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El escritor Eduardo Mendoza, durante la presentación en Barcelona EFE/Andreu Dalmau Eduado Mendoza: «El humor lo considero un trabajo y me lo tomo en serio, muy en serio»El escritor recupera su detective sin nombre con su nuevo libro, el segundo tras anunciar su retirada
Lunes, 13 de abril 2026, 14:31
... recupera, a decir de los expertos, la vena más hilarante del autor que mejor ha retratado la Barcelona contemporánea y todos sus estratos sociales, premio Princesa de Asturias de las Letras 2025 por ser un «proveedor de felicidad para los lectores». También recupera a su personaje favorito, su alter ego a decir del propio Eduardo Mendoza, el detective sin nombre.A lo que no se apunta Mendoza es a intentar retratar unos líderes contemporáneos a los que asegura que «no entiende», apuntando sin mencionarlo a Donald Trump. «No son personajes atractivos para mi y por otro lado no los entiendo» asegura, apuntando que «habría que ser Shakespeare para entender» esas dinámicas sujetas a «los mecanismos del poder.»
«Mis personajes son de escala más reducida y comprensible» explica, «se mueven por dinero vanidad, celos, rabia, pero no por estos mecanismos de destruir una civilización… yo esto no lo entiendo».
En esta lógica, el autor añade que los años le han dado más libertad a la hora de escribir. Y argumenta, para explicar esa afición incontenible a las letras: «si no escribo las palabras me estallarían en la cabeza». Aunque asegura que no tiene ninguna nueva novela entre manos.
«Hacerse mayor no tiene ningún interés, no lo aconsejo, pero tiene pequeñas ventajas» explica Mendoza, convencido de que «lo que tenía que hacer lo he hecho». Con esa filosofía llega la nueva novela de Mendoza, en la que el escritor reconoce un «trabajo muy serio» para hacer reír al lector. «Nunca me he considerado artista, pero sí artesano, y en mi especialidad soy profesional serio. El humor lo considero un trabajo y me lo tomo en serio, muy en serio».
Un enredo con chapuzas criminales
'La intriga del funeral inconveniente' es un grandísimo enredo con suplantaciones y chapuzas criminales, explica Elena Ramírez, editora de Mendoza. Un lío en el que la culpa la tiene un periodista en su primer día de trabajo, un nuevo personaje «tremendamente mendoziano» con el que Mendoza se ríe de la profesión periodística.
Ramoncito Valenzuela es «un periodista totalmente incompetente» relata su autor. Un periodista «que escribe muy mal» explica, con el que ha intentado reflejar «todas las cosas que los periodistas hacen mal» añade, pese a asegurar que siente gran respeto por la profesión periodística.
Nada que ver con su detective sin nombre, al que reconoce como su alter ego. «Es un poco como yo pero mucho más listo, atrevido y con más éxito con las mujeres». El propio autor reconoce que «me identifico con este detective en este mundo que es un puro disparate. Me siento identificado y contando la vida del niño q fui y se divertía jugando con soldaditos en el suelo de casa».
«Me identifico con este detective en este mundo que es un puro disparate«
Un personaje que le sirve para volver a un género que Mendoza siempre ha defendido con brillantez, la novela negra. Y un género que contaba con una sólida tradición en otras latitudes, pero en España reivindicó y dignificó la generación de Mendoza que recuerda en ese empeño a otros autores como Manuel Vázquez Montalban.
El escritor defiende la necesidad de buscar «la complicidad del lector» en este género y reconoce el trabajo «para procurar que no se vean los zurcidos, que no se vea la trampa como en los juegos de manos» también en su último título. «Si consigues desde el arranque que el lector entienda el juego y se preste a jugar, ahí ya todo es fácil», añade.
El autor de 'Sin noticias de Gurb' o 'La verdad sobre el caso Savolta' defiende además su elección de Barcelona, de nuevo, como escenario de la novela. «Porque es mi ciudad y me gusta» señala, al tiempo que defiende la ciudad frente a las críticas de sus propios vecinos. Tras pasar largas temporadas fuera de ella, asegura haber entendido el por qué de su «excelente imagen» internacional. «Barcelona tiene los problemas de todas grandes ciudades y en cambio tiene algo que las otras no tienen: la mezcla perfecta de ciudad civilizada y ordenada y canalla y tercermundista», recalca.
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