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Economía

De los ordenadores a la inteligencia artificial

De los ordenadores a la inteligencia artificial
Artículo Completo 1,042 palabras
El progreso técnico y tecnológico explica el crecimiento en la economía de Occidente. Leer
Cuarenta años de economíaDe los ordenadores a la inteligencia artificial
  • FRANCISCO CABRILLO
Actualizado 14 JUL. 2026 - 00:01Alan Turing fue un pionero en el desarrollo de la inteligencia artificial.

El progreso técnico y tecnológico explica el crecimiento en la economía de Occidente.

El crecimiento sostenido de la renta per cápita y la mejora del nivel de vida que vienen experimentando las economías de los países de Occidente desde hace más de dos siglos están estrechamente ligados a mejoras en la productividad. Y éstas, a su vez, son consecuencia, en buena medida, del progreso técnico y de la creación de un marco legal e institucional, que ha permitido la incorporación de aquél a los procesos de producción y distribución de bienes y servicios.

A lo largo de la historia, han ido surgiendo inventos, cuya aplicación a la industria y al transporte han significado cambios sustanciales en la actividad económica y han acelerado los procesos de destrucción creativa schumpeteriana en los que se basa la economía de mercado. Nuevas técnicas -y nuevos sectores- sustituyen, con ventaja, a los antiguos y elevan la productividad, la renta y el nivel de bienestar.

Si la máquina de vapor fue el fundamento de la primera revolución industrial y de los ferrocarriles, la electricidad, el motor de gasolina, el teléfono, el avión, la energía atómica...y muchos otros inventos fueron los protagonistas del desarrollo económico del siglo XX. Y no cabe duda de que la característica más relevante del progreso técnico de las últimas décadas es el uso generalizado de la informática y los ordenadores.

Sin ellos no es concebible la economía y la sociedad de hoy. Desde el primer momento los economistas pensaron, con toda lógica, que su utilización masiva tendría como efecto un crecimiento espectacular de la productividad. Pero, para sorpresa de la mayoría, no todos los datos confirmaron tal predicción. Y ya en la década de 1980 se observó que la productividad no experimentaba el aumento esperado; hasta tal punto que, los economistas llegaron a crear un término para definir este fenómeno: "La paradoja de la productividad"

Robert Solow planteó una cuestión que sería ampliamente debatida durante bastante tiempo: "Notamos la presencia de los ordenadores en todas partes... excepto en las estadísticas de productividad". Hoy, casi cuarenta años más tarde, seguimos sin encontrar una explicación concluyente de esta paradoja. Lo más probable es que nos enfrentemos a un serio problema de medición, tanto en lo referido a los factores de producción como a los productos elaborados y a los nuevos servicios que ofrece el mercado.

Aunque el concepto de productividad parece simple, en realidad es muy complejo; y plantea muchas incertidumbres cuando se introducen nuevas tecnologías en los procesos productivos. Y esta dificultad aumenta cuando el peso relativo de la industria en el PIB se reduce de forma significativa y aumenta, en cambio, el de los servicios.

Pero no todos los economistas están de acuerdo en que se trata, básicamente, de una cuestión de medición. Muchas explicaciones de mayor contenido teórico han sido puestas sobre la mesa; si bien, hasta ahora no se ha encontrado la evidencia empírica que las confirme.

Una de ellas, que puede encajar en la microeconomía convencional, se centra en el principio de los rendimientos decrecientes. En esencia, establece que, cuando la utilización de un factor aumenta en mayor grado que la de los demás factores, los rendimientos de aquél tienden a caer. Y la pregunta es: una vez alcanzado un nivel en el desarrollo de la informática y la automatización, ¿habremos llegado al punto -al menos temporal- de rendimientos decrecientes?

No se habían resuelto estos debates sobre progreso técnico y productividad cuando una nueva revolución tecnológica obligó a replantear de nuevo todo el problema. Se trata, naturalmente, de la aparición y los primeros desarrollos de la inteligencia artificial. Si se entiende el término en sentido amplio, la historia de la inteligencia artificial es larga; y se cita, a menudo, como uno de sus primeros antecedentes un trabajo pionero sobre la capacidad de pensar que podrían tener las máquinas firmado por el matemático británico Alan Turing en 1950. Pero su gran salto adelante no tuvo lugar hasta la década de 2020 con el desarrollo de GPT y otros avances técnicos.

Desde el punto de vista de la economía, la cuestión más relevante es, sin duda, hasta qué punto la inteligencia artificial va a cambiar las estructuras de producción y consumo en los años venideros. Y, como ha ocurrido siempre que ha tenido lugar una revolución tecnológica, hay visiones optimistas y pesimistas del fenómeno.

No cabe duda de que sus aplicaciones son amplísimas y de que puede tener efectos muy positivos para el progreso económico. Pero se plantean también dudas sobre posibles efectos indeseables, en especial en relación con el papel de los trabajadores en la nueva economía. Nada nuevo, por otra parte, ya que tales cuestiones se han debatido cada vez que ha surgido una revolución tecnológica, desde la máquina de vapor hasta nuestros días.

Y otro factor relevante a destacar. Como ha sucedido siempre también, las nuevas tecnologías no se desarrollan y extienden por igual en todas las partes del mundo. Pero en este caso hay una razón para que los europeos estemos preocupados: o mucho cambian las cosas o nuestro continente va a quedar relegado a un puesto secundario en la expansión de esta nueva tecnología.

Francisco Cabrillo es catedrático emérito de Economía de la Universidad Complutense. Fundación Civismo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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