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Paqui Hernández en una fotografía de archivo cedida por su hermana. L. P. Desaparición de Paqui Hernández: «Mi madre está muerta, pero mi padre no la mató»El caso sigue siendo una espina clavada para la Policía tras investigar un posible crimen sin cadáver cometido la noche de Reyes de 2004 en una vivienda de Mislata
Valencia
Domingo, 4 de enero 2026, 18:51
... de 21 años de sospechas y preguntas sin respuestas, los tres hijos de la mujer desaparecida han perdido la esperanza de encontrarla con vida, y el caso sigue siendo una espina clavada para los investigadores de la Policía.La joven, cuyo nombre omitimos para preservar su vida privada, guarda vagos recuerdos de su madre. La noche de Reyes de 2004, los tres hijos de Paqui, dos niñas y un bebé de pocos meses, durmieron en el domicilio familiar en Mislata, pero sin espíritu navideño ni carantoñas de su madre, que había desaparecido esa madrugada en extrañas circunstancias.
Un año después, la Policía Nacional detuvo al marido de la víctima como presunto autor de un crimen sin cadáver. Los agentes que investigaron el caso creen que Juan José M. urdió un plan para hacer creer a sus vecinos y familiares que Paqui había abandonado el hogar familiar para emprender una nueva vida con un amante, un empresario que había conocido a través de internet.
Según esta hipótesis policial, el marido de la mujer desaparecida habría acabado con su vida, presuntamente, y luego habría intentado desviar las investigaciones con mensajes falsos de Paqui para confundir a los agentes y evitar que las sospechas se centraran sobre él.
Al principio, Conchi Hernández, la hermana de la víctima, creía que se trataba de una desaparición voluntaria tras recibir en su móvil varios mensajes de alguien que se hizo pasar por Paqui. «José puede firmar por mí y cobrar el paro. Él sabe cuidar muy bien de los niños», señala uno de los SMS. Según las diligencias policiales, otro mensaje enviado por el sospechoso afirma: «Conchi, si te preguntan por mí, tú pasas. A nadie le cuentes nada y menos a mis amigas de La Fe».
Tras ser detenido el 17 de febrero de 2005, Juan José M. negó haber matado a su esposa, aunque ingresó en prisión tras incurrir en contradicciones durante sus declaraciones ante la Policía y la jueza que instruyó la causa. Cuando le tomaron declaración la primera vez, el sospechoso dijo que su mujer se había ido con un amante y se había llevado todas sus joyas, pero los investigadores averiguaron pronto la mentira al comprobar que el marido de Paqui había vendido las alhajas en una conocida joyería.
La Policía registró de forma minuciosa el domicilio familiar en Mislata, donde Paqui vivía con sus tres hijos y su marido. Los agentes del Grupo de Homicidios se llevaron el uniforme, la porra y los grilletes del vigilante de seguridad para analizarlos en un laboratorio en busca de restos de sangre y otros vestigios criminales. También le intervinieron cuatro teléfonos móviles y un ordenador.
Un equipo de Policía Científica buscó durante nueve horas posibles habitáculos en la vivienda, como falsos techos o dobles paredes, ante la sospecha de que el cadáver podría estar oculto en algún sitio dentro del piso. Los agentes hallaron pequeños restos de sangre en distintos puntos, pero no pudieron probar el crimen.
Los investigadores también realizaron indagaciones para reconstruir las últimas horas de vida de la víctima, ya que siempre sospecharon que murió de forma violenta la noche de Reyes o el día anterior, y buscaron parcelas donde podría estar enterrado el cuerpo. Tras salir de la cárcel, Juan José volvió a casa con sus tres hijos y luchó para sacar adelante a su familia. Durante un tiempo vendió frutos secos en la plaza Redonda y buscó otros trabajos para llevar más dinero a casa.
En declaraciones a Las Provincias en 2005, el sospechoso proclamó su inocencia: «Cualquier día aparecerá (Paqui) y todo el mundo verá que no soy un asesino». También negó haber maltratado a su mujer, aunque admitió un episodio violento que tuvo lugar dos años antes de la extraña desaparición. «Me dijo que me marchara a una pensión con nuestros dos hijos, porque ella quería dormir con otro hombre en la casa. Eso me enfureció y la cogí por el cuello, pero no pasó nada», manifestó Juan José. Tras no avanzar la investigación policial y no haber pruebas del supuesto crimen, la jueza dictó el sobreseimiento provisional de la causa el 6 de mayo de 2008.
Después de tantos años sin tener noticias de su madre, la hija mayor de Paqui ve muy difícil que esté viva. La joven no quiere hablar del caso con periodistas ni reabrir la herida en su familia, pero desea acabar con las sospechas que recayeron sobre su padre. «Es un hombre bueno incapaz de matar a nadie. Siempre nos ha cuidado. Cuando éramos pequeñas siempre estaba pendiente de nosotras y de mi hermano. Hacía la cena, nos bañaba y se preocupaba de que no nos faltara un plato de comida«, afirmó con vehemencia.
«De mi madre no puedo decir lo mismo. Me acuerdo que pasaba mucho rato chateando en el ordenador, y que no nos cuidaba bien. Cuando mi padre llegaba a casa de noche después de trabajar se enfadaba con ella, porque mis hermanos pequeños todavía no habían cenado», añadió la joven.
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