Pequeñas infamias
Del FOMO al JOMO Regala esta noticia Añádenos en GoogleCarmen Posadas
04/09/2026 a las 14:41h.¿Han oído hablar del JOMO? Posiblemente no, pero tal vez conozcan el FOMO. O eso que ahora llaman el Fear Of Missing Out, ... que, dicho en cristiano, equivale al actual miedo a perderse algo y que se traduce en un inagotable baile de San Vito, en todo lo relacionado con las redes sociales. Es decir, hago scroll hasta que se me borran las huellas dactilares, pero, al mismo tiempo wasapeo para ver cómo quedamos con la tribu esta noche, veo con un ojo las noticias en la tele mientras que con el otro subo una foto a Instagram y, además, y sin dejar de hacer ninguna de estas cosas, me preparo un sándwich.
Todas las recetas tienen la misma finalidad: cambiar el temor a perderse algo por el gozo de quedarse fuera
Por eso el frenético FOMO tiene ahora un contrincante, su muy hedonista primo hermano el JOMO. Que, en este caso, es el Joy of Missing Out (o la alegría de perderse el barullo y quedarse fuera). Resulta un prometedor síntoma ver, por ejemplo, la multitud de libros que ha generado ya esta nueva tendencia. Desde manuales de autoayuda hasta ensayos médicos, pasando por estudios de psicología, sociología e incluso tratados filosóficos. Eso por no mencionar al sin fin de influencers y coaches que, desde sus millonarias cuentas de Instagram o TikTok, predican (nótese la contradicción) cómo desconectarse de la redes y entregarse al placer de contemplar el vaivén de las olas o escuchar el canto de algún pajarito.
Así (y volvemos inevitablemente a las denominaciones gringas) puede uno ahora elegir entre apuntarse al ya veterano mindfulness o abrazar los más novedosos movimientos slow o sloth. Pero si lo que usted busca es una doctrina con más peso intelectual, tal vez pueda interesarle la de 'Más fiesta, más siesta', que, pese a su nombre cañí, tiene un padre surcoreano, el filósofo Byung-Chul Han.
Según explicó Han cuando le dieron el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2025, la siesta no es un simple descanso físico. Representa el derecho a la inactividad y a la contemplación, donde tiene gran importancia el aburrimiento, aunque de hecho es el gran denostado de nuestro tiempo. A todo el mundo le aterra aburrirse, cuando el tedio es lo más creativo que existe, y grandes ideas e inventos son hijos del aburrimiento supino.
En cuanto al concepto 'fiesta', Byung-Chul Han puntualiza que él no se refiere al ocio de consumo, ese de peregrinar de discoteca en discoteca hasta las claras del día. Habla de una «reconstrucción ritual y de un acercamiento a la comunidad». O, dicho de otro modo, aboga por compartir, hacer actividades en común, establecer vínculos. Otros pensadores, como Honoré o como Paul Lafargue (un pionero que ya 1883 publicó un libro al que tituló El derecho a la pereza), recuerdan que existen varias recetas, pero todas tienen la misma finalidad: cambiar el temor a perderse algo por el gozo de quedarse fuera.
Gozo, por tanto, de no depender de un móvil, de una alerta de Google o de un grupo de WhatsApp. Pero gozo también (y esto es lo más difícil) de no depender de nadie, ni siquiera de allegados, para sentirse bien. Porque a menos dependencia, más gozo, coinciden en señalar todos. Y luego está esa otra dependencia, tan de nuestro tiempo, de la que es difícil y a la vez muy necesario desengancharse: la autoexigencia de constantemente tener que ser exitoso / cool / realizado / guapo o guapa / feliz / triunfador / superguay / cachas / megasexy y así hasta la extenuación.
Esta clase de tiranía es la peor de todas porque no viene impuesta desde fuera, sino desde dentro. Es decir, somos los peores dictadores de nosotros mismos, obligándonos a cosas absurdas. ¿Lograremos pasar del FOMO al JOMO? (y perdón por recurrir a estos acrónimos tan bobos, pero acronimando se entiende la gente ahora). Espero que sí.
De momento, yo estoy ensayando mi particular versión del 'Más fiesta, más siesta'. No les enumero en qué consiste porque cada uno tiene que encontrar su lista de placeres. Y ahora perdonen, tengo que irme. Me espera mi forma de JOMO favorita: el divino placer de no hacer nada. O dicho en italiano, que suena más hedonista y carente por completo de sentido de culpa, il dolce far niente.
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