Los europeos no andan sobrados de buenas noticias, por lo que merece la pena subrayar el éxito diplomático de Copenhague en su negociación con Estados Unidos sobre Groenlandia
Regala esta noticia Añádenos en Google La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el líder del gobierno de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen. (AFP) 03/10/2026 Actualizado a las 20:46h.Al principio de su segundo mandato, Donald Trump había amenazado con invadir la isla e incorporarla a su territorio nacional si no le dejaban comprarla. ... Aducía razones de seguridad: no podía permitir que los rusos (y según él, también los chinos) estuviesen cada vez más presentes en el Ártico, una nueva ruta navegable por el aumento de las temperaturas de enorme valor estratégico. Dinamarca, argumentaba, no tenía capacidad de defender la gran isla congelada, con valiosas tierras raras en su subsuelo. No le bastaba el acuerdo firmado en 1951 que permite a Estados Unidos establecer bases militares. Reclamaba la propiedad, igual que si estuviese haciendo un «trato» inmobiliario en Nueva York.
El trabajo unido de los europeos les permite negociar acomodos y defender intereses comunes frente a Trump mucho mejor que las declaraciones estridentes y el dramatismo tuitero de los dirigentes populistas a ambos lados del Atlántico. El camino es regalarle una victoria a Trump, aunque sea vacía, que pueda explotar ante su electorado. Solo ha faltado para culminar este episodio que la corona danesa nombrase príncipe de Pittufik (el nombre de la base militar americana en Groenlandia) a Donald Trump. A falta del Premio Nobel de la Paz sin duda vería con agrado su elevación a «royal».
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