petersburgo, el cambio de nombre que simboliza el ocaso de la URSS hace 35 años
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Cuando Putin se consolidó en el poder inició un proceso para glorificar el pasado comunista mientras mantiene un sistema productivo capitalista
De Leningrado a San Petersburgo, el cambio de nombre que simboliza el ocaso de la URSS hace 35 años

Cuando Putin se consolidó en el poder inició un proceso para glorificar el pasado comunista mientras mantiene un sistema productivo capitalista

Regala esta noticia Añádenos en Google Un operario municipal de San Petersburgo limpia un busto de Lenin. (Efe)

Álex Bustos

Moscú

05/09/2026 a las 17:08h.

Si hay un personaje muy presente en la vida pública rusa es Vladímir Ilich Uliánov, más conocido por su alias, Lenin (hombre de hierro). Su ... cuerpo momificado está expuesto en un mausoleo en la céntrica Plaza Roja de Moscú. Sigue presente pese a que falleció en 1924. En estaciones de metro como Plaza Ilich, Biblioteca Lenin, Kievskaya y Plaza de la Revolución, hay mosaicos y bustos del líder revolucionario. Su importancia es tal que la segunda mayor metrópolis del país se llamó Leningrado (ciudad de Lenin) durante casi siete décadas. Eso cambió hace 35 años. El 6 de septiembre de 1991 se tomó la decisión de recuperar la denominación anterior, San Petersburgo. La modificación fue impulsada por una votación popular que las autoridades locales ratificaron. Supuso una señal de que el comunismo se estaba tambaleando y dando sus últimos coletazos. Uno de los que apoyaron la nueva nomenclatura fue Anatoli Sobchak, el padrino político del actual presidente, Vladímir Putin.

Durante la época de la Federación Rusa, el país quiso dar una imagen más moderna y cambió de bandera e himno

Durante los primeros años bajo la denominación de Federación Rusa, el gigante euroasiático buscó distanciarse de la época comunista y modernizarse. Cambió su bandera y su himno – luego lo recuperó tras modificar algunos versos–, y buscó una nueva identidad para separarla de la soviética. Ese proceso se vivió en las otras trece repúblicas que surgieron de la desintegración de la URSS. Algunas de ellas rechazaron totalmente cualquier vínculo con Moscú, mientras otras volvieron a abrazar símbolos comunistas.

Cuando Putin se afianzó en el poder, empezó una regresión. No solo fue una disminución de las libertades conseguidas a lo largo de los tormentosos años noventa, sino también una revisión del pasado. Hay una frase del actual jefe del Kremlin que sintetiza su postura respecto al pasado nacional: «Aquel que no lamenta el fin de la URSS no tiene corazón, el que quiere que vuelva no tiene cerebro».

Con el paso del tiempo, Rusia no ha recuperado ninguna de las garantías sociales que le daba el gobierno comunista, como el acceso a la vivienda gratuita o a la jubilación anticipada. En cambio, sí ha rescatado la glorificación del pasado, la censura de partes de la historia y un mayor control del Estado sobre el ciudadano. La ONG Memorial fue una de las grandes defensoras de las víctimas de la represión y los gulags. También fue la más crítica con la época del estalinismo por sus purgas y deportaciones de grupos étnicos completos. Durante años, esta entidad permitió recuperar la memoria de quienes sufrieron las represalias pero las autoridades rusas en 2021 la prohibieron como ONG y en 2026 la añadieron a la lista de 'organizaciones extremistas', una etiqueta que comparte con grupos terroristas como el Estado Islámico.

El legado soviético ha ganado peso en lo que va de siglo XXI. El Día de la Victoria, que comenzó a celebrarse en 1995 para honrar a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en la gran efeméride, en la conmemoración de la derrota de la Alemania nazi en la 'Gran Guerra Patriótica'. En 2008 se escenificó la primera gran demostración de músculo geopolítico con el paso de tanques, misiles balísticos intercontinentales y exhibiciones aéreas bajo la atenta mirada de Putin desde el palco. El mensaje de Rusia como país que lucha contra el fascismo forma parte de la retórica que se recuperó para justificar la invasión de Ucrania. La propaganda hace paralelismos entre esa época y el conflicto actual con Kiev. Legitima así las hostilidades y motiva a sus tropas para que sigan combatiendo.

De Stalingrado a Volgogrado

Para mantener vivo ese legado la ciudad de Volgogrado (antigua Stalingrado) cambia su nombre de forma oficial y simbólica cada año durante diez días. Iósif Dzhugashvili, más conocido como Stalin (hombre de acero), tuvo un liderazgo con muchos altibajos. Consiguió industrializar un país que era mayoritariamente agrario e incluso sentar las bases para que pudiera participar en la carrera espacial contra Estados Unidos en los años 60 del pasado siglo. Lideró la URSS durante la principal invasión de los últimos cinco siglos y consiguió derrotar al monstruo nazi. Mientras estuvo al mando, su imagen lo ocupó todo. Cuando murió (1953), el país llevó a cabo un proceso de 'desestalinización'. Por ello, la mayoría de referencias al georgiano se eliminaron de la vida pública y su momia, que acompañaba a la de su camarada revolucionario en la Plaza Roja, fue enterrada. Actualmente solo en unas pocas ubicaciones, como el jardín del mausoleo de Lenin y la estación de Taganskaya, se pueden ver representaciones de él.

A pesar de todos los crímenes que le achacan, la popularidad de Stalin está hoy en auge. Según estadísticas de centros de opinión como el Centro Levada – tildado de 'agente extranjero' por las autoridades rusas-, el porcentaje de ciudadanos que ven el papel histórico del 'hombre de acero' como positivo ha aumentado hasta oscilar entre el 60% y el 70%. La restitución simbólica de su legado, según apuntan los expertos, tiene conexión con la actualidad. «Las opiniones favorables hacia Stalin crecen influidas por la aprobación a Vladímir Putin, quien ha promovido activamente la rehabilitación de su legado para apuntalar su gobierno personalista y justificar agendas revisionistas en el extranjero», apunta un estudio sobre memoria histórica publicado en la revista 'Political Research Quarterly'.

El actual presidente ya es uno de los líderes que más tiempo se ha mantenido al timón de la historia de Rusia, con más de un cuarto de siglo en el poder. Los cambios legales permiten al jefe del Kremlin permanecer en el cargo hasta 2036, con lo que superaría los 29 años de mandato de Stalin.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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