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Una plataforma cargada con bombas a la espera de ser cargadas en un B-52 de EE UU poco antes de que expirase el plazo de Trump para la guerra. EFE Doce horas de vértigo, un mariscal paquistaní y un conejo de Pascua: cómo se gestó el alto el fuego entre EE UU e IránDecenas de líderes y mediadores, con China en el último momento, han intervenido en la recta final de una negociación que paró la ofensiva en territorio persa a solo 90 minutos del final del ultimátum de Trump
Miguel Pérez
Miércoles, 8 de abril 2026, 14:08 | Actualizado 14:56h.
... el establecimiento de un alto el fuego de dos semanas con Irán. «Si la República Islámica acepta la APERTURA COMPLETA, INMEDIATA y SEGURA del Estrecho de Ormuz, acepto suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante dos semanas. ¡Será un ALTO EL FUEGO bilateral!», enfatizó el presidente de Estados Unidos en Truth Social.Otros participantes eran obligados en este acto final previo al apocalipsis mentado por Trump. Europa. La primera ministra, Giorgia Meloni, el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, así como otros dirigentes continentales se manifestaron en contra del ultimátum, asustados por la vehemencia del líder republicano sobre su voluntad de hacer «arder todo». La inquietud llegó a todas partes. Incluso a Hollywood. El actor Ben Stiller publicó un mensaje donde solicitaba a la Casa Blanca: «Detengan la escalada. Acaben con la guerra ahora. Nadie quiere esto».
Una de las reacciones de mayor peso fue la Leon XIV, quien reprendió al líder republicano por sus amenazas «verdaderamente inaceptables». El Vaticano se siente muy molesto por las recurrentes referencias de Trump y del secretario de la Guerra, Pete Hegseth, a considerar el enfrentamiento militar con Irán casi como una misión celestial. En su declaración, el Papa hizo incluso algo que no había puesto en práctica antes: una intervención cuasipolítica para apelar a los representantes republicanos y demócratas a convencer a su presidente. «Quisiera invitar a todos a orar, pero también a buscar maneras de comunicarnos. Quizás con los congresistas, con las autoridades, diciéndoles que no queremos la guerra, queremos la paz», sentenció.
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Donal y Melania Trump se disponen a recibir a los niños en la Casa Blanca con motivo del Día de Pascua. EFEEl antecedente de la tregua recién estrenada hay que buscarlo en el Día de Pascua, el lunes, 6 de abril. La familia Trump abrió la Casa Blanca a cientos de niños y sus familias para la carrera de huevos en los jardines típica de esta festividad. Donald se sentó con los chavales. Incluso les contó cómo había sido rescatado un día antes el piloto del F-15 derribado en Irán. Melania lució un traje marinero de Ralph Lauren que no pasó desapercibido. En fecha tan señalada, optó por uno de los diseñadores de mayor raigambre patria en vez de sus habituales modelos de Dolce & Gabbana.
Y mientras todo esto sucedía, los niños rodaban los huevos por el cesped y un enorme conejo de Pascua no se separaba del presidente en su ronda de apretones de manos, uno de sus asesores le contó confidencialmente que Irán había presentado una propuesta de diez puntos y estaba dispuesto a negociarla. El conejo continuó impasible junto al presidente. Pero la Casa Blanca, que veía cada vez más sombrío el horizonte ante la falta de respuestas a sus enviados, percibió una luz al final del túnel.
Washington considera que la decena de condiciones del régimen, entre ellas la garantía de que no volverá a sufrir ataques, la posibilidad de retener el uranio enriquecido y la compensación por los daños ocasionados, suponen un listón demasiado alto, Pero tiene el compromiso de Pakistán de que ese pliego irá limándose en las conversaciones que comenzarán previsiblemente este viernes en Islamabad.
Steve Witkoff y Abbas Araghchi, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán. mantienen un canal de comunicación abierto, aunque ni el empresario norteamericano ni su colega en la misión diplomática, Jared Kushner, son precisamente del agrado de Teherán. El yerno del presidente tiene intereses inversores en Israel y a finales de 2025 se alió con un fondo saudí para adquirir a uno de los gigantes de los videojuegos. Por si guera poco, en junio de 2025 ninguno de ellos evitó los bombardeos sobre el programa nuclear persa.
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JD Vance y Víktor Orbán en Budapest. EFEEn caso de que la falta de sintonía persistiera en ambas comisiones, Trump nombró a JD Vance como activo de último recurso para encauzar las conversaciones. Por sí mismo, el vicepresidente ejerce un cargo que serviría de aval a las autoridades persas ante cualquier compromiso, y además se ha manifestado en contra de una intervención en Irán.
El Día-D, Vance estaba en Hungría expresando el apoyo de Washington a Víktor Orbán de cara a las elecciones del domingo, pero en privado mandaba mensajes directos a Teherán. Incluso les advirtió que el Pentágono podía desplegar «armas que no han utilizado aún», pero con un lenguaje mucho más templado que el de su jefe, quien ha revuelto a los funcionarios veteranos de la Casa Blanca, al Partido Demócrata y a su propia base MAGA con sus exabruptos hostiles.
El mariscal «favorito» de Trump
EE UU ha mantenido como interlocutores a Egipto, Pakistán y Turquía. Pero si alguien ha sido fundamental en este diálogo, ese ha sido Asim Munir, general de cinco estrellas, jefe del Ejército de Tierra de Pakistán y el hombre más poderoso en un país donde la política y lo militar van de la mano. Munir es un veterano que ha forjado gran parte de su carrera en los servicios de Inteligencia, hasta que el anterior primer ministro Imran Khan lo destituyó de su jefatura. Bien es cierto que por poco tiempo. Khan fue desposeído de su cargo en 2022 y detenido un año más tarde por sus posibles vínculos con casos de corrupción. Entonces acusó al general de haber promovido su derrocamiento e incluso avisó de que «si algo le pasa a mi esposa o a mí, el responsable será él».
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Munir, con el micrófono en la mano, se dirige a las tropas paquistaníes desde un tanque. ReutersMunir ha llegado a lo más alto. El año pasado fue designado mariscal de campo, un rango que solo ha ostentado el antiguo dictador militar Ayub Khan. Tiene muy buenas relaciones con la Guardia Revolucionaria Islámica y con Donald Trump. El líder republicano, otrora autor de grandes desprecios a Pakistán, le invitó a cenar en la Casa Blanca en 2025 como su «mariscal de campo favorito». Así que, con un pie en Teherán y otro en Washington, el jefe del ejército ha sido un sólido cemento de la quebradiza negociación.
Como tal, ha viajado a China para abordar la guerra. En Pekín siempre ha sido bienvenido. Munir es aliado del gigante asiático desde que intermedió en la apertura de relaciones con el Gobierno de Richard Nixon. Cabe destacar que, poco antes de que terminase el ultimátum de Trump, el Gobierno chino se puso en contacto con el iraní para convencerle de que aceptase un alto el fuego. «Por supuesto, el mariscal de campo Asim Munir ha sido el negociador clave», han explicado fuentes paquistaníes a 'The Telegraph'.
La mañana del ultimátum fue agitada en Washington. Pete Hegseth se reunió con Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, y otros mandos del Pentágono y del Comando Central con el fin de revisar los planes de ataque a Irán. Lo más conveniente a esa hora parecía ser estudiar de nuevo los objetivos a destruir. Todos ellos siguieron atentos el bombardeo contra las defensas de la Guardia Revolucionaria en la isla de Kharg como una herramienta de presión sobre Teherán, y un modo de eliminar resistencias a un posible asalto posterior.
La economía, mientras tanto, mantuvo el pulso. Como siempre, vigilante. Menos voluble de lo que pudiera sospecharse. Los inversores se han acostumbrado tanto a las erráticas declaraciones de Trump que ya no causan tanto efecto en los vaivenes del petroleo ni de la Bolsa. Pero la imquietud existió. En todas las agencias se prestaba atención a Truth Social. En Nueva York, el exalmirante James Stavridis, vicepresidente de una firma global de inversiones, explicaba a sus ejecutivos que la posibilidad de un alto el fuego era de un 65%, puesto que tanto Washington como Teherán tenían mucho que ganar con una tregua, relata 'The Wall Street Journal' sobre el ambiente en el sector financiero.
Treinta mensajes y un saludo
¿Qué hizo Trump en la mañana de autos? Según su entorno, no se movió del Despacho Oval. Durante esas primeras horas tampoco pareció evidenciar un comportamiento que revelase que minutos antes acababa de amenazar con destruir una civilización entera. No cogió su fusil, como Silvio Rodríguez en Cuba. En cambio, conversó con varios empresarios, publicó una treintena de mensajes de aliento a sus candidatos en las elecciones de Indiana como si se tratara de una jornada normal y envió un saludo al líder húngaro Víktor Orbán en medio de un mitin en Budapest. JD Vance enarboló desde el estrado su teléfono para que todos pudieran ver el rostro de Trump.
A última hora de la mañana, sin embargo, se instaló la sala de pre-guerra. El presidente convocó a todos sus asesores. Volvieron a repasar los planes para el caso de que Irán, como acababa de anunciar, se retirase de una negociación. Reevaluaron las perspectivas para el estrecho de Ormuz, su talón de Aquiles. Las consecuencias energéticas y políticas. 'The New York Times' destaca la existencia de un clima de tensa espera mientras la llamada de Teherán seguía sin producirse. Y, de repente, sobre las 15.00 horas, el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, anunció en la red X que las conversaciones «progresan de manera constante» y solicitaba un alto el fuego de dos semanas para ampliar el margen de la negociación. Se sucedieron las llamadas. Comprobaciones. Garantías. Al régimen se le exigirá a cambio que reabra el estrecho de Ormuz, le explicaron a la Casa Blanca. A las 18.32 horas, Trump anunció la suspensión de la ofensiva y una tregua.
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