Conan O'Brien, presentador de la gala de los Oscars. REUTERS/Mike Blake
EEUUDel 'caso Epstein' a la cultura 'MAGA': Conan O'Brien lleva la política a los Oscar sin mencionar ni una vez a TrumpEl presentador hizo referencia al trumpismo cultural, Silicon Valley, el sistema sanitario o el escándalo Epstein en un discurso lleno de referencias políticas.
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Itziar Nodal Publicada 16 marzo 2026 08:22h Actualizada 16 marzo 2026 08:39hLas claves nuevo Generado con IA
Los Oscar llevan años funcionando como termómetro de la política estadounidense. El monólogo de apertura suele ser el momento en que Hollywood toma posición —a veces de sutil y otras más directa— sobre el clima político del país.
Desde la irrupción de Donald Trump en la Casa Blanca, ese momento se ha vuelto bastante previsible. En cada ceremonia suele repetirse el mismo patrón: un presentador o un actor lanza un dardo contra el trumpismo, el teatro aplaude y al día siguiente los comentaristas conservadores responden acusando a Hollywood de haberse convertido en un púlpito progresista.
Este año, sin embargo, Conan O’Brien ha hecho algo distinto al abrir la 98ª edición de los premios de la Academia. No ha mencionado a Trump ni una sola vez durante su discurso inaugural. Pero eso no significa que haya sido menos político. En realidad, ha ocurrido casi lo contrario.
Ganadores Oscar 2026| Listado de premios, mejor película y actor, hoy en directoO’Brien ha construido un monólogo lleno de insinuaciones políticas, referencias culturales y bromas sociales que han ido apuntando a casi todos los temas delicados del momento —el ecosistema MAGA, el poder de Silicon Valley, el sistema sanitario estadounidense, el escándalo Epstein o la incertidumbre global— sin detenerse demasiado en ninguno.
No ha sido un monólogo apolítico. Ha sido un monólogo político por acumulación.
La guerra cultural 'MAGA'
El aviso llegaba pronto. "Esta noche podría ponerse política", decía O’Brien al comenzar su intervención.
La primera señal aparecía unos segundos después. Si alguien se sentía incómodo con su tono, explicó, siempre podía ver unos Oscar alternativos "presentados por Kid Rock en el Dave & Buster’s de la esquina".
La referencia tenía más carga de la que parecía.
Kid Rock se ha convertido en uno de los símbolos culturales del movimiento MAGA y una figura habitual del entorno político del trumpismo. Durante la última Super Bowl, la más vista de la historia y con Bad Bunny como estrella, el músico protagonizó un show alternativo dirigido al público conservador después de que el espectáculo del descanso fuera criticado desde el gobierno.
La escena dibuja casi un universo cultural paralelo: un entretenimiento pensado para un público ideológicamente alineado. Eso es lo que O’Brien señalaba.
Trump no aparecía en el discurso inicial. Pero sí en el ecosistema cultural que lo rodea. En lugar de colocar al presidente en el centro del escenario —el recurso fácil—, el presentador optaba esta vez por algo más eficaz: retratar el paisaje político del trumpismo sin convertirlo en protagonista.
Silicon Valley, sanidad y Epstein
El segundo frente del discurso apuntaba hacia otro tipo de poder: el económico y tecnológico.
Uno de los momentos más celebrados llegaba cuando O’Brien se dirigía a Ted Sarandos, consejero delegado de Netflix.
"Está aquí esta noche", dijo. "¡Y es su primera vez en un teatro!"
Luego imitó la voz del ejecutivo: "¿Por qué están todos juntos disfrutando? Deberían estar en casa solos, para que yo pueda monetizarlo".
La ironía funcionaba porque tocaba una tensión real dentro de la industria. Los Oscar nacieron como la gran ceremonia del cine en salas. Hoy muchas de las producciones proceden de plataformas que han transformado por completo el modelo de negocio de Hollywood.
O’Brien va un paso más allá. Amazon Studios, recordaba, no había conseguido nominaciones importantes este año.
"También se han quedado fuera Walmart, Alibaba y Chewy".
La exageración es evidente. Pero captura una sensación cada vez más extendida en Hollywood: el cine empieza a parecer otro segmento dentro del universo de las grandes corporaciones tecnológicas.
Y justo después, la política doméstica también aparecía en el guion.
Comentando la película Hamnet, el presentador recuerda que la esposa de Shakespeare da a luz sola en el bosque.
“Lo que en Estados Unidos llamamos sanidad asequible”.
La frase apunta a uno de los debates estructurales del país. A diferencia de Europa, Estados Unidos no dispone de una sanidad pública universal comparable, y el acceso a la atención médica sigue siendo uno de los grandes campos de batalla de la política nacional. En especial después del plan de una página que ha presentado Trump en las últimas semanas.
Y, por si fuera poco, el momento más incómodo llegaba poco después.
Al señalar que este año no había intérpretes británicos nominados en las dos principales categorías interpretativas, O’Brien añadía: "Un portavoz británico ha dicho: ‘Sí, pero al menos nosotros arrestamos a nuestros pedófilos’".
Un segundo de silencio y, después, aplausos.
#ConanOBrien jokes during his opening monologue at the #Oscars that there are no British nominees in the Best Actor or Actress categories because “they arrest their pedophiles.”
— Variety (@Variety) March 15, 2026
(via ABC/AMPAS) pic.twitter.com/s0pglsn75J
La alusión remitía al caso Jeffrey Epstein, el financiero acusado de tráfico sexual de menores cuyas conexiones con figuras poderosas de la política, los negocios y la realeza sacudieron a varias élites internacionales. Y a las negativas continuas de Trump de haber tenido ningún tipo de relación con él, aunque los documentos digan lo contrario.
Hollywood y la ansiedad del momento
El tercer eje del discurso apuntaba en realidad al propio Hollywood.
"Es un honor ser el último presentador humano de los Oscar. El año que viene será un Waymo con esmoquin".
Waymo es la empresa de coches autónomos de Google. La ocurrencia funciona como un chiste tecnológico, pero también como una metáfora bastante clara del momento que atraviesa la industria.
Hollywood vive una etapa de transición acelerada: fusiones empresariales, dominio creciente de las plataformas, cambios en la distribución y debates sobre el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo creativo.
El presentador lo convierte en humor. Pero el nerviosismo de fondo es real.
Ahí también se aprecia una diferencia con el año pasado. En su anterior intervención como anfitrión, O’Brien evitó el enfrentamiento político directo y mantuvo un tono relativamente ligero. La única nota seria llegó al recordar los incendios que afectaban entonces a Los Ángeles y al sugerir que una ceremonia así podía parecer frívola en ese contexto.
Ganadores de los Premios Oscar 2026: Consulta aquí todas las categoríasEsta vez el enfoque ha sido más preciso. Menos caos. Menos humor absurdo.Más intención en cada golpe.
Y entonces, el giro final.
"Todos los que están viendo esto saben que vivimos tiempos caóticos y aterradores", dijo.
Recordaba después que las películas nominadas representaban a 31 países de seis continentes y que cada una era el resultado del trabajo de miles de personas de distintas lenguas y culturas.
"Celebramos no solo el cine", añadió, "sino la colaboración global, la resiliencia y esa cualidad tan rara hoy: el optimismo".
El resultado no ha sido un discurso menos político.
Ha sido uno menos frontal.
O’Brien no ha necesitado mencionar a Trump para hablar del país que Trump representa: sus tensiones culturales, sus fracturas sociales, los conflictos armados y la incertidumbre que atraviesa hoy Estados Unidos.
Y quizá por eso el mensaje ha sido incluso más eficaz.