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De loba a Ave Fénix: el resurgir de Shakira y su dueto con Alejandro Sanz en 'La Tortura' reactivan nostalgias en Madrid

De loba a Ave Fénix: el resurgir de Shakira y su dueto con Alejandro Sanz en 'La Tortura' reactivan nostalgias en Madrid
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Este fin de semana, la cantante seguirá haciendo a la capital estallar de emoción desde Macondo, la residencia de su gira LMYNL. Más información: El 'efecto Shakira' en Madrid: cómo un desamor se convirtió en un parque temático con un impacto de 250 millones

Shakira, en uno de sus conciertos este septiembre en Madrid. Cedida Nicolas Gerardin

Protagonistas De loba a Ave Fénix: el resurgir de Shakira y su dueto con Alejandro Sanz en 'La Tortura' reactivan nostalgias en Madrid

Este fin de semana, la cantante seguirá haciendo a la capital estallar de emoción desde Macondo, la residencia de su gira LMYNL.

Más información: El 'efecto Shakira' en Madrid: cómo un desamor se convirtió en un parque temático con un impacto de 250 millones

Publicada 26 septiembre 2026 19:48h Actualizada 27 septiembre 2026 02:22h Síguenos

"Estamos ante una jovencita que tiene un talento extraordinario. Su nombre y su apellido es todo extraño: Shakira Mebarak". Así arrancaba en 1987 la grabación de la primera entrevista de la loba de Barranquilla. Entonces apenas tenía 11 años, llevaba un par cantando y algunos más disfrutando del baile, la que fuera su primera pasión.

Casi cuatro décadas después, aquella niña de pelo negro y cejas pobladas ha montado en Madrid una ciudad a su medida para cerrar la etapa europea de su gira. Macondo Park, el recinto efímero levantado en Villaverde para su residencia, suma unos 30 hectáreas, pabellones temáticos, propuestas de gastronomía, moda, cultura y entretenimiento…

También zonas VIP y una programación pensada para ocupar la jornada entera antes de que empiece el concierto en el Estadio Shakira, con capacidad para cerca de 50.000 personas por noche. La artista tiene previstas 12 actuaciones en Madrid entre septiembre y octubre, lo que podría llegar a reunir a alrededor de 600.000 espectadores. Se dice pronto.

Entramos en Macondo Park, el descomunal estadio de Shakira: pabellones temáticos y zona VIP al estilo terminal de aeropuerto

La capital acoge estos días la única parada en el continente de la residencia y llega después de una gira que, según Forbes, ha vendido 3,3 millones de entradas y ha recaudado 421,6 millones de dólares. Con esa cifra, Las Mujeres Ya No Lloran se ha situado como la gira latina más taquillera, por encima de los 409,5 millones de Luis Miguel en 2023 y 2024.

A sus 49 años, Shakira cuenta con más de tres décadas de carrera, 95 millones de discos vendidos, cuatro premios Grammy, 15 Latin Grammy, 27.000 millones de reproducciones en YouTube y 14 récords Guinness. Este verano, además, volvió al Mundial de Fútbol 16 años después de Waka Waka, con Dai Dai, la canción oficial interpretada junto a Burna Boy.

El cuarto show de la residencia comenzó antes de que Shakira pisara el escenario. La cantante apareció caminando hacia él, escoltada por su equipo. Era su camino hacia la gloria, o hacia el ringdonde inevitablemente le tocaría volver a pelearse con algunos de sus fantasmas, rodeada de móviles que la grababan y de pulseras que se iluminaban a su paso.

La cantante Shakira durante el primero de sus conciertos en el Macondo Park del Recinto Iberdrola Music, en Madrid. Juanjo Martín EFE

Después entraron los primeros hits:La fuerte, Girl Like Me, Estoy aquí... En unos minutos, el público entendió que no iba (sólo) a asistir a una revisión de grandes éxitos. Este es unespectáculo que pasa por casi todas las Shakiras posibles: la loba, la rabiosa, la torturada, la guitarrista, la batería, la bailarina… la cantante total.

La de Pies descalzos, con su pelo oscuro y letras que entonces parecían demasiado densas para una adolescente, aparecía frente a la Shakira apasionada de Suerte,y a ellas se les sumaba la estrella de videoclips dosmileros que para siempre quedarán grabados en la retina. También la mujer sabia que hoy arranca gritos de despecho con Te felicito y TQG.

Y así sucesivamente. En una canción se asomaba la chica de pantalones de cuero que se echó un novio madrileño pero con el que la cosa no acabó llegando a más; en otra, la que se unió a Rihanna para regalarnos la colaboración más sensual de 2014; y, de forma recurrente, la que convirtió una ruptura tormentosa en una máquina de hacer dinero.

Encadenaba temas con humildad, a un ritmo que parecía inhumano. "¿Esta mujer no tiene agujetas?", se preguntó una asistente. "¡Las voy a tener yo mañana de verla!", gritó otra, por aportar el tono jocoso a una cita en la que también se observaban ojos vidriosos mientras resonaban de fondo los "¡Te quiero!" en todo tipo de idiomas y acentos.

La gente cantó a todo pulmón Pies descalzos, sueños blancos, Antología y Te dejo Madrid con Ojos así, Suerte, Hips Don’t Lie, Chantaje, Loca, Soltera, Waka Waka y la sesión #53 con Bizarrap que, como bien me adelantaban los conocedores de la setlist, dejaría para el final.

Shakira no intenta que las canciones suenen actuales ni disimula la distancia entre etapas. De hecho, la celebra. La gracia está en ver cómo ella metamorfosea, porque eso nos sirve de declaración de intenciones. Es su forma de decirnos: "Señores, llevo aquí 30 años y no tendré ningún inconveniente en quedarme unos cuantos más".

También se notó en la puesta en escena el peso de las referencias de una artista que ha flirteado con distintas culturas. Durante Hips Don’t Lie entraron elementos de mapalé; en Waka Waka, que volvió a ser uno de los grandes estallidos de la noche, aparecieron pasos de champeta y guiños a los ritmos africanos y caribeños de la canción.

Shakira con uno de los múltiples 'looks' lucidos durante el espectáculo. Ricardo Rubio Europa Press

Las coreografías, los cambios de vestuario y el hilo narrativo construido a base de escenas creadas con CGI e IA —quizá algo excesivas, dado el momento en el que nos encontramos— de ella misma mutando en sirena, en loba, en un rostro cuyas lágrimas se convierten en diamantes que se rompen al estallar contra el suelo, convirtieron el showen un festín de estímulos.

Claramente hubo guiños a su estado sentimental. Antes de Soltera, pidió a los asistentes sin pareja que levantaran la mano. El público respondió. ¿Bienvenidos al Tinder de antes?Ella prefirió lanzar un breve mensaje. "Lo más importante es sentirse verdaderamente libre porque el amor por otro es muy bonito, pero yo creo que el más bonito es el propio", dijo.

La pista, por supuesto, respondió con vitoreos en una noche idílica de otoño —con temperaturas estivales— en la que abundaban amigas que habían ido juntas, familias, parejas y grupos de personas que llevaban toda la tarde recorriendo Macondo.

Entre los últimos estaba L'Oréal España, que metió a esta servidora en un autobús junto a una veintena de periodistas y le dio la oportunidad de conocer desde dentro el megaparque de atracciones de Shakira en Madrid. Una vez más, el grupo se reafirmó con hechos en su defensa de la intersección entre cosmética y cultura.

Unas horas antes del concierto, el viernes parecía estar llegando a su fin en su sede en Alcalá 546. Bajo el título La belleza que mueve el mundo: impacto, ciencia y confianza, la compañía reunió a miembros de su dirección en España y Portugal y a expertos para hablar de los retos actuales del sector, que desgranaremos en unos días en Magas.

Lo que no nos habríamos creído de no ser porque así lo indicaba la invitación es que, tras las ponencias, el grupo acabaría poniendo rumbo a Villaverde. El plan eraterminar una tarde debeauty tech, ciencia y datos asistiendo a uno de los mayores espectáculospopdelmomento.

Volviendo al show, el momento más íntimo se produjo antes de Acróstico. Sobre el escenario apareció una animación de una loba con dos cachorros. Primero eran pequeños y caminaban junto a ella; después crecían. Era la introducción al tema que dedicó a Milan y Sasha, que aparecieron en pantalla para poner voz al tema, como hicieron en la grabación original.

Es una de las pocas pausas reales de un espectáculo que se nutre de la energía y la acumulación de hits. La cantante se queda más expuesta, la coreografía desaparece y el público baja el volumen, aunque termina acompañando el estribillo con las linternas de los móviles encendidas.

Pero la presencia de sus dos hijos, sus pequeños confidentes, no se limita a esa canción, y es que dentro de Macondo Park hay incluso una zona infantil y familiar denominada Macondito en la que Milan y Sasha han colaborado en el diseño y la selección de experiencias.

Shakira está presentando un espectáculo de estadio, con una estructura que prevé llevar a medio millón de personas a Villaverde, pero ha querido incorporar de forma visible la maternidad a su universo efímero. Sus niños tienen un papel clave en la concepción del recinto que lleva el nombre del pueblo ficticio de Cien años de soledad.

La gran sorpresa del viernes llegó con un invitado de excepción, Alejandro Sanz. Los primeros acordes de La tortura bastaron para que el público se viniera arriba antes incluso de que el madrileño saliera. Cuando apareció, no hubo ni presentaciones ni intentos de contextualizar una colaboración que no lo necesita porque cumple ya 21 años.

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La gente reconoció el tema desde el primer segundo y cantó ambas partes. El de Moratalaz y la de Barranquilla no alargaron el dueto con discurso alguno, lo que causó sorpresas en un público que quizás habría querido que él se quedara más sobre el escenario.

Sin embargo, el momento era de ella, así que al César lo que es del César: interpretaron la canción, se despidieron y él se retiró mientras el resto de mortales nos quedábamos en el sitio repitiendo mentalmente el estribillo, esperando que la estrella se apiadara de nosotros y nos diera un minuto de respiro para procesar lo ocurrido. Pero no. The show must go on.

"Shaki, tú tienes una cosa que no se aprende ni se explica. Sales ahí y el universo se desordena un poquito para mirarte. Magia, música y orgullo latino, que cuando late, se escucha en todas partes. Te quiero. Auuuúuuuu 🐺❤️", le dedicaba él horas después en sus redes sociales.

La tortura situó de golpe a mucha gente en 2005. Para unos es una canción que escucharon cuando salió; para otros, un clásico que han heredado en casa, en fiestas o a través de las benditas plataformas. El concierto la colocó en medio de canciones nuevas para demostrar que aún puede funcionar ante 50.000 personas sin que nadie necesite mirar la letra.

Entramos en Macondo Park, el descomunal estadio de Shakira: pabellones temáticos y zona VIP al estilo terminal de aeropuerto

ConWaka Waka ocurre algo similar, aunque en España el tema nos toca de forma particular. Quedó asociado al Mundial de Sudáfrica, a los balcones llenos de banderas por el triunfo de La Roja. Yo recuerdo disfrutar con furor (y con el patriotismo que cabe de esperarse de una niña de 10 años) aquel verano. Vivía con la sensación de que todo, la vida incluida, era un juego.

Este año volví a pintarme la cara con las ceras que compró mi amiga y por unas horas me sentí otra vez una cría. Pero anoche no pude evitar, y tal vez no fuera la única, pensar en aquellas personas que me acompañaban hace 16 años y hoy no pueden hacerlo. Mi abuelo era más de Nino Bravo que de Shakira, quede eso por descontado, pero anoche me acordé de él.

Es el otro 'fenómeno Shakira' que no se evalúa con cifras meteóricas de venta. Sus canciones nos devuelven al pasado, a personas y a casas que quizá no son como antes. A los niños que cantaban sin pensar en el futuro. Y, dicho sea de paso, sin barreras, sin racismo y sin la polarización que amenaza con cebarse con nuestra inocencia cuando nos hacemos mayores.

  1. Cantantes
  2. Shakira
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