El crucigrama ya no es lo más 'cool' para matar el rato bajo la sombrilla. Tampoco meterse en TikTok. Este año arrasan los cuadernillos de misterios
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Regala esta noticia Añádenos en Google (A. S.) 24/07/2026 Actualizado a las 13:56h.Hay veranos de terraceo, otros de piscina y otros de no hacer absolutamente nada. Y luego está este: el del lápiz en la mano, los ... cuadernos abiertos y la gente intentando resolver un asesinato mientras está en la playa. Los tradicionales cuadernillos de sopas de letras o sudokus que se compraban en el aeropuerto para matar un par de horas de vuelo han dado paso a un fenómeno que va más allá de las salas de espera y ha conquistado la hamaca de la piscina, la toalla bajo la sombrilla y las cafeterías: son los pasatiempos 'noir'.
El ejemplo más viral es 'Murdoku' (ed. Temas de Hoy), de Manuel Garand. Lo que empezó como un experimento que mezclaba la mecánica del sudoku con pequeños casos criminales se ha convertido en uno de los mayores éxitos editoriales del año. Su primera entrega ha superado los 240.000 ejemplares vendidos en apenas unos meses, 16 ediciones en España. Y tiene ya una segunda entrega, 'Murdoku: Viaje al pasado'.
El tirón ha sido tan grande que ha sorprendido incluso al sector editorial. Librerías que apenas dedicaban espacio a este tipo de publicaciones han acabado colocándolas en mesas destacadas junto a las novedades más vendidas. En redes sociales se acumulan vídeos de lectores compartiendo teorías, comparando soluciones o confesando qué pista pasaron por alto. Lo que parecía un producto destinado a un público muy concreto ha terminado llegando a lectores que nunca habían comprado un libro de pasatiempos. Y ha dado lugar a otros títulos como 'El asesino no es Alice' (también de Temas de Hoy) o la saga 'Murdle' (Duomo Bolsillo). Son propuestas que exploran el misterio desde enfoques distintos. Recuperan crucigramas, acertijos, juegos de deducción o pruebas de observación, pero con una presentación mucho más cuidada y una filosofía diferente: participar en la historia en lugar de limitarse a pasar páginas.
El placer de pensar
Eso es precisamente lo que buscaban el escritor Chema Lorite y la ilustradora Yolanda Cabrera cuando crearon 'Ganatiempos' (Larousse). «¿Por qué los libros de pasatiempos han de ser oscuros, en blanco y negro, casi tristes? ¿Y por qué muchos conllevan tensión, sufrimiento, exigencia y competición?», se preguntan. Su proyecto va justo en la dirección contraria. «'Ganatiempos' es una apuesta por el disfrute, la serenidad, el juego, la cultura y el humor. El placer de pensar, el gusto de jugar». Tampoco les sorprende que este tipo de publicaciones estén encontrando tantos lectores: «Las personas se acercan a la literatura sea del carácter que sea. Y los libros de pasatiempos son literatura, porque llegan a la cabeza y a la sensibilidad de la gente».
Frente a la lectura tradicional, donde el lector acompaña la historia, aquí hay que entrar en ella. Equivocarse, borrar, volver atrás y probar otra vez. «Hay lectores pasivos que quieren que los libros se metan en sus cabezas y las inunden. Y hay lectores más activos que quieren meterse ellos en los libros. Estos últimos son los que más conectan con 'Ganatiempos'», subrayan. En una época en la que prácticamente todo el entretenimiento se consume de manera rápida, estos títulos no sirven para mirar de reojo mientras haces 'scroll' en TikTok. Obligan a quedarse. Resolver un enigma tampoco consiste solo en acertar. Hay algo especialmente satisfactorio en encontrar una conexión que no se veía, descubrir una pista escondida o llegar a una conclusión antes de leer la solución. «Nos ponemos a prueba diariamente y nos gusta mejorar, aunque no seamos conscientes de ello. Resolver algo que se ha imaginado en la cabeza de otro nos produce sensaciones agradables», continúan Lorite y Cabrera.
Pistas para no frustrarte
Aunque también existe el riesgo de la frustración. Todos los aficionados a los acertijos conocen esa sensación de quedarse bloqueados durante minutos delante de un problema aparentemente sencillo. Por eso, han incorporado «ayudas y respiros», pistas intermedias y caminos alternativos que permiten seguir avanzando sin abandonar el libro a mitad de camino, otra clave de su éxito.
El resultado es una experiencia mucho más relajada que la de otros juegos de lógica tradicionales. «Nuestros lectores son todos aquellos que quieran activar su cabeza y su intuición sin tener que competir con nadie, ni siquiera consigo mismos. Disfrutar es la palabra». El auge de estos libros coincide, además, con cierto cansancio de las pantallas, aunque sus autores rehúyen plantearlo como una batalla contra el móvil. «Cada cosa tiene su momento. En un verano hay tiempo para el dedo índice y hay tiempo para las neuronas», resumen.
Ni el móvil ni la IA han matado al lápiz
Mientras muchos presentan el regreso de los pasatiempos como una especie de rebelión contra las pantallas, el escritor Chema Lorite y la ilustradora Yolanda Cabrera creen que el debate está mal planteado. «No creemos que estemos viviendo una vuelta a las formas de ocio más analógicas. Sería inmodestia pensar eso. El ocio se está diversificando. Con nuestro libro, no tratamos de 'matar' el tiempo, sino de ganarlo». Tampoco ven a la inteligencia artificial como un rival. «La IA es artificial porque la hemos creado los humanos. Antes inventamos una memoria artificial y mucho antes un caballo artificial, sobre ruedas. Todo es obra del ser humano». Para ellos, un algoritmo y un crucigrama nacen de la imaginación de una persona. Eso sí, creen que todavía hay algo que las máquinas no han conseguido replicar del todo: el arte. Ahí, dicen, el cerebro humano sigue teniendo la última palabra.
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