Explican el mecanismo que permite a virus como el chikunguña o el dengue persistir en los mosquitos sin matarlos mientras se comportan como vectores, lo que facilita la transmisión de estas enfermedades.
El aumento de las infecciones causadas por virus transmitidos por mosquitos se ha convertido en una preocupación creciente para la salud pública. preocupación creciente para la salud pública. Enfermedades como el dengue la fieble del Nilo occidental, tradicionalmente confinadas a regiones tropicales o subtropicales, están ampliando su alcance geográfico. Europa ya no es una excepción y en España, concretamente, ya se han registrado los primeros casos de brotes autóctonos..
Esta expansión responde a múltiples factores, entre los que destacan el cambio climático y la globalización. Sin embargo, existe también un factor biológico determinante: la capacidad de estos virus para persistir dentro del mosquito durante toda su vida sin causarle la muerte.
Un equipo de investigadores de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), con el apoyo de la Fundación La Caixa ha estudiado cómo estos patógenos logran replicarse en el insecto para asegurar su transmisión sin dañar al huésped.
El trabajo, publicado en la revista PLOS Biology, detalla que el comportamiento viral varía según la especie de la célula infectada. En las células humanas, el virus toma el control total de la maquinaria celular para producir grandes cantidades de proteínas, una estrategia que termina destruyendo el tejido. En cambio, cuando el huésped es un mosquito, la actividad viral se mantiene en niveles moderados.
Un equilibrio sutil
Los investigadores del Grupo de Investigación en Virología Molecular de la UPF, liderado por Juana Díez, vieron que el material genético del virus se acumula en las células del mosquito, pero la producción de sus proteínas permanece limitada, fenómeno que se conoce como represión de la traducción, explica en un comunicado Marc Talló, coprimer autor del estudio junto con Mireia Puig. El virus atenúa su propia actividad y permite que el virus siga replicándose sin sobrecargar ni dañar a la célula que lo hospeda.
Los investigadores señalan que este proceso requiere una regulación precisa. El patógeno necesita generar suficientes copias para garantizar que se transmitirá a otros seres vivos, pero si su actividad fuera demasiado intensa, mataría al mosquito y por tanto, su vía de propagación.
Cuando un mosquito pica a una persona infectada, adquiere el virus. A partir de ese momento, queda infectado de por vida y puede transmitirlo en cada nueva picadura. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en humanos, donde la infección puede dañar o destruir las células y causar síntomas graves, en los mosquitos el virus establece una relación mucho más discreta. A pesar de que el virus sigue activo, no hay signos evidentes de enfermedad. Ese equilibrio es, precisamente, lo que hace tan eficiente la transmisión, explican los autors.
"Se trata d eun equilbirio sutil, que se logra porque, a diferencia de lo que ocurre en humanos, el virus no consigue optimizar completamente el uso de la maquinaria celular, una estrategia evolutiva permite alcanzar un nivel de virus suficiente para una transmisión efectiva sin afectar de manera significativa a la biología del insecto".
Cuando el insecto pica a una persona infectada, adquiere el virus y convive con él de forma permanente, de modo que puede transmitirlo en cada picadura posterior. A diferencia de la infección en humanos, que suele provocar daños celulares visibles y síntomas graves, en el mosquito el virus se establece de manera discreta.
El insecto permanece activo y no muestra signos de enfermedad, una condición que favorece la dispersión eficiente de la patología. Esta convivencia se debe a que el virus no logra optimizar por completo el uso de la maquinaria celular del mosquito, una característica evolutiva que equilibra la carga viral necesaria para el contagio sin alterar la biología del vector.
Descubrir los mecanismos que regulan la actividad viral en los mosquitos ofrece nuevas perspectivas para mitigar la propagación de estas enfermedades. Juana Díez plantea que alterar este equilibrio, bien induciendo una replicación descontrolada que afecte al insecto, bien bloqueando su capacidad de permanencia, podría evitar que los mosquitos funcionen como vectores de transmisión.
Por el momento, la aplicación práctica de estos hallazgos se encuentra en etapas iniciales, añade Gemma Vilaró, coinvestigadora del estudio junto con Sol Ribó, dado que todavía no es posible modificar la carga viral de los insectos en entornos reales. Las pruebas actuales se han desarrollado en modelos celulares, por lo que el siguiente paso para el desarrollo de futuras soluciones farmacológicas requiere replicar los análisis en mosquitos vivos alimentados con sangre infectada.
El avance de estos virus hacia nuevas regiones geográficas dota a este tipo de investigaciones de una relevancia que va más allá del ámbito académico, convirtiéndose en una herramienta útil para diseñar respuestas ante riesgos sanitarios emergentes.
PLOS Biologyhttps://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003702
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