Las afirmaciones evaluadas incluían bulos conspirativos populares en internet. El 70% de las personas consideró verdadera al menos una de ellas, y el 29% cree tres o más. Las sentencias fueron las siguientes:
- "Las vacunas se están utilizando como un medio de control de la población".
- "Tomar paracetamol (también conocido como Tylenol, Panadol o acetaminofén) durante el embarazo puede provocar que su hijo nazca con autismo"
- "Los riesgos asociados con las vacunas infantiles superan con creces los beneficios potenciales"
- "Poner fluoruro en el agua potable no tiene beneficios para la salud y puede ser peligroso"
- "La proteína animal es más saludable que la proteína de origen vegetal"
- "La leche cruda es más saludable para usted que la leche pasteurizada".
Al mismo tiempo, el informe documenta una caída sostenida en la confianza hacia instituciones de salud, autoridades gubernamentales y medios tradicionales desde la pandemia de Covid‑19. En ese vacío, las fuentes no institucionales ganan terreno, incluso cuando ofrecen información contradictoria o sin evidencia.
El reporte concluye con una recomendación para instituciones y profesionales de la salud: la estrategia más efectiva para contrarrestar la desinformación no es imponer hechos científicos, sino reconstruir confianza. Esto implica entender las condiciones de vida, preocupaciones y fuentes de información de las personas, y actuar como guías más que como autoridades incuestionables.
“Las personas están abiertas a recibir nuevas recomendaciones sobre temas de salud cuando provienen de voces en las que confían. Es necesario aumentar la frecuencia del mensaje y igualar la cantidad de puntos de contacto desde los cuales consumidores y pacientes están recibiendo información”, dice el reporte.