Los autores esperan que ampliar el catálogo de genes de riesgo permita encontrar nuevos mecanismos biológicos y, eventualmente, posibles blancos para desarrollar tratamientos. “En el pasado conocíamos solo un par de genes fuertes, por lo que había pocas oportunidades para que la industria farmacéutica desarrollara medicamentos. Ahora tienes más de 30 objetivos, y eso abre nuevas posibilidades para el desarrollo del tratamiento”, dijo Jay Tischfield, coautor del estudio y profesor del departamento de Genética de la Universidad de Rutgers, en un comunicado.
ciertos circuitos cerebrales clave, pero el mapa genético apenas está generándose.Encontrar una señal entre miles de genes
Hay pistas detrás del misterio de los genes relacionados con los trastornos. Las arquitecturas genéticas de los TOC y tics comparten parte de su riesgo genético. Además, aparecen juntos con frecuencia. Aproximadamente la mitad de las personas con trastornos crónicos de tics presenta síntomas obsesivo-compulsivos, mientras que entre 20 y 30% de quienes tienen TOC cuenta con antecedentes de tics.
En el nuevo estudio, los investigadores aprovecharon esa conexión. Analizaron el ADN de 3,964 personas con TOC, tics crónicos o ambos en busca de mutaciones raras capaces de alterar el funcionamiento de los genes. En 2,418 casos también estudiaron a sus padres, lo que les permitió detectar mutaciones de novo: cambios genéticos presentes en los hijos pero no en sus progenitores.
Estas mutaciones dañinas aparecieron con mayor frecuencia entre las personas con TOC o tics que entre los controles. Al rastrear los genes afectados y determinar cuáles acumulaban más alteraciones de las esperadas por azar, los investigadores llegaron a los 36 genes de riesgo.
Agréganos a tus Fuentes Preferidas en Google para seguir nuestro contenidoArrow30 de los 36 genes reunieron evidencia tanto del TOC como de los tics. La conexión entre ambos trastornos volvió a aparecer en los resultados. Estas variantes pueden aumentar considerablemente el riesgo, pero son muy poco frecuentes. Los autores calculan que alrededor del 7 u 8% de los participantes estudiados junto con sus padres portaba al menos una mutación de novo dañina que contribuía a su riesgo.
El hallazgo podría ser solo la punta del iceberg. A partir de las mutaciones observadas, los investigadores estiman que cientos de genes podrían contribuir al riesgo de TOC y trastornos de tics.