La Artemis 2 vuela ya hacia el satélite terrestre con cuatro astronautas a bordo. Aunque no alunizarán, la misión es clave para la futura base lunar
Jon Garay y Gonzalo de las Heras (gráficos)
Jueves, 2 de abril 2026, 00:39 | Actualizado 01:16h.
We're going around the Moon. Come watch with us. Artemis II's four-astronaut crew is lifting off from @NASAKennedy on an approximately 10-day mission that will bring us closer to living on the Moon and Mars. The launch window opens at 6:24pm ET (2224 UTC). https://t.co/X27QJejNDt— NASA (@NASA) April 1, 2026«Vamos a ir a la Luna. El mundo ha estado esperando mucho tiempo para volver a hacer esto. Estamos realmente entusiasmados«, había dicho Wiseman, el comandante de la misión, en la última rueda de prensa antes de confinarse con sus tres compañeros, una medida habitual para evitar que cualquier contratiempo en forma de infección o enfermedad lleve al traste unos planes diseñados al milímetro. «Estamos ganando, en el espacio, en la Tierra y en todas partes», ha asegurado un eufórico Donald Trump.
Liftoff.
— NASA (@NASA) April 1, 2026
The Artemis II mission launched from @NASAKennedy at 6:35pm ET (2235 UTC), propelling four astronauts on a journey around the Moon.
Artemis II will pave the way for future Moon landings, as well as the next giant leap — astronauts on Mars. pic.twitter.com/ENQA4RTqAc
El colosal Space Launch System (SLS) elevó su mole a las 00.35 horas en nuestro país tras resolverse un problema con el sistema de emergencias. Primero se impulsó gracias a dos cohetes con combustible sólido que lleva adherido a su enorme corpachón naranja. Estos le dieron el primer impulso, el que más energía requiere. Después entraron en juego el hidrógeno y oxígeno líquidos guardados en esa etapa central anaranjada. En estado gaseoso, ambos ocupan demasiado espacio. Por eso los tienen que enfriar hasta los 200 grados bajo cero. Estos dos empellones son los que permiten a los cuatro motores RS-25 heredados de los viejos transbordadores espaciales levantar las 2.000 toneladas del cohete y alcanzar los 40.000 kilómetros por hora necesarios para vencer la atracción gravitatoria. «Es como poner una fragata en vertical y esperar que vuele», explicó a este periódico Guillermo González Gómez, de la Agencia Espacial Europea (ESA).
Sistema de aborto del lanzamiento
Nave Orión
Módulo de la tripulación
Módulo de servicio
Paneles de protección del módulo de servicio
Adaptador de la aeronave
Adaptador de fase Orión
Sistema de propulsión criogénica
Adaptador de la fase vehicular
Fase central
Cohetes de propulsión sólida
Motores RS-25
Sistema de aborto del lanzamiento
Nave Orión
Módulo de la tripulación
Módulo de servicio
Paneles de protección del módulo de servicio
Adaptador de la aeronave
Adaptador de fase Orión
Sistema de propulsión criogénica
Adaptador de la fase vehicular
Fase central
Cohetes de propulsión sólida
Motores RS-25
Sistema de aborto del lanzamiento
Módulo de la tripulación
Nave Orión
Módulo de servicio
Paneles de protección del módulo de servicio
Adaptador de la aeronave
Adaptador de fase Orión
Sistema de propulsión criogénica
Adaptador de la fase vehicular
Fase central
Cohetes de propulsión sólida
Motores RS-25
Sistema de aborto del lanzamiento
Módulo de la tripulación
Nave Orión
Módulo de servicio
Paneles de protección del módulo de servicio
Adaptador de la aeronave
Adaptador de fase Orión
Sistema de propulsión criogénica
Adaptador de la fase vehicular
Fase central
Cohetes de propulsión sólida
Motores RS-25
El SLS es un gigante que alcanza los 108 metros de altura y tiene una capacidad de empuje de cuatro millones de kilos que le permiten elevar una carga de hasta 40 toneladas. Estas cifras lo convierten en el más grande y potente jamás construido por la Nasa, solo superado por la Starship de Elon Musk. Heredero directo del legendario Saturno V de las misiones Apolo -diseñado por Werner von Braun, el ingeniero que ideara las letales V-2 nazis- , cada uno de sus vuelos cuesta en torno a 4.000 millones de dólares, una cifra mastodóntica que no han impedido que se haya convertido en uno de los talones de Aquiles del programa para el regreso a la Luna. Su principal tara, las continuas fugas de hidrógeno, responsables de que el lanzamiento de esta noche no fuera posible ni en febrero ni en marzo, cuando estaba previsto.
La cuenta atrás para el despegue de la histórica misión había empezado este pasado lunes, unas 50 horas antes del lanzamiento. La previsión meteorológica apuntaba a ser lo suficientemente buena, con un 80% de posibilidades de que ni el viento ni tormenta alguna se interpusiera en el camino del coloso espacial. La presión era grande ya que los siguientes días se anunciaban unas condiciones mucho menos favorables. Tras cumplirse uno tras otro los diferentes pasos -especialmente crítico fue la carga del combustible-, todo quedó listo para el esperado momento del despegue, pasada la medianoche en España.
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¿Qué comerán los astronautas durante los diez días de la misión?
Esta misión a la Luna durará diez días. En el primero, la cápsula Orion, en la que viajan los cuatro tripulantes, y el módulo de servicio que lleva adosado - fabricado por la ESA, lleva el agua, los alimentos, el oxígeno y la propulsión de la nave- darán dos vueltas a la Tierra para comprobar que todos los sistemas vitales de la nave funcionan como deben. A partir de aquí, tardarán cuatro días en llegar a su destino.
Se calcula que pasarán a una distancia de 7.400 kilómetros del satélite terrestre, alejándose 400.000 kilómetros de la Tierra, una distancia nunca antes alcanzada por una misión tripulada. Podrán contemplar la cara oculta de la Luna durante unas tres horas, algo que apenas han podido hacer un puñado de astronautas a lo largo de la historia. No alunizarán, una maniobra prevista para las misiones 4 y 5 -la tercera, establecida para el año que viene, servirá para un nuevo ensayo de vuelo del delicado cohete-, calendadas para 2028 tras el último cambio introducido por Isaacman en un plan que ha sufrido un sinfín de alteraciones. La última y más destacada, el abandono del proyecto de construir una estación espacial en la órbita lunar para apostar por construir una base permanente en el satélite. La Nasa ha elegido para dirigir este nuevo plan al ingeniero español Carlos García Galán. Sea como sea, el objetivo es adelantarse a los planes lunares de China, que tiene previsto alcanzar el satélite antes de 2030.
VISTA LATERAL
Módulo de la tripulación
10.387 kg
7,3 m
5,2 m
Módulo europeo de servicio
15.461 kg
VISTA SUPERIOR
Paneles solares
19 m
VISTA LATERAL
Módulo de la tripulación
10.387 kg
7,3 m
5,2 m
Módulo europeo de servicio
15.461 kg
VISTA SUPERIOR
Paneles solares
19 m
VISTA SUPERIOR
Paneles solares
Módulo de la tripulación
10.387 kg
7,3 m
19 m
VISTA INFERIOR
5,2 m
Módulo europeo de servicio
15.461 kg
VISTA SUPERIOR
VISTA LATERAL
Módulo de la tripulación
10.387 kg
7,3 m
19 m
Módulo europeo de servicio
15.461 kg
VISTA INFERIOR
5,2 m
Paneles solares
El viaje de regreso será «gratis». De acuerdo a los planes de la Nasa, la Orión se aprovechará de la atracción gravitatoria de nuestro planeta para su camino de vuelta, de otros cuatro días. Amerizará frente a las costas de San Diego, en California.
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