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EE UU e Irán se encaminan a un encuentro en Islamabad con más sombras que luces

EE UU e Irán se encaminan a un encuentro en Islamabad con más sombras que luces
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Witkoff y Kushner encabezan la delegación de la Casa Blanca, sin el vicepresidente JD Vance, mientras la Guardia Revolucionaria reduce a mero trámite el viaje del ministro de Exteriores persa a Pakistán

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Jared Kusnher y Steve Witkoff. Reuters EE UU e Irán se encaminan a un encuentro en Islamabad con más sombras que luces

Witkoff y Kushner encabezan la delegación de la Casa Blanca, sin el vicepresidente JD Vance, mientras la Guardia Revolucionaria reduce a mero trámite el viaje del ministro de Exteriores persa a Pakistán

Miguel Pérez

Sábado, 25 de abril 2026, 16:02 | Actualizado 16:32h.

... nuevo acercamiento de alcance desconocido. La delegación persa, con el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, a la cabeza, se encuentra en Islamabad desde el viernes y este sábado ha entregado al mariscal Asim Munir, jefe del ejército paquistaní, las condiciones para aceptar un proceso negociador y la respuesta de Teherán a las exigencias norteamericanas.

Dos interrogantes claves planean sobre esta nueva ronda de contacto. El primero es que no se sabe si las conversaciones serán directas o indirectas. Irán apuesta por este último formato y, de hecho, ha intentado rebajar la trascendencia del encuentro al precisar que la escala de Araghchi en Islamabad tiene como único objetivo depositar el pliego de condiciones en manos de los intermediarios. La intención del ministro es continuar de gira diplomática a Omán y Rusia. Su visita sería, por lo tanto, breve. Por su parte, Witkoff y Kushner viajan con el propósito de que la negociación sea directa. Cara a cara con los iraníes.

La segunda cuestión clave reside en las ausencias.

La comitiva persa parece no contar con Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, que dirigió las conversaciones bilaterales a principios de este mes, pero al que muchos en su país consideran demasiado blando para mostrar resistencia a las actitudes de Estados Unidos. Ghalibaf ha recibido severas críticas de los sectores más radicales del sistema. Los ayatolás temen mostrar una imagen de debilidad, no solo frente a los norteamericanos sino ante su propia población tras décadas de gobierno basadas en una autoridad inflexible y represora.

Por el lado de Washington también es notable el hecho de que JD Vance se ha quedado en casa, aunque el Gobierno de Trump ha señalado que el vicepresidente está preparado para viajar a Islamabad al menor síntoma de avance serio.

Los dos países debían haberse reunido este pasado martes, pero ninguno de ellos dio muestras de querer hacerlo. Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, ha dicho hace unas horas sobre la cita de este fin de semana que «esperamos que sea una conversación productiva y permita avanzar hacia un acuerdo». Según ella, fueron los iraníes quienes «se pusieron en contacto con nosotros y solicitaron esta conversación en persona», una aseveración que ha sido rechazada por Teherán. El problema es que tanto unos como otros han demostrado hasta el momento una notable capacidad de engaño aumentando la ceremonia de la confusión.

A falta de un líder

Entre los obstáculos que afronta la negociación figura la ausencia de un líder determinante en Irán que dirija el proceso. A diferencia de Jomeini y su sucesor, Ali Jamenei, el nuevo Líder Supremo es una figura difusa, que no ha aparecido en público, solo se ha comunicado mediante escritos y sufre aparentemente graves heridas que lo mantienen inhabilitado para ejercer su poder.

La decapitación sucesiva de altos cargos debido a los bombardeos de precisión de Israel y EE UU ha reemplazado además a la mayoría de los mandos del antiguo régimen de Ali Jamenei por otros extremistas o de elevado peso en la Guardia Revolucionaria. El discurso político y el control sobre el aparato militar previo al inicio de la guerra ha ido mutando al equilibrio inverso.

Así, la agencia Tasnim, alineada con la Guardia Revolucionaria Islámica, ha señalado este sábado que «básicamente no hay negociación alguna con los estadounidenses» y ha añadido que el viaje del ministro de Exteriores a Islamabad «no tiene como objetivo negociar con ellos», al contrario de lo que manifiestan EE UU y Pakistán.

Este sector defiende poner en valor la potestad de Teherán de usar el estrecho de Ormuz como un arma de aniquilación energética mundial, convencido de que, a mayor demora de las conversaciones, más prisa tendrá la Casa Blanca en hacer concesiones. No tiene en cuenta el 'factor Hegseth', el secretario de la Guerra de EE UU, que hoy ha anunciado cómo el Pentágono estudia nuevos «planes de batalla» en Ormuz para desgastar este resorte de poder iraní.

Ghalibaf y Araghchi son también objeto de una feroz campaña nacional por parte del nucleo duro de la república islámica, que les reprocha su manera de gestionar el diálogo. En los medios nacionales y en las redes lideradas por afines al sistema clerical, las únicas que funcionan, se sostiene que han concedido demasiados márgenes a sus interlocutores y cometido el error de haber aceptado desde el primer minuto que el programa nuclear persa fuera puesto sobre la mesa de negociación. El presidente, Masoud Pezeshkian, y su círculo más cercano, partidarios de actitudes flexibles, también se han visto arrinconados por ese poder intransigente respecto a un final negociado de la guerra.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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