El reloj de la Puerta del Sol marca las 03.17 horas de la madrugada cuando Claudia (26 años) se pone a cortar una caja de cartón con su manojo de llaves. Es probablemente el mismo que habría agitado al aire para hacerlo tintinear en señal de protesta durante la manifestación por la vivienda que este sábado desembocó en una gran acampada en el kilómetro cero de Madrid. "Estamos poco preparados, pero mañana lo haremos mejor", se entusiasma. Aspira a que esta reedición del 15-M de la que forma parte no sea corta.
"Si te fijas, el círculo es más grande porque cada vez va llegando más gente", explica sobre el grupo de 15 jóvenes que se sientan sobre las esterillas que han improvisado. Sucede lo mismo con las tiendas de campaña, que emergen como champiñones sobre el asfalto a medida que avanza la noche. "Necesitamos algo a lo que agarrarnos, que nos haga despertar. Una gran parte de la juventud se siente huérfana con la política", explica uno de sus amigos.
Cientos de personas se congregan desde las diez de la noche a las faldas de la Puerta del Sol, después de que el Sindicato de Inquilinas llamara a acampar en la explanada al término de la manifestación por la vivienda que habían convocado. A todos los vigila su símbolo de unidad. Literalmente. Los acampados ha levantado una pequeña estructura para proyectar el holograma de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 desahuciada el pasado miércoles, sobre la Real Casa de Correos. "Ella es la gota que colma el vaso", coincide otra chica para la que la desazón "va más allá de la vivienda".
"Las instituciones hacen aguas, no nos toman en serio. La sensación es que ni nos gobiernan los mejores, ni la oposición es la mejor", se explaya otro de estos jóvenes intentando explicar qué les ha movido a acampar. "Nos hemos calentado y hemos dicho: ¡A Sol!".
Aunque la acción está dirigida, la improvisación atraviesa toda la acampada y el ambiente festivo y la euforia nostálgica mantienen a todo el mundo despierto. En el suelo hay bolsas y cajas de take away -había que cenar- así como latas de cerveza u otros víveres para mantener abastecido al campamento. Entre la juventud se cuela algún que otro nostálgico de una etapa anterior, haciendo de la concentración algo transversal.
"Hay un descontento muy generalizado. No tiene sentido que la gente se gaste tanto dinero en algo normal como vivir en una casa", prosigue Claudia. "Pensaban que íbamos a estar parados, pero nos vamos a subir a esta ola. Nos agarraremos con uñas y dientes".