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El 4 de julio más aciago para Trump en la Casa Blanca: sin acuerdo con Irán, con la capital en obras y los sondeos en contra

El 4 de julio más aciago para Trump en la Casa Blanca: sin acuerdo con Irán, con la capital en obras y los sondeos en contra
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EEUU cumple 250 años sin fiarse de sí mismo: el orgullo nacional toca mínimos, la Guardia Nacional patrulla el National Mall y el pacto nuclear que Trump prometió sigue sin cerrarse. Más información: Trump 'despluma' a sus fans: les vendió a 75$ una criptomoneda que ahora vale 0,02$ y les cobró 635 millones en comisiones

Donald Trump señala hacia el nuevo Air Force One, regalado por Qatar, antes de embarcar, en la Base Conjunta Andrews. Evan Vucci Reuters

EEUU El 4 de julio más aciago para Trump en la Casa Blanca: sin acuerdo con Irán, con la capital en obras y los sondeos en contra

EEUU cumple 250 años sin fiarse de sí mismo: el orgullo nacional toca mínimos, la Guardia Nacional patrulla el National Mall y el pacto nuclear que Trump prometió sigue sin cerrarse.

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Publicada 4 julio 2026 03:07h Las claves

Las claves Generado con IA

Washington D. C. está preparada para el mayor evento de su historia reciente. El eje es el llamado Salute to America 250, una jornada completa en la explanada del Monumento a George Washington —con desfile, vuelos militares, acrobacias aéreas sobre la ciudad y unos fuegos artificiales que la organización —la sociedad público-privada Freedom 250, creada por el propio Trump— promete como los más espectaculares de la historia.

Se espera más de un millón de asistentes y un discurso presidencial de cierre. Alrededor, la gran Feria Estatal Americana que recorre desde el 25 de junio el Mall del Capitolio hasta llegar al obelisco ha sido declarada por primera vez "acontecimiento especial de seguridad nacional".

Para la ocasión, se han desplegado cinco mil efectivos de la Guardia Nacional y el aeropuerto Reagan quedará cerrado desde el mediodía del día 4 hasta la jornada siguiente. El presidente lo ha vendido, sin complejos, como "el mitin más espectacular que se recuerde".

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El problema es que la escenografía se cae a pedazos, y a veces literalmente. La feria estatal, pensada como gran escaparate patriótico, ha exhibido gradas semivacías, estados que declinaron participar alegando coste y política, y fachadas que resultaron ser lonas de vinilo grapadas sobre madera contrachapada.

La maqueta a escala del arco triunfal que preside el recinto se deformó con el calor y se convirtió en carne de mofa en las redes. A ello se suma la cancelación de conciertos por motivos de seguridad e incluso se ha prohibido la presencia de una vaca de exhibición llamada Melania.

La celebración, en suma, ha ido tropezando con todo tipo de obstáculos antes incluso de encenderse la primera traca.

Mención aparte, como decíamos, merece el arco. Trump quiere levantar junto al cementerio de Arlington un arco de triunfo de 76 metros inspirado en el de París —casi treinta veces más alto que el original y llamado a ser el tercer edificio más alto del Mall—, con un coste estimado que ronda o supera los cien millones de dólares.

La Comisión de Bellas Artes, que él mismo ha designado, aprobó el diseño; los demócratas han presentado una proposición para bloquearlo y un grupo de veteranos y un historiador lo han llevado a los tribunales, aunque la jueza Tanya Chutkan declinó paralizarlo.

Preguntado a quién homenajea el monumento, el presidente respondió sin rodeos: "A mí". Los críticos lo comparan con los arcos de Corea del Norte y Turkmenistán.

El peor momento desde la II GM

La magnitud del aniversario contrasta con una realidad incómoda: desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la posición estadounidense en el mundo no había sido tan endeble.

La última gran encuesta del Pew Research Center, con más de 42.000 entrevistas en 36 países, arroja un 23% de confianza en Trump y un 57% de opinión desfavorable hacia Estados Unidos como país.

Donald Trump baja de un tren ceremonial tras llegar para la inauguración de la Biblioteca Presidencial Theodore Roosevelt en Medora, Dakota del Norte. Evan Vucci Reuters

Lo más revelador es el desplome de confianza entre los propios aliados: desde 2022, en Canadá pasa del 83% al 35%, en Alemania del 83% al 39%, en Francia del 62% al 27% y en el Reino Unido del 82% al 49%.

La etiqueta de "socio fiable" ha dejado de asociarse a Washington en buena parte de Occidente. El 74% desaprueba, además, su gestión de Irán, y en países como España o Suecia la valoración del país toca fondo; Obama cosechaba en esas mismas naciones cifras muy superiores.

El dato que mejor resume el momento es la comparación con otros líderes: Trump inspira menos confianza internacional que Emmanuel Macron, que Volodímir Zelenski, que Xi Jinping e incluso que Vladímir Putin; sólo Benjamin Netanyahu queda por debajo.

En Alemania, el 16% que confía en el estadounidense es estadísticamente idéntico al 15% que confía en el líder ruso. Y un 63% de los encuestados considera que Estados Unidos no contribuye a la paz y la estabilidad globales.

No es sólo antipatía: es la percepción de un país en el que ya no conviene delegar la seguridad propia.

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Sobre ese fondo, los tres grandes tableros dibujan un cuadro de erosión. China observa impertérrita —Xi cosecha más confianza global que el propio Trump— sin alterar su hoja de ruta. Los socios árabes del Golfo, castigados por los misiles iraníes durante la guerra, negocian ahora con Teherán de tú a tú mientras este reclama peajes en Ormuz.

El secretario de Estado, Marco Rubio, ha tenido que peregrinar por Emiratos, Kuwait y Baréin para recomponer la relación, y Rusia aparece en la arquitectura de paz que impulsa la Administración Trump más como socio a rehabilitar —regreso al G8, alivio de sanciones, proyectos conjuntos— que como adversario a batir.

Un giro que a numerosos aliados y a buena parte del propio Partido Republicano les resulta indigerible.

La amenaza incumplida

El caso iraní es el ejemplo más reciente de esta decadencia imperial. Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero y mataron al líder supremo, Alí Jamenei; Teherán respondió cerrando el estrecho de Ormuz y golpeando bases y países del Golfo.

Tras el alto el fuego de abril y el bloqueo naval, Trump firmó en junio, en el mismísimo Versalles, un memorando de catorce puntos que reabría el estrecho y contemplaba una ventana de sesenta días para acordar lo esencial.

Sin embargo, "lo esencial" —el programa nuclear— sigue sin resolverse. El mismo presidente que en marzo exigió por escrito una "rendición incondicional" ha terminado suscribiendo un marco que buena parte de los republicanos, y el propio Israel, consideran que no mejora el pacto de 2015 que él mismo rompió.

El Pentágono, entretanto, ha pedido al Congreso unos 80.000 millones de dólares para costear una guerra que desde luego no ha perdido… pero que tampoco ha logrado ganar.

Donald Trump baja de un tren ceremonial tras llegar para la inauguración de la Biblioteca Presidencial Theodore Roosevelt en Medora, Dakota del Norte. Evan Vucci Reuters

Y ahí está el nervio del asunto: un gran imperio no puede amenazar sin cumplir después. Irán ha ignorado ultimátums, se ha negado a entregar su uranio enriquecido y rechaza a la OIEA como árbitro, de modo que ningún acuerdo resulta verificable.

Rusia se ha ofrecido a custodiar ese material y parte de los fondos descongelados irá, en una fórmula insólita, a comprar alimentos a los agricultores estadounidenses.

A cambio, Irán ha arrancado un respiro para Hezbolá, ha conseguido un alivio de las sanciones previas al conflicto, tiene un plan de reconstrucción sobre la mesa y, sobre todo, una nueva ventaja: la capacidad de fijar peajes en una de las arterias energéticas del planeta.

El régimen de los ayatolás ha sobrevivido a la guerra y ha puesto en evidencia, de paso, hasta dónde llega —y hasta dónde no— el músculo estadounidense.

Dos familias visitan la Gran Feria Estatal Estadounidense, en el National Mall de Washington. Daniel Heuer Reuters

La factura la está pagando Trump en las encuestas. Su aprobación marca mínimos de sus dos mandatos: un 34% en el sondeo de YouGov/The Economist, un 36% en el de Marist y una media neta de −17,8 puntos que, según el agregador de Nate Silver, es peor que la de Joe Biden en el mismo punto de su presidencia y que la del propio Trump en su primer término.

El deterioro, coinciden los analistas, obedece sobre todo a la inflación disparada por los aranceles y al fantasma de la estanflación. El termómetro más simbólico lo aporta Gallup justo antes del aniversario: solo el 58% de los estadounidenses se declara muy orgulloso de serlo —mínimo en 25 años— y apenas un 33% se dice "extremadamente orgulloso".

La capital, hecha una ruina

A esa imagen de decadencia se suma el estado de la propia Washington. Desde agosto de 2025, la Guardia Nacional patrulla la ciudad tras la intervención federal de la policía local: unos 2.600 efectivos que se duplicarán hasta 5.000 en el "refuerzo de verano" ligado al 250 aniversario.

Un estudio del Niskanen Center concluye que el despliegue redujo los delitos menores un 24% pero no tuvo efecto sobre los más violentos. El coste del operativo, 332 millones entre agosto y febrero y más de 600 en lo que va de 2026, casi iguala el presupuesto anual de la policía capitalina.

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El decorado urbano tampoco acompaña. El Ala Este de la Casa Blanca fue demolida en octubre para levantar un salón de baile cuyo coste ha escalado de 400 millones de dólares a 1.000, merced a los blindajes de seguridad. Los escombros, con metales tóxicos, acabaron vertidos en un campo de golf público.

El estanque reflectante del Mall, que Trump ordenó pintar de "azul como la bandera americana", se cubrió de algas verdes y hoy está vallado. Y el césped histórico del Rose Garden fue sustituido por un patio pavimentado. La ciudad que el presidente prometió dejar reluciente amanecerá este sábado llena de grúas, excavaciones y lavabos portátiles.

El propio 4 de julio corona la estampa. Una cúpula de calor extrema —con máximas previstas de hasta 41 grados— ha obligado a retrasar la entrada al Mall hasta las cinco de la tarde; el discurso de Trump queda para las 21:45 y los fuegos, para las 22:30.

La feria estatal ha tenido que cerrar temporalmente por el calor, Filadelfia ha cancelado su desfile, Boston ha retrasado cuatro horas su acceso y varias ciudades de Colorado han suspendido sus fuegos por riesgo de incendio; el récord de calor de un 4 de julio en Washington, de 1919, podría caer hoy.

Mientras tanto, la Casa Blanca admite en privado su temor a una afluencia escasa. El país sopla 250 velas bajo un sol de justicia, con la capital vallada, el orgullo nacional por los suelos y un presidente empeñado en pronunciar, pese a todo, "un discurso muy largo".

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