Edgard Rimaycuna Inga junto al papa León XIV. En ese tiempo estaban en Chiclayo, Perú. Edgard Rimaycuna
Reportajes Edgard Rimaycuna, el secretario del León XIV de 36 años que iba para ingeniero: era "el mejor de la clase" en su Chiclayo natalSe conocieron en Roma, en 2006, durante un seminario al que acudió Rimaycuna. Desde ese entonces, Prevost se convirtió en su "director espiritual".
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Gustavo Molina Publicada 9 junio 2026 02:39hEn Chiclayo, su ciudad natal, lo recuerdan como el padre Edgard (Perú, 1989). El cargo —y adjetivo— de secretario privado del papa León XIV es una añadidura más. En gran medida, eso es lo que conlleva el tiempo: mirar de lejos cómo una historia encaminada desde un inicio llega al puerto que le estaba esperando.
El padre Edgard Rimaycuna estudió en el Colegio San José de Chiclayo, uno de los más relevantes en Perú. Allí, sus compañeros y profesores siempre lo miraron con admiración: impoluto, decidido, con vocación espiritual, alguien en quien se podía confiar y, sobre todo, con una línea definida entre lo correcto y lo que no.
Su madurez no iba a la par de sus años. En su infancia siempre se cuestionaba lo que debía hacer. Pensaba en si a lo que iba a acceder estaba "bien o mal".
El pueblo donde el Papa León XIV fue misionero: el primero de Perú que se independizó de EspañaY eso, en gran medida, es lo que tiene ser criado por una profesora como lo ha sido su madre, Elia Inga. Junto a su padre, Mauricio Rimaycuna, le enseñaron desde pequeño que su vida sería más sencilla si se la entregaba a Dios.
Él lo tomó de forma literal. Sin ningún titubeo. Incluso, su profesor de matemáticas creyó que tras su graduación, él "iba a estudiar Ingeniería Civil, pero Dios lo llamó y siguió su vocación sacerdotal".
A ello se sumó su profesor de Literatura, César Azores. "Edgard siempre fue un alumno muy aplicado y dedicado. Él lideraba las exposiciones grupales y mostraba un compromiso excepcional con sus estudios".
En 2005 se graduó del colegio con un destacado rendimiento académico y para nadie fue una sorpresa cuando contó que, al año siguiente, estudiaría en el Seminario Mayor de Chiclayo.
Roma
En su primer año de estudio tuvo una visita académica a Roma como seminarista. Allí conoció a Robert Francis Prevost, que en ese entonces era el prior general de la Orden de San Agustín y también había ejercido ese cargo en la provincia peruana de Lambayeque.
Desde un principio hubo una conexión especial entre ellos. Para el actual sumo pontífice, Perú siempre ha significado una parte esencial de su vida. Llegó a Chiclayo en 1985 y se fue tres años después.
Sin embargo, pese a irse, siempre continuaba regresando para realizar misiones con la comunidad. Por eso, al encontrarse con Rimaycuna, se convirtió en su "director espiritual" para seguir su desarrollo humano, intelectual y pastoral.
Con el paso de los años, Prevost fue siendo partícipe de las decisiones claves en la vida de Rimaycuna. En 2013, como era de esperar, el padre se graduó y fue ordenado diácono el 7 de septiembre en la catedral de su ciudad natal.
El sumo pontífice nunca se despegó de él. Y una de sus voluntades era regresar a Perú. En medio de ello, en 2014, el entonces papa Francisco lo nombró obispo en la diócesis de Chiclayo.
La página oscura de una vida ejemplar: ¿hizo lo suficiente el obispo Prevost para apartar a sus curas acusados de abusos?Al llegar nuevamente a ese territorio, Rimaycuna y Prevost empezaron a ejecutar proyectos. Uno de ellos quedó marcado para la comunidad: construyeron un oratorio en el colegio San José, justamente donde el padre había estudiado.
"La idea de construir un espacio de oración dentro del colegio había estado presente durante muchos años, y fue concretada gracias a la visión de Edgard Rimaycuna con el apoyo del papa León XIV", señaló la subdirectora para el diario Perú21.
Estudios
Prevost y Rimaycuna trabajaron de la mano por la comunidad durante cuatro años. Pero en la vida todo tiene una fecha de caducidad. Por ello, el sumo pontífice le aconsejó a su pupilo que estudiara en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.
La decisión no fue fácil. Eso le implicaba mover toda su vida que, a diferencia de Prevost, hasta ese entonces había transcurrido exclusivamente en Perú.
El primer Papa nacido tras la Segunda Guerra Mundial: un norteamericano de lazos latinos que será contrapeso de TrumpLe entusiasmaba regresar a Roma, pero sabía que si su "director espiritual" se lo recomendaba, él debía escucharlo.
Entonces, Rimaycuna emprendió su viaje en el verano de 2017 para empezar sus estudios en septiembre. Durante ese tiempo nunca perdió el contacto con Prevost.
Sus estudios finalizaron en 2021 y obtuvo la licenciatura en Sagrada Escritura. Y allí, también por recomendación del sumo pontífice, residió en Manesseno, una aldea en la región de Liguria, donde fungió como vicario parroquial.
Con ello, logró conocer una nueva cultura y también estrechar lazos con la comunidad italiana. Es por ello que Prevost nuevamente lo contactó en 2024 y lo nombró como su colaborador en la curia romana dado que el sumo pontífice estaba dirigiendo el Dicasterio para los Obispos.
Lo esperado
El 8 de mayo de 2025, el cardenal Prevost fue elegido como papa. Y una de sus primeras peticiones fue algo que ya se esperaba: que Rimaycuna fuera su secretario personal.
"Trabajar para el papa León XIV es trabajar al lado de un amigo, en mi caso particular. Soy quien le ayuda en el trabajo diario y quien lo protege para que logre realizar su trabajo con tranquilidad", dice Rimaycuna en entrevista para Alfa & Omega.
Alejandro Moral, el amigo burgalés de León XIV líder de los agustinos: "Le advertí que fuerzas con mucho dinero querían eliminarlo"Durante las más de dos décadas que llevan de esa amistad, Rimaycuna asegura que el sumo pontífice no ha cambiado y que sus cualidades continúan intactas.
Pero, para ambos, fue necesario ese intercambio cultural: Prevost aprendió de Perú la cercanía y el amor de la comunidad, mientras que Rimaycuna encontró un equilibrio entre la sobriedad y su forma de ser.
"Él no ha cambiado. Permanece todo desde que lo conocí. Lo único que ha cambiado es la vestimenta, pero el hombre que hemos conocido todos sigue allí: cercano, tranquilo, con una gran capacidad de escucha y que siempre está disponible", añade.
Además, en su trabajo, otra de las lecciones que le ha dejado es aprender a ser "el dos". Y no hay una malicia en esa frase. Tampoco un golpe de ego. En su caso, entiende y asume el rol que le toca porque es el encomendado por Dios.
"Nadie enseña a ser secretario del papa porque es un encargo que viene de un momento a otro. A lo largo de estos meses he estado pensando en dos ideas y tienen que ver con las imágenes de san José y san Juan Bautista. La frase que me enseñaron fue 'conviene que yo disminuya y que Él crezca'", expresa.
Ahora, desde la distancia, sus allegados y familiares lo siguen mirando de la misma manera que cuando él era un niño: alguien dedicado, honesto, leal y con una devoción intachable. Y eso es lo que tiene el paso del tiempo: hay personas que avanzan en la lejanía, con espectadores que aplauden cómo una historia encaminada desde un inicio llega al puerto al que siempre perteneció.