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Don Sérvulo y Tik Tok

Don Sérvulo y Tik Tok
Artículo Completo 742 palabras
En esta España cruel, los haters acosan e insultan hasta en el Facebook del Imserso

La última del verano

Don Sérvulo y Tik Tok

En esta España cruel, los haters acosan e insultan hasta en el Facebook del Imserso

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Regala esta noticia Añádenos en Google Un menor consulta la aplicación de Tik Tok en su teléfono móvil. (Óscar Chamorro)

J. R. Alonso de la Torre

26/08/2026 Actualizado a las 00:01h.

En noviembre de 2005, escribí un artículo sobre un héroe de Filipinas y solventé un problema que no tuvo nada que ver ni con el ... héroe ni con Filipinas, sino con un monosílabo: fue. Resulta que lo escribí sin tilde, correctamente, pero un comentarista criticó que hubiera escrito 'fué' con tilde y me diagnosticó cultura asnal, agrafia y desprestigio para mi periódico. Releí el artículo en papel y en su versión digital varias veces y allí aparecía claramente 'fue' sin tilde. Pero daba lo mismo, la sección de comentarios se llenó de ataques a mi analfabetismo funcional. Ese día tomé una decisión que he convertido en dogma de fe: no volver a leer comentarios digitales. Así he preservado mi salud mental y no he caído en la tentación de agradar a los comentaristas.

En la novela 'No te veré morir' de Antonio Muñoz Molina, el protagonista se sincera con un amigo y le explica que España es un país cruel. ¿Lo somos? Pues parece que sí atendiendo a cómo destrozamos en X, Tik Tok, Facebook o Instagram a quien comete un error o sale de la norma sin pensar en que, algún día, nos tocará a nosotros estar en el lado de los imperfectos y probaremos nuestra propia medicina.

El novelista Jesús Fernández Santos argumentaba que en España habíamos pasado tan rápidamente del asno al Seat 600 que no habíamos asumido cambios intermedios importantes. Lo cuenta el periodista José Martí Gómez en 'El oficio más hermoso del mundo'. Pues ha vuelto a suceder, pero en el ámbito tecnológico: hemos saltado en pocos años de la conversación de taberna a la conversación de red social y hemos perdido el norte. Hace nada, las opiniones del médico, el maestro y el cura tenían bastante más prestigio en nuestras estructuras sociales que la última ocurrencia de un borracho a las once de la noche en la taberna del pueblo. Hoy, el mensaje de un desconocido se convierte en verdad irrefutable si aparece en una red social.

Y no crean que es cosa de jóvenes. Los turistas jubilados han creado unas páginas para comentar educadamente los viajes del Imserso. Pero también ahí actúan haters crispados que nadan en el fango. Si un usuario comenta que la comida de tal hotel no es muy buena, otro lo acusa de ser un relamido. Si una viajera pregunta por la limpieza en un resort, no faltan quienes la tildan de pesada y le piden que deje de preguntar tonterías. A una señora que se queja del desayuno, la desprecian por requetefina. Una viajera amenaza con denunciar a un usuario por acoso y otra anuncia que se da de baja «por las faltas de respeto y las burlas». Y si a algún seguidor o seguidora de la página se le ocurre preguntar o comentar algo en catalán, siempre con una segunda versión en castellano, cae sobre ellos toda la ira del Imserso nacional español: insultos, descalificaciones, proclamas de españolismo…

Es verdad que, además de zaherirnos, estamos todo el santo día dándonos amor: que si te quiero en Facebook, que si te beso en Twitter, que si me gustas en Instagram y, sin embargo, estamos cada vez más idos, más aislados, más frustrados. Fíjense en los pastores, todo el día solos y sin cobertura, pero también sin taras mentales. No necesitan bsts ni tqiero para estar cuerdos. Les basta con un tuma, tuma para entenderse con las vacas y un urra, urra para interactuar con las ovejas. No hay que llegar a tanto, bastaría reflexionar a partir de una pregunta: ¿Cómo puede tener más prestigio algo llamado Tik Tok que don Servando el médico o don Sérvulo el maestro?

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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