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Gonzalo de los Santos, ayer en URUfit, el gimnasio que regenta junto al Camino Nuevo desde 2019 en Málaga, donde reside. MARILÚ BÁEZ De los Santos: «En el verde se nota en este Málaga la misma alegría que en nuestro ascenso»«Esta es la temporada en la que el club está haciendo mejor las cosas, porque hay un proyecto deportivo y un lenguaje común», afirma el exfutbolista del cuadro de Martiricos, que fue campeón de Segunda en la 1998-99
Málaga
Viernes, 17 de abril 2026, 07:04
... regenta desde 2019 junto al Camino Nuevo, un éxito de público vecino en una época de culto al cuerpo y de vida sana. El uruguayo analiza la estupenda campaña del Málaga, que guarda ciertos paralelismos, con aquella 1998-99 de la que disfrutó subiendo a Primera a las órdenes de Joaquín Peiró.-Usted creció en Salto. ¿Es muy diferente?
-Es la segunda ciudad de Uruguay, pero es pequeña. Casi todo radica en Montevideo. Lo que tiene Salto es mucho turismo. Es una ciudad muy linda. Sacó grandes futbolistas como Pedro Virgilio Rocha, José Batlle Perdomo, Luis Suárez, Edinson Cavani, el ciclista Federico Moreira, el jugador de baloncesto Chumbo Arrestia. Es una ciudad pequeña (120.000 habitantes), pero claro, es algo que todo el mundo se pregunta, cómo hace Uruguay y, después, Salto para generar tantos deportistas que tengan éxito.
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MARILÚ BÁEZ-Repasando su carrera, ¿fue la etapa de Málaga la más feliz?
-Sí. Fue un poco consecuencia de la edad también, de conocer a mi futura esposa, y que también se dio rendimiento deportivo. Salimos campeones en Segunda, que fue impresionante, y dos años de Primera División. Todo el mundo habla de esa época, porque disfrutábamos mucho en la cancha, con un Joaquín Peiró al mando de ese barco, un entrenador que le daba libertad al grupo, flexibilidad táctica al equipo. Jugábamos de local y de visitante de la misma manera.
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De los Santos, en la fachadade su gimnasio, junto al Camino Nuevo. MARILÚ BÁEZ -¿Y del Atlético de Madrid?
-Fue una etapa brillante para mí. Un año solo, pero que pareció que hubiesen sido seis. Te brinda una pasión al escudo y a ese equipo, que fácilmente ya entras a quererlo. La gente en los entrenamientos, en el estadio, en el campo, es una gente que sufre, que vive por y para su equipo, y compartí habitación con Simeone, que pasó a jugar de defensa central, porque Gregorio Manzano me ponía a mí de 'pivote'. Me hubiese gustado seguir, porque es un club que me marcó mucho, pero no cumplimos los objetivos de entrar a Europa. Ranieri me volvió a pedir para el Valencia, y logramos la Supercopa de Europa ante el Oporto.
-¿Cómo fue ese momento de concentración de pretemporada en Holanda con el Málaga cuando dejó por fin el equipo para irse al Valencia?
-Nosotros viajamos para Holanda el lunes por la mañana y se cerró todo muy rápido. Pero el domingo por la noche estaba totalmente frenado el fichaje porque había algo que a mí no me terminaba de convencer en el contrato. El Málaga quería traspasarme porque le venía muy bien en el tema económico para su futuro y, para aquellos años era un muy buen valor. A la vez, venía Gerardo, que era parte de la operación y rindió muchísimo aquí en el Málaga. Cuando llego al hotel me encontré con 40 periodistas y fotógrafos de Valencia, como si el fichaje ya se hubiese hecho a mis espaldas. Entonces me escondía con Darío Silva y Dely Valdés tomando mate... y a las doce menos cuarto de la noche el míster, Peiró, me golpeó a la puerta y me dio un abrazo sin decirme nada. Y le digo «¿qué pasó, míster?». «Ya está todo hecho. Te agradezco haber estado aquí con nosotros y haber dejado todo por este club. Muchas gracias por todo...», me dijo. A él se lo comunicaron porque no quería que me fuera. Hubo algunas lágrimas también porque era una persona muy entrañable, un líder a través de lo humano, no de lo táctico y estratégico, y así hizo crecer al grupo.
«Me la comunicó Peiró a las doce menos cuarto de la noche en una concentración de pretemporada en Holanda, y nos dimos un abrazo; él no quería que me fuera»
Sobre su salida el Málaga
-¿Recuerda alguna anécdota con él?
-Sí. En Lanjarón le hicimos una broma. Estábamos comiendo y envolvimos a Movilla entre varios y lo dejamos en la cama del míster. Cuando llegó a la habitación se encontró una momia. «¡Míster, soy yo!», le decía Movilla. Y él no se lo creía. Salió cabreado. Se puso colorado enseguida, como era él. Dijo, «¿quién fue el cabrón que hizo eso?» Lo que pasa que Movilla era un punto para las bromas. Físicamente era un portento. Cada vez que hacíamos la pretemporada, siempre iba primero tirando del grupo. Y le decíamos «bajá el ritmo, por favor, baja el ritmo». Imagínese: me tocaba en el grupo de Movilla, de Valcarce, de Rufete, de los que realmente tenían mucho aire. Y yo medía uno noventa...
-Usted debió de ser uno de los uruguayos menos duros que hemos conocido en el césped...
-Bueno, he recibido tarjetas, muchas tarjetas amarillas en mi carrera, rojas pocas. Siempre utilicé mucho la falta táctica como recurso ante una posible 'contra' de un equipo rival. Recuerdo un partido contra el Barcelona en La Rosaleda en el que Peiró me mandó marcar a Rivaldo. Antes del partido me dijo: «Hoy vamos a jugar diez contra diez». Y yo le dije, «¿por qué, míster?» «Rivaldo no juega y usted no va a jugar tampoco». Y entonces le dije: «¿Pero no voy a entrar...». «Sí, sí va a entrar, pero no va a jugar, porque lo va a seguir. Cuando salga del vestuario ya usted tiene que seguirle». Y bueno, no la tocó Rivaldo, pero no disfruté de ese partido. Claro que cuando te toca marcar un Balón de Oro... Tenías que tener un sexto sentido puesto, porque en realidad era un futbolista que marcaba la diferencia y era el mejor jugador de España en ese momento.
«Le diría que si no se puede ascender a Primera División, que no se olvide de todo lo bueno que se creó esta temporada»
Un mensaje a la afición malaguista
-¿Qué le dice la ciudad de Busan, en Corea?
-Que estuvimos concentrados ahí en el Mundial de 2022. Me acuerdo de una fábrica enorme rodeada de campo de arroz. Fue un sueño hecho realidad poder defender a mi país en una Copa del Mundo.
-Pero fue sólo un partido, ¿no?
-Sí, contra Francia, que entré en la segunda parte, pero más allá de lo que haya actuado, jugué muchísimo durante la clasificación, pero en el Mundial el centro del campo fue otro. Lo disfruté mucho. Teníamos equipo para no haber quedado eliminado en la primera fase, y lamentablemente sucedió eso.
-¿Se queda con un momento de su carrera?
-Creo que el combo perfecto de un futbolista es la felicidad en el terreno de juego y ganar títulos para crecer en jerarquía, que es una mochila de experiencia que te dan los años. En el fútbol las jerarquías pueden ser títulos o una carrera muy larga como la mía. En Valencia me permitió ganar títulos, con el Málaga gané el de Segunda y los gané con Peñarol también, donde debuté a los 18 años en un equipo gigante, el más grande de mi país, de los más grandes de América y del mundo. Logré eso y debutar a los 18 o 19 años en la selección absoluta de mi país, participar en un Mundial, y disfrutar doce años en Europa...
«La gestión deportiva es lo que me mueve. Me gusta la táctica y la estrategia, pero más desde el punto de vista del análisis. Voy más para ese lado que el entrenamiento en sí»
Su futuro después de la retirada
-Y tras el fútbol, ¿qué? Le hemos visto hacer muchas cosas, incluso de intermediario...
-Sí, acabé en 2010. Decidí colgar las botas en Peñarol, empezar y terminar mi carrera en el mismo club. Había hecho un curso de dirección y gestión de entidades deportivas mientras era futbolista para prepararme, y fui entrenador de Primera División de Miramar Misiones, en Uruguay. Después fui dos años director deportivo del Peñarol. La gestión deportiva es lo que me mueve. Me gusta la táctica y la estrategia, pero más desde el punto de vista del análisis. Voy más para ese lado que el entrenamiento en sí. Y cuando me vine para Europa, estuve un año de intermediario, ayudando a gente que venía desde Sudamérica. Los representantes me llamaban, pero nunca fui un agente. Ahora ya estoy en otras cosas. Me gusta ver fútbol en la televisión. Si voy a un estadio muchas veces me pierdo una repetición de una jugada o algo, y he estado en diferentes medios analizando fútbol, como en Pasión del Plata, una radio uruguaya de Madrid. Estuve cubriendo los dos partidos de Uruguay de la fecha FIFA, contra Inglaterra y contra Argelia. Y el próximo Mundial, si Dios quiere, tengo que ir a cubrir la selección de mi país.
-Cambiemos de tercio. ¿Cómo ve al Málaga actual?
-Yo lo veo bien, pero no en el verde solamente. En el verde es lo que ven todos los aficionados. Pero para que eso se vea así tiene que haber algo detrás. Y yo creo que es la temporada que el Málaga quizás está haciendo mejor las cosas detrás. Hablo de la gestión, de un proyecto deportivo, de un lenguaje común entre la gestión administrativa y la deportiva. Cuando eso se une con la afición, después en el verde no puede fallar. Porque Funes, el entrenador, es muy buen técnico, con todas las dudas que generaba cuando se lo nombró. Supo manejar el grupo de una manera en que le dio libertad. Quizás se había cumplido una etapa, porque lo que dicen los resultados es que desde que está Funes el fútbol, en casa o fuera, se siente de una misma manera. De hecho, en el último partido, contra Las Palmas, faltaban dos futbolistas titularísimos, Larrubia y Dani Lorenzo, y el equipo no lo sintió. Eso es que hay un trabajo de banquillo muy bueno.
«Es un futbolista que nunca pierde la posición, que permite que Daniel Lorenzo o Dotor tengan esa libertad. Está haciendo un gran trabajo. Está muy bien plantado»
Izan Merino, su sucesor en el Málaga
-La diferencia fundamental respecto a su Málaga que subió a Primera es que este es un proyecto totalmente de cantera, y hay una ciudad deportiva.
-Yo creo que en el verde se nota la misma alegría. El mismo fútbol que le entregábamos en aquel año de Segunda, que fue un fútbol de alto rendimiento. Hoy hay una ciudad deportiva, cosa que aplaudo porque el Málaga merece eso y mucho más, y hay un proyecto de cantera, que no significa solamente trabajar bien en la cantera, sino darle participación cuando la ocasión lo requiere, sin temor a aquellos futbolistas que ya están preparados. Porque si no se prueban los futbolistas de cantera es muy difícil que puedan tener una medición respecto a su rendimiento actual y a lo que le pueden dar al equipo.
-El De los Santos de aquella temporada sería el Izan Merino de esta, ¿no?
-Sí, porque es un futbolista que nunca pierde la posición, que permite que Daniel Lorenzo o Ramón, que apareció el otro día o quien juegue con él de pareja, tengan esa libertad. En aquellos años jugué con Movilla o con Sandro y siempre sabían que estaba detrás, para los balones aéreos, y que ese triángulo entre los dos defensas y el medio centro nunca podía fallar. Es la base del equipo a nivel defensivo. Nunca puedes salir para los costados. Merino está haciendo un gran trabajo. Está muy bien plantado y hace algo que entonces no se usaba mucho, meterse entre los centrales para sacar el balón jugado. En aquella época era inviable.
«No significa solamente trabajarla bien, sino darle participación cuando la ocasión lo requiere, sin temor respecto a aquellos futbolistas que ya están preparados»
El proyecto de cantera del Málaga
-Faltan siete jornadas y el Málaga está a un punto del ascenso directo. ¿Hay tanta diferencia entre eso o tratar de subir vía 'play-off'?
-No los he jugado, pero sí los he visto en el estadio o en televisión. Quizás el equipo que estuvo tan cerca de subir se desmotiva con los 'play-off'. Entonces ahí está el manejo del grupo por parte del entrenador en el caso de que no se pueda ascender directamente. Y le diría a los malaguistas, que son un pedazo de afición, que si mañana no se puede ascender, que no se olvide de todo lo bueno que se creó esta temporada. Es la base que tiene que servir para todos los años, se ascienda o no se ascienda.
-En su carrera tuvo muchos entrenadores. No sé si piensa que es más importante que maneje el grupo a que domine la táctica perfectamente.
-Yo los tuve de todos los tipos. Por ejemplo, Rafa Benítez era la antítesis de Don Joaquín Peiró, y para mí son dos pedazos de entrenador. Peiró en aquel Málaga era lo que nosotros necesitábamos en ese momento a raíz de su experiencia de ser un futbolista de élite en sus años. Nos transmitió su mensaje y nosotros lo defendimos. Benítez, obseso de la táctica y de la estrategia, repetía la jugada en los entrenamientos, los movimientos tácticos, las acciones a balón parado, y llegaba un momento que te cansaba psicológicamente, pero fue la mejor época de la historia de Valencia. Si me pregunta, diría que tiene que ser un mix.
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