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De un local con cola, a 40 en el mundo: el éxito de los yogures helados de Myka

De un local con cola, a 40 en el mundo: el éxito de los yogures helados de Myka
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Javier Ezquerro es el cofundador junto a su mujer, Natalia Morales, de la cadena de yogures griegos helados Myka. Leer
DIRECTIVOSDe un local con cola, a 40 en el mundo: el éxito de los yogures helados de MykaActualizado 18 JUN. 2026 - 12:36Javier Ezquerro, en el local de Myka Greek Frozen Yogurt, en la calle San Lucas, 21 de Madrid.J. L. Pindado

Javier Ezquerro es el cofundador junto a su mujer, Natalia Morales, de la cadena de yogures griegos helados Myka, un negocio presente ya en 12 países.

Ver a la gente hacer cola me llama la atención. Especialmente si no es para hacer una gestión burocrática ni para entrar a un concierto ni para estar en el front row del papamóvil. ¿Qué objeto puede ser tan deseado para atesorar tal fila? Eso me pregunté la primera vez que pasé junto a Ortega y Gasset, 44, en Madrid. La respuesta era para quedarse helado: un frozen yogurt al que pueden añadirse toppings. Tres años después, las colas en el primer Myka se repiten y replican en 12 países.

De la receta de este éxito viral habla su creador, Javier Ezquerro (Ciudad de México, 1983), quien fundó el negocio junto a su esposa, Natalia Morales. "Ella tuvo una compañía de repostería francesa en México durante 21 años y yo trabajé en una empresa que gestionaba más de 300 cines en mi país y en EEUU. Cuando Natalia vendió su compañía yo también sentí que quería un cambio de ritmo", explica Ezquerro. Un viaje a Grecia les ayudó a sintonizar su siguiente frecuencia. "Pensábamos que habría heladerías de yogur griego por todas partes y no; se nos ocurrió montar este negocio, en otros destinos de Europa". Finalmente Madrid fue el lugar donde se mudaron la pareja y sus dos hijas, de 12 y 10 años. "Abrimos el primer Myka en Ortega y Gasset con la idea de crecer. A los meses ya nos empezaron a pedir franquicias", recuerda.

Seguramente fue fruto de la percepción de éxito que emanaba la cantidad de gente que esperaba para comprar un helado de yogur. Cómo consiguieron ese impacto en tan poco tiempo lo resume el directivo: "No empezamos con una campaña fuerte de márketing, fue simplemente el boca a boca. Fue viralizándose en redes sociales". En otros tiempos en los que no existían influencers dispuestos a hacerse la foto con su estético helado, ¿hubiera triunfado Myka? El ejecutivo responde: "¿Por qué no? Creamos una experiencia más que una heladería. Y a esto añádele un buen producto porque queríamos algo nutritivo, una alternativa más saludable al resto de los helados".

Un coche de carreras

Justo ayer el primer local de Myka cumplió tres años. Y lo hizo con 39 hermanos repartidos por 12 países y 250 contratos ya firmados para llegar a una veintena de mercados. Siempre bajo la filosofía de franquicia, con precios entre 150.000 y 300.000 euros. "Es un orgullo lo que hemos conseguido pero no tenemos tiempo para meditarlo. Vamos como un coche de Fórmula 1 y no pensamos en cuándo frenar, sino en hacer las cosas bien". Una parada en boxes para añadir socios no está prevista: "Tenemos el compromiso de cuidar y mimar Myka". Lo contrario no le gustaría a sus hijas, que son las catadoras de nuevos sabores y que cada viernes invitan a sus amigas a casa para tomar los helados familiares.

Son con ellas con las que la pareja comparte los pocos ratos libres disponibles. "Ser empresario es 24/7. Tienes la satisfacción de tener algo tuyo y de que lo haces para el patrimonio familiar; crear un proyecto del que puedan formar parte mis hijas. A cambio, debes convivir con la incertidumbre; asumes todos los riesgos y no tienes la seguridad de que vaya a funcionar".

Otra peculiaridad del trabajo de Ezquerro es que su socia es su mujer. "Los 14 años que llevamos juntos nos han dado la confianza suficiente para realzar las fortalezas de cada uno. Somos perfiles diferentes: ella es el alma creativa y yo más la parte de negocio y operación, pero eso no quita que a veces haya discusiones. Hasta ahora siempre hemos encontrado el punto medio, es decir, lo mejor para el negocio".

Aunque no lleva tantos años con ellos, también dice considerar familia a los 280 empleados (más los del equipo corporativo) de Myka. "Lo que más valoro es el compromiso, cada uno de ellos ha sido parte esencial del crecimiento y del éxito". Ezquerro no compra el discurso de que cada vez es más complicado encontrar personal que se implique: "Nosotros tenemos poca rotación y creo que es porque intentamos que cada persona sea parte de nuestra familia. Hay buen ambiente", dice el directivo, que añade otro factor: "La remuneración es importante, pero lo es más que el equipo se sienta valorado y les des las gracias".

Él se las da a la vida cada vez que encuentra tiempo para practicar sus dos grandes aficiones: el pádel y el golf. También trata de conectar con su yo del pasado yendo al cine con sus hijas, pero aquí el género no se discute: "Siempre vemos películas familiares". El guión de su propia historia podría empezar en Grecia, continuar en Madrid y acabar... No, mejor no hablar de finales, que Myka y su dueño no quieren frenar.

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Fuente original: Leer en Expansión
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