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Decenas de mujeres denuncian agresiones físicas y sexuales de miembros de Herri NorteFeministas vascas reciben una oleada de testimonios de jóvenes, víctimas de estos sujetos. Relatan vejaciones, un ambiente de «control», relaciones de «poder» y «maltrato psicológico»
David S. Olabarri
Domingo, 18 de enero 2026, 09:06
... de ser violada en Bilbao. La grabación a cara descubierta de Izaro generó numerosas reacciones. Muchas personas se solidarizaron con ella. También recibió comentarios de odio. Pero hubo un mensaje de un aficionado radical de la Real Sociedad que le repugnó hasta el punto de que decidió denunciarlo. Lo puso en conocimiento de la Policía, pero también lo hizo público en redes sociales.El mensaje que recibió Izaro fue el siguiente: «Yo también te violaría. Estás buenísima. Seguro que el que te violó disfrutó de tus tetas y tu coño guapa vasca. Verás guapa, verás otra vez...».
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El asunto subió de nivel cuando un grupo de feministas vascas decidieron hacerse eco de la amenaza a Izaro. Estas mujeres tienen una página en redes sociales con unos 18.000 seguidores (de la que prefieren no dar el nombre) en la que se dedican fundamentalmente a recoger testimonios de mujeres que sufren cualquier tipo de agresión o injusticia. Se trata de un espacio «que surgió por medio de Cristina Fallarás», la periodista que trabaja para dar voz a las víctimas de violencia de género. Su iniciativa -explican- se ha extendido «por comunidades, provincias y ciudades en colaboración con otros grupos de mujeres» locales.
En este contexto, esta cuenta feminista vasca publicó el mensaje que había recibido la joven de Durango junto al perfil de su agresor. Muchas seguidoras no tardaron en identificarle: se trataba de un miembro de Bultzada, grupo de aficionados de la Real Sociedad. Hubo incluso mujeres que denunciaron haber sido víctimas sexuales de este individuo. Las acusaciones llegaron a tal extremo que Bultzada decidió expulsar a este individuo del grupo.
El escándalo, sin embargo, no se limitó a este sujeto. Sin pretenderlo se adentró en las agresiones que muchos miembros de Herri Norte y de su entorno llevarían años cometiendo. En apenas una semana, las feministas vascas recibieron más de treinta mensajes de mujeres distintas que, en mayor o menor medida, se sentían identificadas con Izaro. La clave es que la gran mayoría de los mensajes eran de chicas que habían sido agredidas física o sexualmente por parte miembros de Herri Norte y, en menor medida, también de víctimas de radicales de la Real Sociedad y del grupo Iraultza, del Alavés.
«Son lo más fascista que hay»
El revuelo llegó al punto que Herri Norte decidió emitir hace un mes un comunicado en redes sociales. Y es que se trata de un grupo que se considera «antifascista» y contrario a la violencia contra las mujeres. En su nota admitía algunos casos denunciados por las feministas, pero insistía en que los autores de aquellas agresiones fueron expulsados. También apuntaban que no les constaba que tengan entre ellos personas que cometan este tipo de delitos en la actualidad. Y, por último, animaban a las víctimas a ponerse en contacto directamente con el grupo.
Las feministas han facilitado a EL CORREO estos mensajes. La gran mayoría son anónimos porque tienen «miedo a hablar». Muchas no dieron el paso de acudir a la Policía y a la Justicia. Pero este periódico ha comprobado que varias de ellas sí decidieron denunciar penalmente. A sus agresores les pusieron órdenes de alejamiento y otros fueron condenados por violencia de género. Este diario también ha recabado directamente el testimonio de otras víctimas de exmiembros de Herri Norte.
Entre los testimonios hay de todo. Desde una joven que denuncia haber sido violada por varios de ellos en un piso de Bilbao hasta otras que relatan golpes y humillaciones. Muchas de las que relatan su experiencia son chicas que solían «compartir espacios» con estas personas. Su discurso era que «éramos amigos, compañeros del antifascismo» para después intentar «forzarme» sexualmente, relata Carla, una joven de Burgos. «Es por todos sabido que aunque vayan de antifascistas son lo más fascista que hay», añade otra chica.
Muchos de los testimonios coinciden en describir -sobre todo los de las que han sido parejas de estos sujetos- un ambiente de «control», relaciones de «poder» y «maltrato psicológico». «Hasta que no me dejó reducida a él no paró. Me aisló de mis amistades, ninguneada. Acabé somatizando enfermedades por la presión y ansiedad que me provocaba», relata otra joven. «Lo de Herri Norte es así con todas las mujeres», añade otro testimonio.
«Se tapan entre ellos»
Excepto una de las chicas, que explica que a su agresor le expulsaron del grupo, muchas insisten en que «se tapan» entre ellos y la mayoría «apoya» a los que cometen este tipo de delitos. «¡Mojaros de una puta vez y contad lo que sabéis desde hace mil años!», les reclama otra afectada.
En este sentido, insisten en que algunos de los radicales que han atacado a mujeres siguen en el grupo en la actualidad. Relatan incluso que se ríen de algunas jóvenes después de abusar de ellas y que son las víctimas las que tienen que abandonar los espacios que solían compartir. «Tuve que aguantar las risas de sus amigotes». Para «ellos sería toda una hazaña y yo por supuesto, la guarra», se lamenta una víctima a la que tres de ellos supuestamente violaron en un piso de Bilbao cuando ella «no estaba en condiciones de decidir».
César Charro, uno de los principales expertos en materia de seguridad en Euskadi, explica que una de las claves que permite entender estos comportamientos es la «falta de empatía» y la «escasa tolerancia a la frustración». Según explica, los grupos de radicales organizados en el mundo del fútbol desprenden una «masculinidad tóxica» y normalizan comportamientos «violentos» en los que se «cosifica» a los que consideran adversarios. «Pueden ser los hinchas rivales, pero también policías, periodistas y las mujeres» que no hacen lo que ellos quieren. En este sentido, subraya que estos grupos funcionan como «hermandades» que se protegen «a ultranza» y lamenta que, como sociedad, llevamos «años justificando a estos grupos violentos».
«Cuando me pegó, supe que tenía que denunciarle»
María llevaba mucho tiempo aguantando episodios violentos de Jon Ander. La primera señal de su comportamiento agresivo llegó con unos puñetazos que este joven de Bilbao lanzó contra el coche en medio de una discusión. Después tomó una costumbre: cada vez que discutían él le arrancaba del cuello de un tirón la cadena que le había regalado. Lo hizo varias veces. También le insultó muchas veces. Su madre le advertía que aquello no era normal y le decía que se marchase de allí. Pero ella estaba enamorada y, aunque eran muy distintos, le perdonaba todo. Al principio, no le daba importancia a sus «celos» y al hecho de que le fuese aislando de su entorno. Hasta le decía que sería mejor que no trabajase en el hotel porque allí podía acostarse con cualquiera. El, sin embargo, se ponía furioso si ella le pedía que se quedase un día de partido y no se fuese con sus amigos del grupo de hinchas radicales. María abrió los ojos una tarde de domingo, año y medio después de comenzar la relación. Estaba mirando el móvil cuando Jon Ander entró en colera. Pensaba que estaba hablando con algún chico. Cogió el teléfono y lo destrozó contra el suelo. Después le arrancó otra vez la cadena, le golpeó y empezó a tirar cosas por la ventana.María salió corriendo de esa casa. Decidió denunciar. De hecho se arrepintió de no haberlo hecho antes. Pocos días después se celebró un juicio rápido. Jon Ander fue condenado y le impusieron una orden de alejamiento. María no quería volver a saber nada de él, pero incluso tuvo que aguantar los reproches de sus amigos por denunciarle.
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