Edurne Uriarte, durante la entrevista con EL ESPAÑOL, en el despacho de su casa vizcaína. Javi Julio
Política Edurne Uriarte: "El 85% de los excarcelados son de ETA. Es una decisión política y parte del pacto de Sánchez con Bildu""El Gobierno hace dejación del control de fronteras y pone en riesgo la seguridad de los españoles y la viabilidad de los servicios públicos, por motivos electorales".
"Fui una de tantas víctimas de la limpieza ideológica del nacionalismo radical: bombas y cancelación".
"La izquierda domina el lenguaje y, por lo tanto, domina la batalla de las ideas".
Rubén Fernández Publicada 6 abril 2026 03:40hLas claves nuevo Generado con IA
Edurne Uriarte (Vizcaya, 1960) nos recibe en el despacho de su casa, en una localidad situada a veinte minutos de Bilbao. Allí tiene su cuartel de fin de semana, entre árboles y una enorme librería blanca, con ejemplares acumulados durante décadas que también cuentan su propia biografía: del antifranquismo y el PSE, del que fue militante, al PP, del que hoy es diputada.
Por medio, una persecución de ETA que la empujó a abandonar el País Vasco rumbo a Madrid.
Uriarte habla con la ilusión de quien tiene un libro a punto de salir y un proyecto que la ocupará durante los próximos meses: será la encargada de coordinar la ponencia que la Comisión Mixta de Seguridad Nacional va a crear para estudiar el impacto de la regularización masiva de inmigrantes.
Un proceso impulsado por el Gobierno, que comenzará este mes de abril, se extenderá durante dos meses y con el que se pretende dar papeles, en principio, a más de medio millón de inmigrantes en situación irregular.
¿Para cuándo creen que podría estar listo el informe de la Comisión?
Nuestro objetivo es tenerlo preparado antes de final de año.
¿Qué tipo de documentos o testimonios consideran prioritarios para entender el impacto real de la regularización?
Dado que la ponencia se va a centrar en el impacto de la regularización masiva en la seguridad nacional, consideramos que las comparecencias más importantes tienen que ser las de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, el Departamento de Seguridad Nacional, las autoridades europeas, especialistas en inmigración y seguridad, y altos funcionarios responsables de los registros de antecedentes penales.
¿Y asistirán?
Cuando una ponencia del Congreso y el Senado llama a colaborar en la elaboración de un informe, la inmensa mayoría de las personas a las que contactamos tiene total disponibilidad para venir.
Al haberse asegurado el Partido Popular, con Vox, la mayoría en este órgano parlamentario, van a poder fiscalizar la regularización extraordinaria aprobada por el Gobierno. ¿Tienen capacidad para imponer algún cambio en el proceso?
Como ponencia no tenemos capacidad para imponer, y menos a este Gobierno que decide de espaldas al Parlamento.
Pero sí tenemos capacidad para informar a la opinión pública de los peligros de esta regularización y, por supuesto, también para informar al Gobierno.
Pero, con un Gobierno que decide de espaldas al Parlamento, las posibilidades de influencia son muy limitadas. La cuestión es si el Gobierno quiere seguir imponiendo medidas también en contra de lo que digan los expertos y en contra de la opinión pública.
Para justificar esta regularización masiva, el Gobierno apela a cuestiones humanitarias y de interés general, porque permitiría la entrada de nuevos trabajadores. ¿Cuál cree que es la principal motivación de Pedro Sánchez?
Creo que tiene dos motivaciones principales y las dos son electorales. La primera, que también en esto Pedro Sánchez pretende erigirse en el líder anti Trump europeo.
Hay que recordar que inició el proceso de regularización en plena polémica en Estados Unidos por las acciones del ICE para expulsar inmigrantes ilegales. Sánchez incluso logró que se hablara de él y de la regularización masiva en The New York Times.
Lo que está logrando es enfrentarse al resto de Europa, incluidos otros líderes socialistas como el británico, que abogan por medidas restrictivas contra la inmigración irregular.
La segunda motivación es también electoral: es su estrategia para atraer el voto de extrema izquierda, es decir, para atraer el voto de quienes quieren el reemplazo del que hablaba Irene Montero.
Edurne Uriarte, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Javi Julio
El Gobierno habló en un principio de 500.000 inmigrantes. Sin embargo, en la exposición de motivos ustedes, el Partido Popular, citan un informe de la Policía que habla de hasta 1,3 millones. ¿Qué estimaciones tienen sobre cuál podría ser la cifra real de regularizados?
Este es otro de los grandes problemas de esta regularización masiva. El Gobierno ni siquiera maneja cifras rigurosas sobre las personas que podrían acogerse a la regularización. Habla de 500.000 personas, mientras que, por ejemplo, Funcas ha calculado que pueden ser 840.000. Y el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía Nacional ha elaborado un análisis de riesgo en el que apunta a una cifra muy diferente, de 1.300.000 personas.
Esta semana, el comisario europeo de Asuntos de Interior e Inmigración, Magnus Brunner, aclaró que la regularización no implica libertad de movimiento entre países miembros y que todos los inmigrantes que ahora se regularicen tendrán que quedarse en España. ¿Se pueden realmente controlar los flujos entre unos países y otros dentro de la Unión Europea?
Teóricamente es así: los inmigrantes que se regularicen tendrán que quedarse en España, pero en la práctica hay una dificultad real de controlar esos flujos. De ahí que haya una creciente preocupación de la Unión Europea ante el proceso de regularización español.
¿Qué opina el PP europeo? Porque su partido no sólo gobierna en la Comisión Europea, sino en países como Alemania.
Esta semana, precisamente, el Parlamento Europeo ha lanzado una advertencia directa a España.
Es la primera advertencia oficial en el informe final de la Misión de Peticiones a Canarias, en el que muestra su preocupación por la regularización masiva de España.
Dice que puede generar un efecto llamada y poner en riesgo la seguridad del espacio Schengen. Y advierte de que decisiones de este tipo no se pueden adoptar de forma unilateral.
El Parlamento Europeo aprobó la semana pasada un reglamento de retorno para armonizar y endurecer las expulsiones de inmigrantes en situación irregular. La Eurocámara considera un fracaso que la tasa media de expulsiones esté en el 20%, pero la de España es aún menor, no llega ni al 10%. ¿A qué atribuye el desfase?
La razón es sobre todo política. Pedro Sánchez que quiere ser percibido como el anti Trump europeo, lo que incluye ser también un presidente anti expulsiones de inmigrantes en situación irregular.
Con lo cual, en lugar de ser un anti Trump, se convierte en un anti otros primeros ministros y presidentes europeos.
A la vez estamos asistiendo a brotes racistas. Esta misma semana con cantos islamófobos durante el partido España-Egipto en Cornellá.
El control de la inmigración irregular nada tiene que ver con el racismo, tiene que ver con la seguridad y con la ley. Vincularlo al racismo, como hace la izquierda, es una lamentable manipulación para desviar la atención del problema.
El racismo y la xenofobia constituyen algunas de las actitudes sociales que más me repugnan.
Y quiero subrayar también que nuestra oposición a la regularización masiva que va a hacer el Gobierno nada tiene que ver con la raza o el grupo étnico, tiene que ver con el control de las fronteras, con la ley, con la viabilidad de los servicios públicos y con la seguridad.
¿Qué es lo que le preocupa personalmente más de este "papeles para todos"?
El hecho de que por motivos electorales y políticos un Gobierno haga dejación del control de fronteras y ponga en riesgo la seguridad de los españoles y la viabilidad de los servicios públicos.
Al proceso de regularización extraordinaria que se pondrá en marcha este mes se une el que se habilitó para dar la nacionalidad a extranjeros mediante la Ley de Memoria Democrática. El Gobierno no ha precisado aún cuántas personas han obtenido la nacionalidad por esta vía.
Desde el Grupo Parlamentario Popular hemos preguntado hasta en cinco ocasiones al Gobierno cuántas personas se han nacionalizado a través de la Ley de Memoria. Y, como ha denunciado esta misma semana nuestra portavoz, Ester Muñoz, la respuesta del Gobierno ha sido que no lo saben.
En su propio partido hay quienes alertan, como Ayuso, de que lo que se busca es un cambio en el censo que pueda perjudicar a las opciones conservadoras en las elecciones.
Irene Montero ya dijo que quieren un "reemplazo de fachas". Fue una frase literal de esa extrema izquierda cuyos votantes Pedro Sánchez quiere conquistar.
Pero yo creo que también los inmigrantes que residen y trabajan legalmente en España quieren orden, legalidad y seguridad para ellos y para sus hijos.
Vayamos a la hemeroteca. Diciembre del año 2000. Facultad de Periodismo de la UPV, en Leioa. Una bomba de 3,5 kilos de Titadine en el ascensor, "con capacidad de echar abajo medio edificio", falla a última hora. El objetivo era Edurne Uriarte. ¿Cómo se sintió?
Como miembro que fui de la resistencia antiterrorista, del Foro de Ermua y activista en Basta Ya, sabía que estaba en peligro y que esto podía ocurrir, porque era parte de la vida diaria de todos los vascos que nos movilizamos contra ETA.
Casi un cuarto de siglo después, todavía no sabe quién intentó matarla.
En efecto, nunca se supo quién fue el autor. Lo cual me preocupa limitadamente, porque al fin y al cabo yo salí ilesa de aquel atentado porque falló el detonador de la bomba.
Me preocupa mucho más que todavía haya casi 400 asesinatos de ETA de los cuales no se ha detenido al autor. Tantas y tantas familias a las que todavía no se ha hecho Justicia.
Usted en ese momento era militante del PSE. Estuvo, incluso, en la ejecutiva de los socialistas.
Soy una persona que procede del antifranquismo y de la izquierda. Pero en mi vivencia de lo que fue el País Vasco, la persecución de ETA, me sentí crecientemente desilusionada y crítica por lo que me parecieron dos problemas de la izquierda, y en particular del socialismo.
El primero, lo que consideraba los complejos de la izquierda para defender con claridad la españolidad del País Vasco, el derecho de todos los vascos a sentirse y a ser españoles.
Y en segundo lugar, también fui crecientemente crítica con las dudas que percibí de la izquierda en el País Vasco en la lucha antiterrorista y en la movilización contra el terrorismo.
"Vengo del antifranquismo y de la izquierda, pero me sentí desilusionada por los complejos de la izquierda para defender la españolidad del País Vasco"
¿Y cómo ve ahora las excarcelaciones de Anboto o Txeroki?
Son parte de los pactos de Pedro Sánchez con Bildu, pero también son parte de lo que en su día Zapatero negoció con ETA, que tanto criticamos algunos.
Estas excarcelaciones se hacen en virtud del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario. Pero resulta que benefician masivamente a los miembros de ETA, no al resto de encarcelados, como denunció esta semana Javier de Andrés, el presidente del PP vasco.
Un 85% de los excarcelados son miembros de ETA, lo que deja claro que se trata de una decisión política que se hace dentro de una campaña de la izquierda y del nacionalismo de borrado de la historia criminal de ETA.
Excarcelaciones aprobadas por una consejera socialista, María Jesús San José. ¿La conoce de su etapa en el PSE?
No la conozco, pero sí lamento que socialistas vascos que conozco y que aprecio se hayan plegado a esta campaña ordenada por Pedro Sánchez.
¿Como quién?
No quiero mencionar nombres concretos, pero conozco y aprecio a muchos socialistas vascos.
Desde la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa, han sido 147 los presos de ETA que han obtenido el régimen de semilibertad.
La izquierda y el nacionalismo quieren reescribir la historia del terrorismo y presentarla como un supuesto conflicto entre dos partes. Obviamente no lo fue, lo que ocurrió fue la persecución de los terroristas a todos aquellos que se oponían a su proyecto totalitario.
Y a la vez vemos cómo se politiza una marcha, la Korrika, con imágenes de presos de ETA.
El proceso de negacionismo de ETA incluye, claro está, la legitimación de los crímenes de ETA. Es lo que se hace, por ejemplo, con las imágenes de etarras en la Korrika y con el visto bueno, o el mirar hacia otro lado, del PNV.
Edurne Uriarte, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Javi Julio
Aunque ahora está subiendo una nueva generación de políticos en el PNV.
Lo que me llama la atención de esta nueva generación, pero también algo que afecta a la vieja generación, es la radicalización independentista del PNV.
En el PNV la mayoría siempre ha sido autonomista más que independentista. Pero ahora que, según las encuestas, hay menos independentistas que nunca en el País Vasco, en el PNV se han vuelto independentistas. Y esto sí me llama la atención y me choca, porque va contra las tendencias mayoritarias del País Vasco.
Aunque no llega a los niveles de Ibarretxe.
Tengo mis dudas, porque el PNV está negociando lo que llama un nuevo estatus político para el País Vasco con Bildu. Y en ese nuevo estatus político, el PNV aboga por incluir lo que llama el derecho de autodeterminación, es decir, el derecho a la independencia.
Se da una paradoja. Según las encuestas, nunca ha habido tantos vascos contrarios a la independencia. Y sin embargo, el País Vasco vive hoy un bipartidismo entre el PNV y Bildu cuando, en 2001, el PP era la segunda fuerza con 19 parlamentarios y en 2008 el PSE tenía 25. ¿Qué se ha hecho mal desde el constitucionalismo para que los socialistas hoy tengan 12 y el PP 7?
Es consecuencia de una cultura política pro nacionalista que ha sido alimentada desde todas las instituciones públicas controladas por los nacionalistas. Pero también, y esto es muy preocupante, por medios culturales que no son necesariamente nacionalistas, pero que han preferido adaptarse a las consignas dominantes.
No solo promueven una cultura política pro nacionalista, sino que prosiguen con la demonización de los vascos que votan a partidos de ámbito nacional.
Las encuestas también muestran que Bildu tiene un apoyo mayoritario entre los jóvenes, que está en condiciones de disputar la lehendakaritza al PNV. Y algunos sondeos también muestran que estos jóvenes no saben quién era Miguel Ángel Blanco.
¿Qué podemos esperar de una comunidad donde, en una carrera popular en favor del euskera como es la Korrika, hay participantes que llevan camisetas con el rostro de etarras y eso se permite y se considera más o menos normal?
Eso no solo es responsabilidad de los partidos nacionalistas; sino también de una izquierda de ámbito nacional, en estos momentos de un Partido Socialista, el de Pedro Sánchez, que en los últimos años ha recorrido un camino de radicalización y de pactos con el nacionalismo, pero también con Bildu, que han permitido y alentado todo esto que estamos viviendo.
Volvamos a su etapa de profesora en la UPV. Primero sufrió el atentado fallido, luego le despojaron de su cátedra, pese a ganar unas oposiciones y tener el voto de cuatro catedráticos de prestigio de Ciencias Políticas. Se la quitaron y se la dieron a Francisco Letamendia, que fue diputado de Batasuna, pese a que contaba con un solo apoyo.
Todo, tras una campaña en medios como el diario 'Gara'. En aquel momento, la directora era Mertxe Aizpurúa, que hoy se sienta en el Congreso de los Diputados.
Fui una de tantas víctimas de la limpieza ideológica que hizo el nacionalismo radical, con la indiferencia del llamado nacionalismo moderado. Esa es la limpieza ideológica que tuvo lugar en el País Vasco.
Yo fui una de las víctimas, pero hubo muchas más: bombas y persecución de ETA por un lado y cancelación por otro, porque nosotros sufrimos procesos de cancelación. De esa cancelación de la que se habla mucho ahora.
Pero al fin y al cabo, fui afortunada. Por un lado, porque falló el detonador de la bomba que me puso ETA y salí ilesa.
Por otro lado, porque pude recuperar la cátedra en los tribunales y después Madrid me acogió profesionalmente. Una comunidad y una ciudad que han sido espacio de acogida y libertad para los perseguidos en el País Vasco.
Aquella persecución, aquella cancelación, fueron terribles. Pero también me parece terrible que las víctimas de todos aquellos procesos de persecución y cancelación hoy en día, de alguna forma, sigamos negadas en el País Vasco
"Las víctimas de ETA y del nacionalismo radical somos incómodas, porque somos el recordatorio de cómo fue la historia real de persecución y cancelación"
¿Lo sigue notando a día de hoy?
En el País Vasco estamos viviendo un negacionismo de lo que pasó: borrado y negacionismo de ETA, que incluye, en buena medida, el borrado y negacionismo de las víctimas de toda aquella persecución. No sólo de las víctimas directas de sus atentados, sino también de quienes fuimos objeto de cancelación o de persecución ideológica.
Somos incómodos, porque somos el recordatorio de cómo fue la historia real de persecución y de cancelación
Se vino entonces a Madrid, a la Universidad Rey Juan Carlos, y culminó un giro ideológico que fue paulatino. ¿No se sintió arropada por los socialistas tras su atentado y otros problemas derivados de su cátedra?
Muchos socialistas me apoyaron en esa época, tanto después del atentado como por la cancelación que sufrí con la cátedra.
Lo que provocó mi alejamiento fueron las discrepancias ideológicas, cada vez más importantes y profundas. Entre ellas, mis dudas sobre la postura del socialismo en la lucha contra ETA.
He escrito y defendido que el liderazgo en la lucha contra ETA lo tuvo el Partido Popular y, muy especialmente, José María Aznar.
Edurne Uriarte, durante la entrevista con EL ESPAÑOL. Javi Julio
Ahora está a punto de salir su nuevo libro: "La batalla de las palabras para una nueva derecha" (Sekotia). ¿Tiene la izquierda el control del lenguaje?
Sí, claramente. La izquierda domina el lenguaje y, por lo tanto, domina la batalla de las ideas.
Y ese es el contenido de mi libro, que pretende desmontar la manipulación izquierdista de las palabras. Esa manipulación con la cual, por ejemplo, llama fachas y ultras a todos aquellos críticos de la izquierda. O llama reaccionaria a la derecha y revolucionaria a la izquierda, o dice que el cambio es de izquierdas y la vuelta al pasado es de derechas.
Usted habla de una nueva derecha, pero a la vez la derecha está mutando. Hay una de nueva creación de tintes populistas y más estatista, mientras que otra que se mantiene fiel a la tradición liberal. ¿Tienen que usar el mismo lenguaje?
Ahora mismo la prioridad de toda la derecha, sea cualquier rama de la derecha, es desmontar el lenguaje progresista, cuestionarlo, entrar de lleno en la batalla de las palabras y de las ideas.
Y eso lo tiene que hacer toda la derecha, sea la tendencia que sea.
Defiendo desde hace mucho tiempo que “no es la economía, estúpido”, como decía aquel asesor de Clinton, sino que “son las ideas, estúpido”. La batalla de las ideas es clave en política, es fundamental en el debate cultural.
"Es increíble que la izquierda haya conseguido imponer una superioridad moral cuando el comunismo es el totalitarismo con mayor número de víctimas"
Otro tema que le preocupa mucho son los intelectuales. Ha estudiado en diversas ocasiones su orientación, tanto a los vascos como a nivel nacional, y concluye que en su mayoría están en posiciones de izquierdas. ¿Por qué?
Porque la mayoría de universidades, centros culturales y medios de comunicación están dominados por intelectuales de izquierdas, lo que dificulta, por cierto, mucho la acción de los partidos de derechas. Porque la mayoría de medios culturales difunden ideas favorables a la izquierda.
¿Por qué? Se trata de un largo proceso histórico que ha dado lugar a la mayoría actual, en la que los nuevos se adaptan a lo existente para sobrevivir.
Históricamente, yo diría que siempre fue mucho más fácil "vender" el marxismo que vender el liberalismo y el conservadurismo. Porque el marxismo prometía el paraíso, prometía la igualdad para todos, prometía un mundo feliz para todos los ciudadanos, mientras que el liberalismo y el conservadurismo siempre fueron y son ideas e ideologías mucho más apegadas a la realidad.
De ahí el mito de la supuesta superioridad moral de la izquierda.
La izquierda, con su dominio del mundo cultural e ideológico, ha conseguido difundir la idea de que habría una superioridad moral de la izquierda. Y eso es completamente falso.
Es impresionante que lo haya conseguido imponer, teniendo en cuenta que entre los grandes totalitarismos del último siglo —nazismo, fascismo y comunismo— el comunismo ha sido el totalitarismo con mayor número de víctimas.
Se calcula que 100 millones de personas han sido víctimas de los totalitarismos comunistas. En horror, todos los totalitarismos son semejantes, pero en número de víctimas el totalitarismo comunista es el número uno . Y, sin embargo —y esto es muy llamativo—, la izquierda ha conseguido imponer la idea de la superioridad moral de la izquierda.
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