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Del miedo a la confianza: así debería ser el poder en el trabajo, como el del fundador de Netflix

Del miedo a la confianza: así debería ser el poder en el trabajo, como el del fundador de Netflix
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Seis claves para un liderazgo de éxito; Frente al jefe que impone, gana terreno un directivo que convence, escucha y genera compromiso. Leer
GestiónDel miedo a la confianza: así debería ser el poder en el trabajo, como el del fundador de NetflixActualizado 4 SEP. 2026 - 02:54Reed Hastings, fundador de Netflix.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Seis claves para un liderazgo de éxito; Frente al jefe que impone, gana terreno un directivo que convence, escucha y genera compromiso.

La autoridad no se obtiene por contrato, por mucho cargo que se firme. El verdadero poder no significa mandar más, sino influir mejor. ¿Cómo? Generando confianza, integrando talento y construyendo sentido compartido. Y se gana día a día, con actos y gestos. "Las organizaciones, como las sociedades, funcionan mejor cuando se basan en la confianza, el respeto y la responsabilidad común. Esto no significa ausencia de dirección ni de decisiones firmes. Significa, más bien, una forma de gobernar en la que la autoridad no se impone, sino que se gana, en la que el liderazgo no se ejerce desde la distancia, sino desde la cercanía y en la que la cohesión no se obtiene mediante estructuras rígidas, sino a través del convencimiento y el propósito compartido", resume Manuel López Torrents, que acaba de publicar Poder blando: el liderazgo del siglo XXI (Lid).

Buenas maneras e intenciones que, en realidad, no acaban de implantarse en todos los despachos, por mucha teoría publicada sobre el management de éxito: "El modelo viejo no acaba de morir y el nuevo no termina de implantarse. Un escenario que no descartaría que se alargase hasta mediados de siglo", alerta el autor del libro, "un ejercicio teórico, porque siguen existiendo muchas organizaciones verticales, en mi opinión basadas en el miedo, donde aún se escuchan frases [de jefes a empleados] como 'Tienes un minutito', que da más pánico que una carta de la Agencia Tributaria... O 'Este es un listo, vamos a monitorizarlo'", avanza López Torrents, que en la publicación explica con ejemplos reales qué es lo que hace diferente a los líderes que funcionan de verdad, esos que ejercen ese poder blando (soft power), con sus principios clave: legitimidad, confianza, narrativa, gestión del talento o autoridad sin imposición.

Estas son las buenas bases del liderazgo:

  1. Supere el ego. Como sostiene Pablo Isla en una declaración recogida por la publicación, "la arrogancia es el peor enemigo en la vida y en la empresa". "Es el gran obstáculo del liderazgo y de la vida", insiste López Torrents. Hasta "el diablo decía que el único pecado es la soberbia". Los directivos, por tanto, tienen que asumir que no son todopoderosos y que siempre van a tener que asumir ciertos riesgos. Y no pasa nada; es parte del juego empresarial.
  2. Instálese en el civismo. Ante todo, educación, por favor. "Si no sabemos llevarnos bien, a nivel corporativo y personal, si no sabemos trabajar sin molestar al de al lado... es imposible avanzar", razona López Torrents.
  3. No tenga miedo al talento. El éxito del alto cargo jamás es individual, sino la suma de lo que realiza el equipo. "El talento le beneficia, potencia el bien común de la plantilla. Es cierto que el ego del ejecutivo puede verse amenazado, pero hay que confiar en el personal", recomienda el autor.
  4. Priorice objetivos. En aras de la efectividad, la agenda del directivo tiene que estar muy bien organizada y centrarse en lo importante: "Primero, la cuenta de resultados y luego los planes de sostenibilidad", recuerda López Torrents. Además, debe valorar a los empleados que cumplen con los cometidos pactados; "si no conoce bien a su equipo, se produciría un gap en su gestión". E identificar bien a los pelotas, a esos maestros del "despacheo, que saben venderse muy bien delante del jefe" y, muchas veces, tratan de ocultar el trabajo bien hecho de los demás en su beneficio.
  5. Ausencia de violencia. "La autoridad se ejerce sin gritos, sin amenazas, sin ninguneos, como dejar de hablar a algún empleado, sin broncas que no conducen a nada y se siguen escuchando en las oficinas", se lamenta el experto. Es función de los responsables de equipo "explicar los hechos y tomar medidas si fuese necesario, pero sin meter miedo, que del miedo se pasa a la violencia... y luego la gente se va a llorar al baño". En este punto, López Torrents recupera de nuevo la necesidad de ser cívicos en cada comportamiento y conversación.
  6. Remuneración del talento. Más sueldo a fin de mes, sí, "pero sobre todo flexibilidad para que la plantilla se sienta a gusto en su puesto. Que el lunes no suponga una angustia volver a la carga", recomienda el experto, que añade que aunque "todos trabajamos por el dinero, el salario emocional, como tener fruta gratis en la oficina, cheque de comida, el de guardería, también impacta. Que te dejen salir antes para ir a ver la función escolar de tu hijo no tiene precio, pero sí mucho valor en esta vida". Para López Torrents, el teletrabajo, que implica confianza, potencia también el compromiso (y la felicidad) de los empleados.

Y no, ejercer un liderazgo basado en el poder blando, no garantiza el éxito inmediato. Es una ventaja en la gestión, pero tampoco evita las decisiones duras, como confiesa el autor, aunque "sí las hace más reflexivas, más responsables y, en última instancia, más legítimas".

UNA REFERENCIA QUE DOMINA PODER BLANDO

Reed Hastings, fundador de Netflix.

Para Manuel López Torrents, autor de 'Poder blando: el liderazgo del siglo XXI' (Lid), Reed Hastings, fundador de Netflix, "tiene un enfoque muy libertario que me gusta. Apuesta por la densidad de talento y la responsabilidad individual. Para él, las reglas son un síntoma de desconfianza y la libertad y la responsabilidad van siempre juntas; quiere que cada uno sea soberano de su tiempo".

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Fuente original: Leer en Expansión
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