- IGNACIO DE LA TORRE
El autor sostiene que tras Venezuela, inversores y directivos tendrán que recapacitarán sobre el nuevo orden en la toma de decisiones.
Oswald Spengler predijo que el siglo XXI vería el auge de "dirigentes fuertes" en Occidente algo que, para él, sería una manifestación del declive de nuestra civilización, declive que preconizó en 1918. La reciente captura de Nicolás Maduro por miembros de la fuerza Delta de los EEUU bajo mandato presidencial y con serias dudas sobre su legalidad vuelve a poner sobre la mesa el ascenso de la incertidumbre geopolítica en un mundo sin las reglas con las que se ha regido desde el final de la segunda guerra mundial.
La doctrina de seguridad de los EEUU, recientemente actualizada, define al continente americano ("hemisferio occidental" en su jerga) como de interés estratégico para los EEUU, actualizando así la famosa doctrina Monroe del siglo XIX que buscaba eliminar la influencia europea en los países americanos. En este caso, persigue el mismo objetivo, pero esta vez eliminando o limitando al máximo la influencia de China y de Rusia.Venezuela afirma tener las mayores reservas mundiales de petróleo (unos 300.000 millones de barriles) y, sin embargo, su producción de menos de un millón de barriles al día no llega a un 1% de la extracción mundial, frente al 15% que llegó a tener en la década de los 90. Una vigésima parte de su exportación se canaliza hacia China, que necesita el petróleo pesado venezolano para producir elementos como el asfalto. Otra, hacia Cuba, que recibe energía por debajo del precio de mercado a cambio del "apoyo" recibido por el servicio de inteligencia y de seguridad cubano, apoyo que no ha resultado excesivamente eficaz a la vista de los hechos. El potencial control de las reservas venezolanas permitirá a los EEUU estrangular económicamente a Cuba y limitar petro-chantajes de otros actores geopolíticos.
Si las tres invasiones rusas de Ucrania volvieron a poner a la geopolítica entre las prioridades del mundo de la economía y de los mercados, el reciente cambio de cúpula en Venezuela nos recordará que 2026 seguirá siendo un año en el que inversores y directivos tendrán que recapacitar sobre el papel que este nuevo orden geopolítico desempeñará en la toma de decisiones.
Bjorn Beam, analista geopolítico de Arcano Research y ex oficial de la CIA publicó hace un mes un informe alertando sobre cómo la interacción de capacidades de inteligencia y el bloqueo naval podían permitir una acción relámpago de los EEUU que propiciara un cambio del liderazgo de Maduro, sin necesidad de llegar a una guerra abierta, para de esta forma limitar la influencia de Rusia y China en Venezuela. Con todo, Venezuela puede ser solo el primer acto.
La principal incógnita reside en la interpretación que Pekín realizará de la captura de Maduro. Por un lado, reivindicar un mundo de "esferas de influencia" en el que las normas internacionales no se respetan podría alimentar posiciones más hostiles hacia Taiwán. Por otro, la audacia mostrada en Caracas aumenta la "ambigüedad estratégica" política de indefinición sobre una eventual respuesta norteamericana ante un ataque chino a Taiwán, país en el que se concentran más de dos terceras partes de la producción de chips de alta calidad (menos de 10 nanómetros) empleados en aplicaciones críticas. Tal es la importancia geoestratégica de Taiwán (aparte de los semis, el control de Taiwán proporcionaría bases navales de agua profunda sobre los que proyectar poder marítimo sobre el Pacífico) que la recientemente nombrada primera ministra de Japón, Takaichi, afirmó en su discurso de investidura que, de producirse un ataque chino en Taiwán, Japón tendría que enviar tropas para defender dicha isla, provocando un importante incidente diplomático con China.
Por otro lado, Putin estará tomando nota de las implicaciones que el golpe supone para Rusia. La inteligencia rusa y la china han fracasado a la hora de proteger a Maduro. Con el control de las reservas venezolanas, la capacidad de Rusia para ejercer poder geopolítico mediante el precio del petróleo se limita. Algo parecido puede decirse sobre el cuestionado régimen de Irán, con menor margen para amenazar con un posible cierre del estrecho de Ormuz, y sobre sus proxis chiíes del mar rojo, los hutíes que operan en Yemen y que han declarado hace poco abierta la ruta de Suez, lo que puede generar importantes alteraciones en las cadenas de suministros y en los niveles de inventario de las empresas.
Los indicadores de riesgo geopolítico se sitúan en niveles muy elevados. Algo parecido ocurre con los indicadores de riesgo económico. Taylor escribió una vez que lo único que el ser humano aprende de los errores del pasado es a cometer nuevos errores. En unos meses observaremos si nuestra madurez geopolítica nos ha permitido limitar los pasados errores.
Ignacio de la Torre. Economista Jefe - Arcano
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