El verdadero giro no es que Estados Unidos haya lanzado un misil nuevo en una guerra, sino que lo haya hecho desde tierra y contra Irán
2 comentariosFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-03-03T16:30:56ZMiguel Jorge
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Editor Linkedintwitter1395 publicaciones de Miguel JorgeLa imagen de un ataque de precisión estadounidense ha estado ligada a siluetas que despegan desde el mar o desde el aire. Sin embargo, en los últimos años el Ejército ha invertido miles de millones en recuperar una capacidad que parecía secundaria: golpear muy pero que muy lejos… desde tierra firme. En esa apuesta puede estar una de las mayores transformaciones del poder militar moderno.
Un debut que cambia el teatro. Estados Unidos ha estrenado en combate el denominado como Precision Strike Missile, su nuevo misil balístico táctico, dentro de la operación contra Irán.
No es una evolución menor del antiguo ATACMS, es más bien un salto de alcance y concepto. Con más de 500 kilómetros de radio (y margen para crecer hacia 650 e incluso 1.000) duplica prácticamente la profundidad de fuego terrestre disponible hasta ahora. Como en otros tantos “estrenos”, no es simbólico, es doctrinal.
En Xataka3,6 millones de personas vieron la gala los Goya. Solo una mínima parte fue a ver las películas nominadasUn misil para enterrar al Tomahawk. El PrSM vuela a velocidades superiores a Mach 3 en fase terminal, lo que le permite llegar antes y penetrar mejor en objetivos endurecidos. Frente al Tomahawk, más lento y subsónico, el nuevo sistema reduce en mucho el tiempo de reacción del enemigo y complica la interceptación.
Además, dos misiles caben en un solo pod del lanzador HIMARS, lo que significa que duplica la pegada por vehículo. Eso sí, no sustituye al Tomahawk en alcance estratégico, pero en escenarios regionales puede dejarlo en segundo plano por velocidad, supervivencia y capacidad de respuesta contra blancos sensibles al tiempo.
Una cápsula PrSM vista delante de un M142 del Ejército estadounidense durante un ejercicio en Australia. El M142 lleva cargado un cohete de 227 mm con seis proyectilesEl Golfo Pérsico como plataforma. En este punto, la geografía explica buena parte del movimiento. El Golfo tiene una anchura media de apenas 250 kilómetros, con aliados estadounidenses alineados en la orilla occidental e Irán ocupando la oriental.
Con 500 kilómetros de alcance, una batería terrestre situada en cualquier punto del lado árabe puede cubrir amplias franjas del territorio iraní sin necesidad de penetrar su espacio aéreo. Eso convierte al misil en una herramienta perfecta para apoyar una campaña aérea sin exponer cazas ni depender exclusivamente de buques.
Un lanzamiento de prueba de un PrSMLa pregunta clave: ¿desde dónde? El dato más decisivo sigue siendo desconocido. No se ha confirmado qué país del Golfo ha autorizado el uso de su suelo para lanzar estos misiles. Esa incógnita no es técnica, es más bien política.
¿La razón? Permitir que una batería terrestre estadounidense dispare contra Irán convierte automáticamente ese territorio en posible objetivo de represalia. Muchos Estados de la región han preferido históricamente apoyar discretamente a Washington mientras evitan la exposición pública. Dicho de otra forma, el lugar exacto del lanzamiento determina qué capital asume el riesgo directo.
A la caza de objetivos sensibles. Los misiles balísticos de corto alcance son especialmente eficaces contra radares, lanzaderas móviles y nodos de defensa aérea. Plus: pueden mantenerse en alerta permanente y golpear en minutos cuando surge un objetivo.
En un conflicto donde neutralizar sistemas antiaéreos es clave para sostener la superioridad aérea, el PrSM aporta una capacidad de supresión terrestre que hasta ahora dependía en gran medida de aviación y misiles navales.
Más allá de Irán. Si se quiere también el estreno del PrSM envía una señal hacia otros escenarios, especialmente el Pacífico. Su evolución prevista incluye versiones antibuque capaces de atacar objetivos en movimiento y variantes con mayor alcance que rozarán el umbral de los misiles de medio alcance.
Lo hemos contado antes. El Ejército estadounidense quiere recuperar protagonismo en la guerra de largo alcance, tradicionalmente dominada por la Fuerza Aérea y la Marina. Irán, en ese sentido, ha sido el primer banco de pruebas real.
Coste, volumen y futuro. Es el “pero” de cualquier misil balístico. Cada proyectil puede superar el millón y medio de dólares, aunque el precio ha ido bajando conforme aumenta la producción. El objetivo es alcanzar hasta 400 unidades anuales, lo que ampliará el inventario disponible y facilitará su empleo sostenido.
Con versiones futuras que podrían superar los 1.000 kilómetros de alcance, el PrSM no parece solo un sustituto del ATACMS. Es la primera piedra de una arquitectura terrestre que busca proyectar poder profundo desde tierra firme.
En 3D JuegosChrysalis: la nave espacial destinada a llevar a 1.000 humanos a miles de millones de kilómetros de distanciaLo que está en juego realmente. En resumen, el verdadero giro no es que Estados Unidos haya lanzado un misil nuevo en una guerra, sino que lo haya hecho desde tierra y contra Irán.
Si el Tomahawk ha simbolizado la guerra de precisión desde el mar, el PrSM apunta a representar la vuelta del misil balístico táctico como instrumento flexible de presión regional. Y mientras no se sepa con certeza desde qué suelo aliado está despegando, la dimensión política de ese lanzamiento seguirá siendo tan relevante como la técnica.
Imagen | CENTCOM, Australian Army, U.S. Army