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Educación económica en los colegios

Educación económica en los colegios
Artículo Completo 1,005 palabras
Educación económica en los colegios

FRANCISCO BARRIONUEVO. PRESIDENTE EJECUTIVO GRUPO NOVASCHOOL

Lunes, 13 de abril 2026, 02:00

... bastante más profunda. Antes que financiera, la formación que necesita un escolar es económica. Es decir, comprender las reglas básicas de esa ciencia social que nos afecta de lleno a todos, a pesar de que algunos sigan pensando que la Economía solo interesa a empresarios, especuladores, banqueros o políticos.

A todo lo anterior habría que añadir una cuestión que considero capital. Me refiero a que los alumnos de Secundaria y Bachillerato deberían conocer, aunque sea de manera introductoria, las principales escuelas de pensamiento económico. No hablo de convertir el aula en una Facultad de Económicas, pero sí de darles unas nociones básicas sobre las distintas formas de entender la economía, el papel del Estado, el mercado, los impuestos, el gasto público o la redistribución de la riqueza. Llegará un momento decisivo en sus vidas en el que tendrán que ejercer el derecho al voto, y conviene que lo hagan con algo más que impulsos o consignas. Todos sabemos que la política económica constituye la base principal de las propuestas de los partidos políticos, y no son pocos los jóvenes que acuden a sus primeras elecciones sin el criterio suficiente para valorar qué modelo económico defienden cada opción. Una mayor cultura económica les dará más conocimiento, más autonomía de juicio y más capacidad para elegir con libertad la opción política que mejor se ajuste a sus intereses y a su visión de la sociedad.

Educar financiera y económicamente es enseñar que los recursos son limitados

No consiste en incluir para el examen largos temarios de teoría económica para que el alumnado los estudie sin entenderlos y los repita en un examen con el único objetivo de conseguir buena nota en la asignatura. La Economía debe ser una asignatura muy experiencial, poniendo al alumno en el centro del proceso y siendo actor de su propio aprendizaje. Solo de ese modo desarrollará criterio, hábitos sanos, prudencia, capacidad de anticipación y una cultura del esfuerzo que hoy, por desgracia, no cotiza al alza.

En el fondo, educar financiera y económicamente es enseñar que los recursos son limitados, que no todo se puede tener en el mismo instante que se desea, que endeudarse no es gratis y que detrás de cada euro que ingresamos hay trabajo, sacrificio y tiempo. Prima facie, la buena educación económica y financiera actúa como un antídoto frente a los males contemporáneos, entre otros, la impulsividad, la inmediatez y la irresponsabilidad del capricho.

Además, no se trata de convertir a niños y adolescentes en pequeños analistas financieros, ni mucho menos en económetras precoces. Se trata de introducir, con sentido común y de manera gradual, nociones básicas sobre el valor del dinero, el presupuesto familiar, el ahorro, el coste de oportunidad y el consumo responsable. Aprender a administrar una paga, fijarse un objetivo de ahorro, comparar precios, decidir si conviene comprar ahora o esperar, o entender que cada euro gastado en una cosa deja de estar disponible para otra, son aprendizajes que dejan huella si se llevan a cabo desde edades tempranas, y con un proyecto curricular de centro bien definido que integre de manera acorde la programación didáctica de la asignatura de Economía.

Ahora bien, sería profundamente injusto descargar todo el peso de esta tarea sobre la escuela. De hecho, la familia desempeña aquí un papel capital. Me atrevería a decir que el primer manual de educación financiera no se estudia, se observa. Los hijos ven cómo compran sus padres, cómo gastan, si comparan precios o no, si ahorran o viven al día, si planifican o improvisan, si hablan del dinero con equilibrio o si lo convierten en un tabú. Los menores aprenden antes por imitación que por teoría. Y aquí conviene traer a colación la Teoría del Aprendizaje Social de Albert Bandura, que explica algo que cualquier docente con experiencia percibe a diario en el aula: el alumno no solo aprende cuando estudia, también aprende cuando observa. En esa teoría, el aprendizaje por observación y modelado ocupa un lugar central, de modo que los escolares incorporan conductas al ver cómo actúan otras personas. Por eso la educación financiera tendrá más recorrido si el escolar observa hábitos coherentes en su familia.

Hace falta un planteamiento serio, sistemático y realista. En definitiva, debemos tomárnoslo muy en serio y dejar de contemporizar con una carencia formativa que arrastramos desde hace demasiado tiempo. ¿Y cómo hacerlo bien? Pues con menos retórica pedagógica hueca y más realidad práctica. Enseñando al alumno a elaborar un presupuesto familiar, a manejar una hoja de cálculo, a comparar precios, calcular intereses, a reflexionar sobre el ahorro y a comprender que toda decisión económica conlleva una renuncia y todo ello bajo una programación didáctica acorde a la edad y a los objetivos marcados.

Así es, cuando el aprendizaje se convierte en experiencia útil, el alumno deja de estudiar con el único objetivo de sacar nota o aprobar, y es ahí cuando empieza a aprender la economía real.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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