Martes, 15 de septiembre de 2026 Mar 15/09/2026
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Política

Después de la alternancia

Después de la alternancia
Artículo Completo 613 palabras
"El oficialismo lleva años reprochando a la oposición su supuesta negativa a aceptar la legitimidad de Sánchez; pero ese es el marco que el propio Sánchez parece sugerir para la España post-2027" Leer

Pedro Sánchez se refirió la semana pasada a la Segunda República como «la mejor de las Españas». La declaración fue criticada por quienes vieron en ella un desprecio o ataque velados a la figura del monarca. Pero no es necesario hacer un juicio de intenciones de ese tipo para apuntar lo disparatado de aquella afirmación. Es más: ni siquiera se necesita tener una opinión negativa sobre la etapa republicana. Hasta la visión más favorable es compatible con la evidencia de que la democracia actual ha sido y sigue siendo superior. Para empezar, porque ha gestionado con mucho más éxito un aspecto imprescindible en cualquier democracia, y al que también ha aludido Sánchez estos días: la alternancia. Ninguno de los cambios en el signo del Gobierno de las últimas décadas ha provocado el tipo de conflictividad y violencia que se produjeron durante los años republicanos -sobre todo en el 34 y el 36-. De nuevo: uno puede explicar aquellos episodios como quiera, pero no puede pretender que la alternancia entonces fuera más sencilla y aceptada que en la etapa actual.

Por esto es tan llamativo que Sánchez haya vuelto de las vacaciones hablando expresamente de alternancia. O más bien cuestionándola. El presidente sostiene que la alternancia es positiva en abstracto, pero luego afirma que no es lo que ahora mismo se plantea en España. La posible presencia de Vox en un futuro gobierno de Feijóo, así como el discurso del propio PP, supondrían un cambio cualitativo. Ya no hablaríamos de un proceso democrático normal, sino de «abrir las puertas a una involución en todos los ámbitos en derechos, libertades y también en la diversidad territorial de nuestro país». Y esa involución, según el presidente, no puede ser considerada como alternancia.

Es fácil ridiculizar el sectarismo o el descaro de este discurso, pero lo preocupante de verdad es su contexto: el de una España que se encamina, precisamente, hacia la alternancia. Cada día trae noticias que desgastan más al Gobierno y complican su continuidad más allá de las próximas generales. Cuando no se producen avances en las investigaciones sobre corrupción o sobre una posible financiación irregular del PSOE, se conocen nuevas noticias sobre la grave crisis de Ceuta. Las viejas fuentes de desgaste -socios parlamentarios, promesas incumplidas- van haciendo hueco a las nuevas. Y esta perspectiva de un Gobierno cada vez más impopular, que no tiene respuesta ni a las dificultades del presente ni a los desafíos del futuro, es el escenario idóneo para la alternancia. Uno diría que se diseñó justamente para este tipo de momentos en la vida política de un país.

El presidente, sin embargo, ha decidido presentar ese funcionamiento natural del sistema como una anomalía. Se puede ver solo como la irresponsabilidad de un líder crepuscular, un intento de frenar su caída con eslóganes desnortados, pero su postura plantea igualmente la pregunta: ¿qué ocurrirá si la alternancia se produce? ¿Cambiará el discurso si el PSOE pasa a la oposición, o seguirá manteniendo -con Sánchez o con quien le suceda- que lo que se ha producido es una grave anomalía? El oficialismo lleva años reprochando a la oposición su supuesta negativa a aceptar la legitimidad de Sánchez; pero ese es el marco que el propio Sánchez parece sugerir para la España post-2027. Y así, a base de argumentarios cortoplacistas, se sigue desgastando la mejor de las Españas.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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