La investigación, realizada por especialistas de la Universidad de Leiden y el Oxford Martin School, muestra que los impactos asociados al consumo y las inversiones de este grupo rebasan de forma consistente las brechas de financiamiento internacional necesarias para cumplir los objetivos climáticos y de biodiversidad hacia 2030.
El estudio advierte que, incluso en escenarios conservadores, el costo económico del daño ambiental asociado al 10% más rico supera la capacidad global de respuesta financiera destinada a la acción climática y la conservación de la naturaleza.
Para calcular las estimaciones, el equipo encargado de la investigación utilizó un enfoque de valoración económica que traduce en términos monetarios la transgresión de límites planetarios, especialmente en cambio climático y pérdida de biodiversidad, y calculó la contribución de distintos grupos de ingresos al impacto total.
El patrón evidenciado por el estudio muestra la estructura global de consumo e inversión, en la que los niveles de ingreso determinan de manera directa la magnitud del impacto ambiental.
Del total de daños estimados, entre 47% y 56% está relacionado con la pérdida de biodiversidad, mientras que entre 36% y 45% corresponde al cambio climático. La investigación señala que estos resultados refuerzan la necesidad de diseñar políticas que integren ambos problemas de forma simultánea, ya que están profundamente interconectados en sus causas y efectos.
crisis medioambiental.Ana Hernández, planificadora en Biodiversidad y Recursos Naturales de la Fundación para la Investigación del Clima, subraya que el trabajo es metodológicamente sólido y con datos verificables, pero que su alcance se queda en el diagnóstico.
“quien contamina paga” y advierte que, en la práctica, “los que tienen dinero terminan pagando para poder seguir contaminando”. Ante esto, propone mecanismos fiscales más estrictos, como impuestos basados en patrimonio o volumen de facturación.El estudio concluye que existe una concentración significativa de los daños ambientales en los sectores de mayores ingresos y que estos costos superan varias de las brechas de financiamiento internacional destinadas a enfrentar la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.
La investigación abre un debate sobre la distribución de responsabilidades en la transición hacia la sostenibilidad y sobre la necesidad de alinear el financiamiento global con el costo real de los impactos ambientales generados por el consumo y las inversiones de los grupos más ricos del planeta.