Alberto García Chaparro, campeón del mundo de oratoria
«Debatir es el mejor antídoto frente a la crispación y la polarización actual»«El premio a mejor comunicador en el Congreso se lo lleva Gabriel Rufián» asegura
Regala esta noticia Añádenos en Google Alejandro García posa para la entrevista con SUR, en La Térmica. (Migue Fernández) 31/05/2026 a las 00:11h.Es una soleada mañana de viernes y los pasillos de La Térmica están inusualmente ruidosos y bulliciosos. «¿Qué tal te fue?», pregunta un adolescente con ... nerviosismo. «En realidad, me fue muy bien, pero no sabría decirlo con exactitud», responde otro. Ambos participan en los debates escolares organizados por la Diputación. Una competición que mide la capacidad y la destreza de los adolescentes para defender una postura sobre un tema de actualidad con argumentos y con una retórica afilada.
–¿Recuerda la primera vez que participó en un debate escolar?
–Sí, por supuesto, la primera vez es evidente que te marca. Yo llevo en esto desde cuarto de la ESO y, al principio, como le pasa a todo el mundo, te deforma la tensión. Te subes al atril y te entra lo que yo llamo el 'complejo de Ferrari': vas en sexta marcha y a 200 kilómetros por hora por una carretera urbana, hablando a una velocidad de locos. Con el tiempo y los debates a la espalda aprendes a domar esos nervios, pero esa primera toma de contacto con la adrenalina del atril no se olvida.
–¿Usted ha sido delegado de clase?
–Más allá de haber sido o no el delegado oficial, yo era más bien el perfil de chico con inquietudes académicas y de debate que buscaba su espacio. Muchas veces se asocia el debate solo a los que sacan sobresalientes o a los líderes natos de la clase, pero en mi experiencia dando clase a miles de jóvenes, ves que esta actividad atrae a perfiles muy distintos: desde el 'friki' de turno que encuentra un lugar donde encajar con gente de sus mismas inquietudes, hasta el típico 'gracioso' o sinvergüenza de la clase que pensaba que lo académico no iba con él y de repente descubre que tiene un talento brutal para la oratoria.
–¿Cómo le llega el interés por participar en los concursos de debates?
–Me llegó en la etapa escolar, hacia cuarto de la ESO. Al principio entras por probar, pero te atrapa la dinámica. Te das cuenta de que el debate no es solo hablar bien, sino que es un trabajo en equipo riguroso. El ganarte un puesto, el competir representando a tu universidad e ir escalando hasta ganar torneos nacionales o la Liga Española de Debate Universitario te genera un gusanillo competitivo y de superación personal muy fuerte. Al final, pasas de debatir en el colegio a ser Campeón del Mundo de Oratoria.
–En España no hay tanta cultura de hacer debates como en otros países europeos o anglosajones, ¿verdad?
–Es cierto que históricamente el modelo anglosajón nos lleva ventaja en introducir la retórica desde la infancia, pero en España la cultura del debate académico está creciendo con muchísima fuerza. La Liga Española de Debate Universitario (LEDU), por ejemplo, es una competición de enorme prestigio que ya se ganaba en los tiempos de Albert Rivera en 2001. Quizá a nivel escolar masivo no esté tan integrado en el día a día como en EE. UU., pero el circuito universitario y los torneos escolares que organizamos actualmente tienen un nivel altísimo que no envidia nada a otros países.
–¿Cómo funcionan estos debates?
–Para que lo entienda el lector, el modelo más común aquí es el debate académico y funciona de forma muy parecida al fútbol: hay posiciones claras y juegas en equipo, cuatro contra cuatro. La diferencia es que aquí no hay local y visitante, sino una postura «a favor» o «en contra» de una pregunta que te preparas con meses de antelación. La postura se sortea al azar justo antes de empezar; te ponen la camiseta de un bando o del otro y te toca defenderla.
–¿Dónde cree que están los beneficios para los participantes?
–Los beneficios son enormes en tres áreas clave: el trabajo en equipo, porque te obliga a coordinarte y escuchar otros puntos de vista; el pensamiento crítico, porque te fuerza a buscar datos y evidencias científicas de la postura contraria a la tuya; y la autoestima. Ayuda muchísimo a la autopercepción y a la confianza de los jóvenes, demostrándoles que las habilidades intelectuales y de comunicación van mucho más allá de memorizar para un examen de matemáticas.
–¿Qué debe tener un buen debate?
–Un buen debate debe tener, por encima de todo, argumentos fundamentados en evidencias y no en opiniones. No se trata de ver quién grita más o quién es más «sofista» vendiendo humo. Un buen debate requiere una preparación exhaustiva, un profundo respeto al rival, capacidad de escucha activa para identificar los errores lógicos del otro y la habilidad de refutarlos con sentido común y educación.
–¿Qué beneficios pueden tener estos debates en el desarrollo personal de los jóvenes?
–Aparte de limar las inseguridades lógicas de la edad, les da herramientas para la vida real. Aprenden a hablar en público con tranquilidad mental, controlando la rapidez al hablar y vicios gestuales como aferrarse al atril o tocarse la ropa por puro nerviosismo. Pero el mayor beneficio es introspectivo: les da autoconfianza. El debate es un ejercicio de crítica sana y ciudadana que estructura la mente de un joven para el resto de su vida adulta.
–Para usted, ¿qué significa comunicar bien?
–Transmitir un mensaje con éxito de acuerdo a unas circunstancias concretas. Ser un buen comunicador no es solo ponerse detrás de un atril. Arturo Pérez-Reverte es un grandísimo comunicador a través de sus novelas; hay quienes lo son a través de Twitter, un profesor desde el púlpito de su clase, o vosotros mismos desde el periodismo. La comunicación no es una actividad estrictamente pública o política; se ve y se vive en la naturalidad de saber trasladar una idea con eficacia.
Claves
«Un buen debate debe tener argumentos fundamentados en evidencias y no en opiniones»
–¿Qué sentido tiene debatir en una sociedad tan polarizada como la de ahora?
–El debate es, precisamente, el mejor antídoto contra la polarización. En un debate académico tú no buscas convencer al de enfrente, porque sabes que el otro está cumpliendo un papel. Lo hermoso es que te libera de la falsa creencia de que solo tu postura es la correcta y de que no hay que escuchar al rival. Te obliga a empatizar, a entender cómo piensa el otro y cómo demuestra sus ideas. Al final, sales con tus propias posiciones mucho más blindadas y claras, pero habiendo aprendido a escuchar.
–Si tuviera que asesorar a un político en retórica, ¿cuáles serían las principales recomendaciones que le darías?
–Yo fui asesor parlamentario en el Senado y mi principal lucha siempre era la misma: que se salgan del papel. Estar pegado a un papel leyendo es el mayor problema de la clase política actual. No se trata de improvisar, sino de invertir más tiempo en preparar el discurso para ganar seguridad y poder mirar a la gente. Además, les diría que reduzcan drásticamente el tiempo de intervención: vale más un discurso corto de 3 minutos hablado libremente y con el que conectes, que un tostón de 15 minutos leído donde no te trabes pero duermas al público.
–Del 0 al 10, ¿qué nota le pondría a la manera en la que se debate actualmente en el Congreso de los Diputados?
–Le pongo un 6. Mi hermano dice que para valorar algo hay que quitar el 7 (lo que esté por encima es bueno y lo que esté por debajo es malo), así que aplicando su regla, le doy un 6. No los suspendo porque en el Congreso y el Senado se trabaja mucho en profundidad y a veces somos injustos porque solo consumimos los cuatro clips polémicos que se viralizan en Twitter. El formato televisivo penaliza el buen debate, pero evidentemente no les puedo dar un notable porque queda muchísimo por aprender y mejorar.
–¿Qué diputado de la actual legislatura es para usted el mejor comunicador, más allá de si está de acuerdo o no a nivel ideológico?
–Cualquier asesor en comunicación te diría que el premio se lo lleva Gabriel Rufián. Más allá de las afinidades ideológicas de cada uno, hay que reconocerle una virtud enorme: en una sociedad que premia la naturalidad por encima de todo, él consigue parecer completamente natural y sincero en el atril. Da la impresión de que llega y lo suelta de forma espontánea, aunque detrás haya un trabajo de preparación exhaustivo e intenso por su parte y la de su equipo. Maneja esa cercanía en el mensaje de una forma que la sociedad valora muy bien.
–Usted es de Málaga. Si tuviera que organizar un debate, ¿cuál cree que sería la temática más urgente que habría que poner sobre la mesa?
–Si es sostenible el actual modelo de crecimiento exponencial de la provincia. El debate sería si puede mantener este crecimiento o morir de éxito.
–Albert Rivera también fue campeón del mundo de oratoria y acabó en la política. ¿Usted también se ve en un futuro en ese papel?
–Yo ahora mismo estoy centrado en trabajar y en aprender mucho, pero no me cierro ninguna puerta. Yo con 23 años no le cierro la puerta ni a la jardinería.
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