Una investigación de la UOC identifica hasta cinco factores que frenan entre los agricultores la adopción de nuevas herramientas para la gestión eficiente del agua
Regala esta noticia Añádenos en Google Este informe se ha elaborado a partir de entrevistas a agricultores andaluces y catalanes. (SUR)Málaga
04/06/2026 a las 02:00h.La digitalización se ha convertido en una de las grandes apuestas para mejorar la eficiencia del riego en un contexto marcado por la sequía, el ... cambio climático y la necesidad de optimizar cada gota de agua. Sin embargo, un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) pone sobre la mesa una realidad menos visible: muchos agricultores siguen mostrando reservas ante algunas de las herramientas tecnológicas que se presentan como imprescindibles para el futuro del sector.
Las investigadoras identifican cinco tipos de desconfianza. La primera es la denominada epistémica, que aparece cuando los agricultores perciben que los algoritmos y modelos digitales relegan el conocimiento adquirido sobre el terreno. También existe una desconfianza ecológica, relacionada con la dificultad de algunas herramientas para adaptarse a la variabilidad climática y a unas condiciones ambientales cada vez más cambiantes.
La reticencia no responde a una falta de formación, sino a la experiencia acumulada durante años de trabajo
A ello se suman las dudas de carácter institucional, cuando se considera que determinadas soluciones benefician más a grandes empresas tecnológicas que a las explotaciones familiares; la desconfianza práctica, derivada de errores, averías o problemas de funcionamiento; y la relacional, vinculada a la escasa participación de los propios agricultores en el diseño de estas herramientas.
Según el estudio, muchas de estas tecnologías se presentan como soluciones universales capaces de optimizar el uso del agua y mejorar la productividad. Sin embargo, los investigadores advierten de que la realidad de las explotaciones agrícolas es mucho más compleja. Factores como las características del terreno, los cultivos, las condiciones meteorológicas o la propia experiencia del agricultor influyen en la toma de decisiones diarias y no siempre pueden ser sustituidos por recomendaciones automatizadas.
El trabajo se basa en 23 entrevistas realizadas a agricultores, investigadores, empresas agrarias y desarrolladores tecnológicos, además de observaciones en ferias especializadas y análisis de aplicaciones y políticas públicas relacionadas con la digitalización agrícola. Esta diversidad de perfiles permitió recoger visiones muy diferentes sobre el proceso de transformación tecnológica que vive actualmente el sector.
Lejos de interpretar esta situación como un obstáculo, las autoras consideran que puede convertirse en una oportunidad para mejorar la innovación. A su juicio, el reto no consiste únicamente en convencer al agricultor para que adopte nuevas tecnologías, sino en desarrollar soluciones más transparentes, participativas y adaptadas a la realidad de cada explotación. En otras palabras, no se trata solo de que el campo se adapte a la tecnología, sino también de que la tecnología aprenda a adaptarse al campo. De esa relación de confianza dependerá, en buena medida, el éxito de la revolución digital que pretende transformar la gestión del agua en la agricultura de las próximas décadas.
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