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El alto absentismo es una lacra y reducir el debate a un tema semántico es propio de irresponsables.
El crecimiento del absentismo que sufre España es un cáncer, lo diga quien lo diga y entendida esta expresión, tal como la recoge la RAE, como la proliferación en el seno de un grupo social de situaciones o hechos destructivos.
Mantener niveles inexplicables de absentismo destroza la productividad del país, crea agravios entre los trabajadores, deteriora los servicios públicos, malgasta los recursos y destroza cualquier ética del trabajo. Y derivar la discusión a la semántica solo es la excusa de un mal gobernante.
Es un cáncer como el fascismo, el populismo o el fentanilo en la calle. Dicho esto, todo el mundo que no sea parte del problema debería estar de acuerdo para minimizar esta lacra que le cuesta a las empresas y a las arcas públicas alrededor de 35.000 millones cada año.
Los datos son demasiado hirientes como para ignorarlos. En 2019 había en España 35.000 trabajadores con procesos de absentismo superiores a un año. Hoy esa cifra se ha multiplicado por 4,5 hasta los 155.000 trabajadores. Al cierre de 2025 se destinaron 18.413 millones a incapacidad temporal, un 55% más que en 2020 y tres veces más que hace una década.
Hay quien defiende que el absentismo está ligado a la precariedad en el trabajo y a los peores salarios. Sin embargo hay datos que desautorizan esta teoría. Por ejemplo, el salario en el sector público es hoy de media más alto que en el sector privado, pero en el sector público el absentismo es un 26% superior al del sector privado, con bajas más largas y hasta uno de cada cuatro trabajadores ausentes sin justificación. Por tanto, el salario no es lo determinante.
El absentismo tiene algo de voluntarismo como lo demuestra el hecho de que las bajas entre los asalariados sean 4,5 veces más que entre los trabajadores autónomos. Siendo ingenuos podríamos decir aquello de si quieres tener mejor salud monta tu propia empresa, pero sabemos que es mentira.
En los últimos siete años las bajas entre los autónomos se han reducido mientras que entre los asalariados se han duplicado, y eso que la edad media del autónomo es superior a la del asalariado. Esto desmontaría también en parte la idea de que el alto absentismo está ligado al envejecimiento de la población. Están los que justifican los altos índices de absentismo con el argumento de que en España se hacen numerosas horas extraordinarias sin remunerar. Podría tener alguna explicación si el que pasa de ir a trabajar sin justificación o abusa de la laxitud del sistema fuera el mismo que luego hace horas extraordinarias que no se pagan, pero no es el caso. Muchas veces el segundo suele acabar asumiendo el trabajo que no hace el primero. Una doble injusticia.
Están los que dicen que el absentismo es fruto de la privatización de la sanidad pública. Sigo sin saber dónde se ha privatizado la sanidad pública en este país, pero en cualquier caso resulta que el mayor nivel de absentismo en España se da precisamente en Euskadi, donde las ratios dicen que existe la mejor sanidad de España. ¿Está el PNV con el apoyo del PSOE privatizando la sanidad en Euskadi? No me consta.
Hay quien asegura que lo que explica el alto absentismo es la no inversión por parte de las empresas en riesgos psicosociales. Eso tendría algún sentido si hace una década, cuando este problema no tenía la dimensión que ha alcanzado ahora, la inversión en esa disciplina fuera mayor que ahora, cosa que no sucede. Generalmente quienes recomiendan invertir en riesgos psicosociales son los mismos que venden ese mismo servicio, por aquello de que, como rezaba la canción de Cucharada, "usted necesita lo que no necesita si nosotros necesitamos vender".
Aquí hay un inmenso desconocimiento de lo que es la realidad empresarial de este país, donde el 99,9% de las empresas son pymes, y de estas más del 95% son micropymes, lo que supone que no están pensando en los riesgos psicosociales. Hay una tendencia perversa a identificar a los reyes del absentismo con la clase trabajadora, aunque realmente no tengan nada que ver. Es colar gato por liebre para adulterar el debate público.
Iñaki Garay. Director adjunto de Expansión
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