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Macron urge a concretar antes de junio cómo aplicar las recomendaciones de Letta y Draghi.
Tras la última gran ampliación de la UE en el año 2004, los mecanismos de gobernanza del club comunitario evidenciaron que no estaban preparados para una organización supranacional que, hasta la salida de Reino Unido, llegó a contar con 28 países en su seno. Principalmente la regla de la unanimidad en la toma de decisiones, ideada para salvaguardar los intereses nacionales en caso de disenso e impedir que los países con más peso político impusieran su criterio a los demás. En la práctica se ha convertido en un poder de veto que ha frenado el proceso de construcción europea.
Sólo en situaciones de crisis sistémica como los ataques especulativos al euro en 2012 o la pandemia del Covid se ha podido sortear ese freno de emergencia, del que países como la Hungría de Viktor Orbán han hecho un uso abusivo. Pero el contexto crítico que atraviesa Europa, atrapada entre la insólita hostilidad hacia el proyecto comunitario de los Estados Unidos de Donald Trump, la amenaza constante de la Rusia de Vladímir Putin y la estrategia acaparadora de la China de Xi Jinping, obligan a los países europeos a renovar sus estructuras y sus procesos de toma de decisiones.
Está en juego no sólo el papel de la UE en el escenario global, sino también la capacidad para competir de la economía comunitaria en un contexto de transformaciones aceleradas por la irrupción disruptiva de la inteligencia artificial y la carrera por el abastecimiento de materias primas críticas. Si Europa de verdad quiere reducir su brecha respecto a las potencias más dinámicas no puede volver a enfrascarse en discusiones eternas y dilemas irresolubles.
Por eso, Bruselas ha resucitado la propuesta de que los Estados Miembros que apuesten por una mayor integración en áreas concretas puedan hacerlo sin cortapisas. Una iniciativa contemplada por la última reforma de los Tratados a la que Von der Leyen se refirió ayer como un plan B, pero que los gobiernos de Alemania o Francia ya contemplan como la forma de desatascar por ejemplo la última fase de la unión del mercado de capitales, clave para mejorar la financiación de las empresas, aumentar la protección de consumidores e inversores, perfeccionar la transmisión de la política monetaria del BCE y propiciar las fusiones transfronterizas de entidades financieras. Macron urge a concretar antes de junio los pasos a dar para implementar las reformas identificadas en los informes Letta y Draghi para sacar a la UE del marasmo institucional posterior al Brexit.
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